Capítulo 4

1093 Palabras
Me quedé durante bastante tiempo sostenido sobre ella, hasta que reaccioné y me senté enfrente, sin salir de la ducha. En ese momento notamos las miradas desde la puerta y les pedí a todas que se fueran y nos dejaran solos. Las sirvientas cuchicheando se fueron y yo simplemente observé a Annabelle con algo de miedo, no sabía que decirle ante toda está situación. —Eres una chica —dijo ella muy segura y supe que no tenía nada que explicarle, ella ya lo sabía. —Si, soy una chica —dije yo también, no tenía intenciones de negar lo evidente. —No lo entiendo, las mujeres también pueden ser reinas. ¿Por qué mentir de está manera? —preguntó ella confundida y yo solo quería encontrar la manera más sencilla de decirle la verdad. —La verdad es que no soy hija de la realeza y soy originalmente huérfana, vengo de un orfanato. Mi gemelo fue adoptado por la realeza y el es el verdadero príncipe, pero fue asesinado hace menos de una semana y yo no tuve más opción que ocupar su lugar —le expliqué toda la situación y ella asintió con la cabeza. —¿La reina lo sabe? —volvió a preguntar y yo asentí. —La reina me fue a buscar, yo estaba bien en mi ciudad —dije sin más y me dediqué a observar su rostro. La charla continuó de esa manera, le expliqué todos los detalles y como terminamos en esa situación. Ella simplemente me escuchó con los oídos bien abiertos e intenté dejar las cosas de esa manera. Quise irme de la tina, pero ella me sujetó el brazo y comenzó a desprenderme la camisa. Ella observó con cuidado mi pecho y sacó las vendas lentamente, mientras observaba mi piel llena de moretones. —Esto debe doler —dijo ella de repente y yo observé su rostro confundido. —¿Qué haces? —mi pregunta le llamó la atención, pude verlo por la forma en la que me miró. —Solo quería ver que no te hubieras hecho mucho daño —dijo tranquila, pero mi rostro confundido la hizo explayarse más— La verdad es que no me importa, no me molesta en absoluto que seas mujer y aún así quiero casarme contigo. Va a ser un poco difícil la cosa cuando comiencen a pedirnos herederos, pero lo solucionaremos juntos. Por lo pronto, quiero que sepas que estando conmigo puedes ser tu misma y compartir tu carga conmigo, hagamos un buen trabajo juntas —su monologo fue algo largo, pero su manera dulce de expresarse me hizo sentir bien y finalmente pude suspirar de alivio. —Gracias, muñeca diabólica —dije lo último remarcándolo y ella comenzó a reírse. —Esta bien… —se quedó de repente en silencio, creo que no supo como llamarme. —Llámame Bruno, aunque mi verdadero nombre es Helen —contesté a su duda mental y ella me sonrió. Luego de eso, hice lo que creí que no podría hacer, me bañé con ella. Está vez sin ninguna preocupación, ya no tenía miedo y me sentía mucho mejor. Esa noche también la pasé en su habitación, creí que era una buena forma de alimentar nuestra unión de pareja, disminuir los rumores y esas cosas horribles que dicen de ella. De todas maneras, esto no es el siglo quince, ahora tranquilamente podemos estar juntos sin estar casados. No hay tal requisito de matrimonio como era antes. Los días luego de esto trascurrieron normal, mientras tanto la boda estaba siendo planeada. El hermoso vestido de novia que tenían en mente para Annabelle, la verdad si me hizo suspirar. Por un momento, me imaginé a mi misma usándolo y admito que fue un momento imposible de olvidar. Realmente anhelaba la idea de poder vestir así, pero en lugar de eso, simplemente me tuve que preocupar por medirme y que el traje fuera a la medida correcta. Aunque tuvimos que tomar ciertas medidas y la reina hizo algo, que no entendí porque lo hizo en ese momento y no antes. Me trajo un binder, que es una especie de sostén o top de gimnasia, depende de lo que uses. Que se ajusta a la perfección, para achatar el pecho femenino y ser más disimulado que las vendas, lo usan normalmente mujeres con mucho busto, chicos trans y personas con disforia respecto a su pecho. El traje era algo ajustado y con ese binder debajo, era más fácil pasar desapercibido el hecho de que oculto algo y las vendas se notaban por sobre la camisa, no se porque realmente, pero pasaba. Annabelle parecía notoriamente contenta con su vestido y cada vez que nos veíamos, no paraba de hablar de el y contaba lo feliz que estaba de que la boda se estuviera acercando. Me hacía bastante feliz eso, ver que ella se estaba olvidando de lo que soy y se estaba centrando en una boda que ni era real, ya que el verdadero dueño de está identidad estaba muerto. No me preocupe tanto por eso y continué buscando al topo dentro de mi armada. Luego de la boda, solo faltarían tres años y podría convertirme en rey. Para ese momento tenía que tener la verdad y el traidor asesino, debía estar tras las rejas, no había opción. Pero todos los problemas se me olvidaron en ese momento. En el momento en que vi a mi futura esposa, entrar vestida de blanco y llena de alegría. Yo simplemente la esperé ahí y me olvidé por completo de que soy una mujer hetero y me permití disfrutar de ese momento, que me estaba regalando la identidad masculina de mi hermano. No importa mis sentimientos, solo importa el hecho de que es una boda y una boda siempre será algo especial. Los votos pasaron rápido y no faltó mucho para que todo eso hubiera acabado. Pero cuando se estaba acercando el momento de la luna de miel, algo pasó y el mundo se detuvo por completo. Uno de mis guardias, el más fiel a mi cabe aclarar, entró corriendo y llenó de sangre de la cabeza hasta los pies. Corrí en su auxilio y lo abracé entre mis brazos, el no paraba de vomitar sangre y parecía a punto de morir. El doctor real vino de inmediato y mientras lo atendían, dijo algo que me dejó en pie. —Alteza, tenga cuidado —dijo el hombre moribundo. —¿Cuidado de que? —pregunté yo, quería una respuesta clara y el se quedó en total silencio.
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