El guardia no supo decirnos nada, simplemente se desmayó y fue llevado a una de las habitaciones para ser atendido. Mientras tanto, Annabelle y yo partimos a nuestra luna de miel, ya que visitaríamos a reyes de otro país y eso era algo bueno para crear alianzas entre naciones. Bastantes guardias nos acompañaban y el rey esperaba que esta ocasión la usáramos para tener un heredero, cosa que demostraba que el tema iba a empezar.
—¿Qué
vamos a hacer respecto al heredero? —preguntó mi ahora esposa y yo no supe que
contestarle, la verdad es que las cosas se estaban saliendo de control.
—Simplemente
digamos que todo fue bien y que es cuestión de esperar. Hablemos con la reina y
que ella busque una solución —contesté, ella se rió y yo simplemente di vuelta
la pagina.
—¿Qué
ella busque una solución? —siguió preguntando, a mi ya me estaba molestando
eso.
—Si,
ella fue quien ideo todo esto. Que ella busque la solución, no quiero saber
nada de tomar decisiones hasta que sea rey —dije sin más y hasta ahí quedó la
conversación.
Nos
tomó bastante tiempo llegar al destino. Primero viajamos en la limusina, luego
tomamos un avión y después desde el aeropuerto, otra limusina vino a recogernos
y nos dejó en nuestro hotel. Si bien visitaríamos a los reyes, preferimos
quedarnos en un hotel para mayor privacidad. Al tratarse de nuestra luna de
miel lo aceptaron, pero la verdad es que había muchas cosas más ocultas en ese
viaje.
Las
playas en este lugar lucían hermosas, era una pena que no pudiera visitarlas.
Adoro el mar desde pequeña, recuerdo que hacía surf en mi tiempo libre y amaba
pasar tiempo en las olas con mis amigos. Luego mis padres murieron y
simplemente dejé ese pasatiempo, pero me gustaría volver a intentarlo algún
día. Pero se que va a ser imposible, ahora estoy totalmente condenada.
—Quiero
visitar esas playas —dijo de repente Anni.
—Ve
cuando quieras —dije yo también y ella comenzó a moverse inquieta y me tomó la
mano.
—Vayamos
juntos alteza —comenzó a decir muy alterada, pero claramente era algo que no
podía hacer.
—No
puedo Anni y lo sabes —contesté yo y ella bajo la mirada triste— Bueno, podemos
encontrar alguna manera —dije cediendo al final y de repente sonrió alegremente
y me sentí mejor.
Llegamos
al hotel y nos tocó instalarnos. La verdad es que no hicimos mucho luego de
eso, nos acostamos a dormir porque estábamos agotados y en la noche tenemos un
evento con el rey Andrew. Anni se durmió de inmediato y a mi me tomó más tiempo
que a ella, pero fue bastante fácil entrar en ese sueño reparador, cuando ella
me comenzó a abrazar de repente. Desde que ella sabe mi identidad, digamos que
todo se ha vuelto más sencillo y casi no batallo con nada referente a eso. Me siento
más en calma ahora y eso me da la esperanza de que no todo es tan malo.
Al
llegar la noche me desperté y por la oscuridad acabé tropezándome. Pude ver a
la distancia una luz y tardé un poco en darme cuenta que era la luz del baño y
que mi esposa se estaba bañando. Entré y ella me saludo, por lo que decidí
bañarme yo también y terminar más rápido. Ella se puso un vestido de gala rojo
y yo un traje n***o formal, la idea era destacar y ella más que nada debía dar
una fuerte impresión, por ser más que nada la futura cara del país.
Todo
fue bastante casual, nos recogió la limusina y nos dejaron entrar todo normal.
La entrada fue increíble. Ambos pasamos por el pasillo y ella fue tomada de mi
brazo, literalmente todas las personas de ese lugar, la miraron con admiración
y yo no pude sentirme más orgulloso de ella. Claramente fue la mejor elección a
esposa y cara del país. Es hermosa, comprensiva y cero prejuiciosa, es la mujer
perfecta.
—Bienvenido
príncipe Bruno y… —dijo el rey Andrew, pero se quedó en pausa al ver a mi
esposa.
—Princesa
Annabelle —dijo ella y el la vio con admiración.
—Bienvenido
príncipe Bruno y su hermosa esposa, la princesa Annabelle. Estoy totalmente
encantado de conocerlos, ella es mi esposa —dijo el presentando a su mujer, la
reina Sofía era la mujer más bella del país según nos han dicho.
—La
reina Sofía —dijo ella y tomó la mano de Anni— Que belleza de mujer, ven
conmigo querida —siguió diciendo y se la llevó, se veía nerviosa, pero le guiñé
un ojo para que vea que confió en ella.
—Tienes
una esposa encantadora —dijo el rey y yo le sonreí.
—La
reina Sofía también es encantadora y querida por todos aquí —dije yo también y
el me correspondió la sonrisa.
—Sofía
hace mucho por el reino, todos la aman, eso es claro —siguió diciendo y yo no
dejé de sonreír en ningún momento. Es claro que el rey no le da mucho crédito a
su esposa y no se esfuerza mucho por dárselo— Por cierto, tu esposa tiene un
nombre extraño —dijo de repente y yo me reí.
—No es
originaria de nuestro país, por eso tiene un nombre diferente. Pero yo creo que
es lo que la hace más perfecta, tiene una gran cultura y se esfuerza cada día
por adaptarse al país que pronto reinara. No existe una mujer mejor que ella
para ser mi esposa y la madre del país —terminé mi explicación y me despedí de
el, ya estaba agobiado por sus preguntas.
Acepté
un champagne que estaban sirviendo y me dediqué a observar a todas las parejas
bailar y a la distancia estaba Annabelle, rodeada de un montón de mujeres
bebiendo y riendo. El verla me demostró que claramente es la persona indicada
para esta fiesta, ella está en su entorno. No es como Helen, no es una
pueblerina que desentonaría con la nobleza. Ella es una digna jovencita
encantadora, que queda perfectamente mezclada entre el resto de los nobles.