Me quedé durante bastante tiempo sostenido sobre ella, hasta que reaccioné y me senté enfrente, sin salir de la ducha. En ese momento notamos las miradas desde la puerta y les pedí a todas que se fueran y nos dejaran solos. Las sirvientas cuchicheando se fueron y yo simplemente observé a Annabelle con algo de miedo, no sabía que decirle ante toda está situación.
—Eres
una chica —dijo ella muy segura y supe que no tenía nada que explicarle, ella
ya lo sabía.
—Si,
soy una chica —dije yo también, no tenía intenciones de negar lo evidente.
—No lo
entiendo, las mujeres también pueden ser reinas. ¿Por qué mentir de está
manera? —preguntó ella confundida y yo solo quería encontrar la manera más
sencilla de decirle la verdad.
—La
verdad es que no soy hija de la realeza y soy originalmente huérfana, vengo de
un orfanato. Mi gemelo fue adoptado por la realeza y el es el verdadero
príncipe, pero fue asesinado hace menos de una semana y yo no tuve más opción
que ocupar su lugar —le expliqué toda la situación y ella asintió con la
cabeza.
—¿La
reina lo sabe? —volvió a preguntar y yo asentí.
—La
reina me fue a buscar, yo estaba bien en mi ciudad —dije sin más y me dediqué a
observar su rostro.
La
charla continuó de esa manera, le expliqué todos los detalles y como terminamos
en esa situación. Ella simplemente me escuchó con los oídos bien abiertos e
intenté dejar las cosas de esa manera. Quise irme de la tina, pero ella me
sujetó el brazo y comenzó a desprenderme la camisa. Ella observó con cuidado mi
pecho y sacó las vendas lentamente, mientras observaba mi piel llena de
moretones.
—Esto
debe doler —dijo ella de repente y yo observé su rostro confundido.
—¿Qué
haces? —mi pregunta le llamó la atención, pude verlo por la forma en la que me
miró.
—Solo
quería ver que no te hubieras hecho mucho daño —dijo tranquila, pero mi rostro
confundido la hizo explayarse más— La verdad es que no me importa, no me
molesta en absoluto que seas mujer y aún así quiero casarme contigo. Va a ser
un poco difícil la cosa cuando comiencen a pedirnos herederos, pero lo
solucionaremos juntos. Por lo pronto, quiero que sepas que estando conmigo
puedes ser tu misma y compartir tu carga conmigo, hagamos un buen trabajo
juntas —su monologo fue algo largo, pero su manera dulce de expresarse me hizo
sentir bien y finalmente pude suspirar de alivio.
—Gracias,
muñeca diabólica —dije lo último remarcándolo y ella comenzó a reírse.
—Esta
bien… —se quedó de repente en silencio, creo que no supo como llamarme.
—Llámame
Bruno, aunque mi verdadero nombre es Helen —contesté a su duda mental y ella me
sonrió.
Luego
de eso, hice lo que creí que no podría hacer, me bañé con ella. Está vez sin
ninguna preocupación, ya no tenía miedo y me sentía mucho mejor. Esa noche
también la pasé en su habitación, creí que era una buena forma de alimentar
nuestra unión de pareja, disminuir los rumores y esas cosas horribles que dicen
de ella. De todas maneras, esto no es el siglo quince, ahora tranquilamente
podemos estar juntos sin estar casados. No hay tal requisito de matrimonio como
era antes.
Los
días luego de esto trascurrieron normal, mientras tanto la boda estaba siendo
planeada. El hermoso vestido de novia que tenían en mente para Annabelle, la
verdad si me hizo suspirar. Por un momento, me imaginé a mi misma usándolo y
admito que fue un momento imposible de olvidar. Realmente anhelaba la idea de
poder vestir así, pero en lugar de eso, simplemente me tuve que preocupar por
medirme y que el traje fuera a la medida correcta.
Aunque
tuvimos que tomar ciertas medidas y la reina hizo algo, que no entendí porque
lo hizo en ese momento y no antes. Me trajo un binder, que es una especie de
sostén o top de gimnasia, depende de lo que uses. Que se ajusta a la
perfección, para achatar el pecho femenino y ser más disimulado que las vendas,
lo usan normalmente mujeres con mucho busto, chicos trans y personas con
disforia respecto a su pecho.
El
traje era algo ajustado y con ese binder debajo, era más fácil pasar
desapercibido el hecho de que oculto algo y las vendas se notaban por sobre la
camisa, no se porque realmente, pero pasaba. Annabelle parecía notoriamente
contenta con su vestido y cada vez que nos veíamos, no paraba de hablar de el y
contaba lo feliz que estaba de que la boda se estuviera acercando.
Me
hacía bastante feliz eso, ver que ella se estaba olvidando de lo que soy y se
estaba centrando en una boda que ni era real, ya que el verdadero dueño de está
identidad estaba muerto. No me preocupe tanto por eso y continué buscando al
topo dentro de mi armada. Luego de la boda, solo faltarían tres años y podría
convertirme en rey. Para ese momento tenía que tener la verdad y el traidor
asesino, debía estar tras las rejas, no había opción.
Pero
todos los problemas se me olvidaron en ese momento. En el momento en que vi a
mi futura esposa, entrar vestida de blanco y llena de alegría. Yo simplemente
la esperé ahí y me olvidé por completo de que soy una mujer hetero y me permití
disfrutar de ese momento, que me estaba regalando la identidad masculina de mi
hermano. No importa mis sentimientos, solo importa el hecho de que es una boda
y una boda siempre será algo especial.
Los
votos pasaron rápido y no faltó mucho para que todo eso hubiera acabado. Pero
cuando se estaba acercando el momento de la luna de miel, algo pasó y el mundo
se detuvo por completo. Uno de mis guardias, el más fiel a mi cabe aclarar,
entró corriendo y llenó de sangre de la cabeza hasta los pies. Corrí en su
auxilio y lo abracé entre mis brazos, el no paraba de vomitar sangre y parecía
a punto de morir. El doctor real vino de inmediato y mientras lo atendían, dijo
algo que me dejó en pie.
—Alteza,
tenga cuidado —dijo el hombre moribundo.
—¿Cuidado
de que? —pregunté yo, quería una respuesta clara y el se quedó en total
silencio.