40

1410 Palabras
Ronan Actualmente estoy cavilando en mi oficina. Con las piernas sobre el escritorio, bebiendo mi cuarto whisky solo de la noche. Sin embargo, ya no baja suave por mi garganta. Antes lo hacía. Antes me calmaba. Ahora solo me recuerda que estoy peligrosamente cerca de perder el control. Mi objetivo empezó siendo simple: sacar a Liora de mi cabeza. Pero ahora el problema es otro. ¿Cómo demonios me mantengo alejado de ella? Mi tiempo con Liora en el bosque fue perfecto. Demasiado perfecto. Pero eso, mezclado con lo que dijo Cristina, el misterio de por qué se la llevaron, el hecho de que yo mismo dije que no hago relaciones, y el desastre emocional que todo eso está creando… tiene mi mente hecha un caos. Una tormenta perfecta. Por eso me sirvo otro whisky. —Veo que estás aquí ahogando tus penas… o mejor dicho, tus sentimientos —dice Carson mientras entra en mi oficina con esa sonrisa arrogante que siempre lleva. —No estoy ahogando nada, idiota. Solo estoy reflexionando. —Claro —dice, cruzándose de brazos—. ¿Y sobre qué reflexiona nuestro querido alfa? —No reflexiono sobre nada específico. Reflexiono sobre todas las preguntas sin respuesta que me rondan la cabeza. Carson se ríe. —Más bien sobre tu cabeza dura. Cabeza de alfa. Levanto la mirada hacia él. —No. TÚ estás evitando a Liora. —Yo NO la estoy evitando. Solo la estoy… contemplando. —Eso no tiene sentido. —Claro que lo tiene. Carson levanta una ceja. —Si no la estuvieras evitando, no me habrías pedido que la interrogara. —Te pedí que la interrogaras porque yo no llegué a ninguna parte… y tú eres más agradable. Carson se lleva la mano al pecho fingiendo emoción. —¿Más agradable? Por favor. Solo di la verdad. La gente me prefiere a mí antes que a ti, Ronan. Es un hecho que todos conocemos. Lo ignoro. —¿Te dijo algo sobre por qué la retuvieron tanto tiempo? ¿O por qué tiene miedo de quedarse aquí? Carson sonríe lentamente. —Responderé a tus preguntas cuando tú respondas la mía. —¿Olvidaste quién manda aquí? —No, su miserable excelencia, no lo olvido —dice con sarcasmo—. Pero también sé que pasas demasiado tiempo con esa chica. Me mira con una sonrisa burlona. —De hecho, apestas a sus partes más deliciosas… si me permites añadir. Le lanzo una mirada asesina. —Pero hoy —continúa Carson— ni siquiera has estado cerca de ella. Hace una pausa. —¿Qué pasa, Ronan? Respiro hondo. —Te diré qué pasa. Le di un orgasmo tan fuerte que tenía la cara prácticamente enterrada entre sus piernas, Carson. Carson sonríe. —Bien. Aún no veo el problema. Se encoge de hombros. —Esa chica merece miles de orgasmos. Pasó diez años sin ninguno. Y tú eres el afortunado cambiaformas que puede enterrarse entre sus piernas. Me mira fijamente. —¿Cuál es tu problema? Aprieto el vaso en mi mano. —Mi problema es que estoy demasiado atraído por ella. No puedo alejarme. Es como si algo me arrastrara hacia ella. Miro el whisky. —Me está matando estar aquí sentado contigo en lugar de estar con ella. Carson guarda silencio. —Y eso es un problema —continúo— porque esta atracción es demasiado fuerte. Si es así sin que sea mi pareja destinada, ¿te imaginas cómo sería si lo fuera? Aprieto la mandíbula. —¿Cómo voy a apartarla cuando aparezca mi verdadera pareja? ¿Cómo voy a romperle el corazón? Bebo otro trago. —Liora merece algo mejor que eso. Algo mejor que yo. Carson me observa con atención. —Pensé que ya habías hecho las paces con eso. —Yo también. —Entonces, ¿qué cambió? —Me encontré con Cristina cuando llevaba a Liora a su habitación después de… bueno… después. Carson resopla. —¿Cristina? Claro que sí. Esa mujer está obsesionada contigo. Se inclina sobre mi escritorio. —Y no de la manera sana. Se ríe. —Apuesto a que si entras ahora mismo en su casa, tiene un santuario tuyo en el armario… con una bolsa llena de tus recortes de uñas. —¿Puedes dejar de hablar de uñas? Esto es serio. —Lo sé —dice Carson—. Y por eso deberías escucharme cuando te digo que Cristina es mala noticia para ti. Se cruza de brazos. —Está interfiriendo entre tú y Liora porque quiere que esto sea el espectáculo de Ronan y Cristina… no el de Ronan y su pequeña loba. —Cristina solo me recordó lo que yo ya sabía —respondo—. Ella entiende que no hago relaciones. Y sabe lo que pasará cuando encuentre a mi pareja. Aprieto los labios. —Liora no lo entiende. Carson se ríe. —Cristina lo entiende porque se ha encargado de ser la única opción que tienes, Ronan. Niega con la cabeza. —Te ha bloqueado con cada hembra cambiaformas desde aquí hasta Timbuktu. —Basta, Carson. Me paso una mano por el rostro. —Déjame ahogarme en mi propia miseria. Lo miro. —¿Liora habló contigo o no? —Claro que habló conmigo. Tengo el poder de la persuasión femenina. Entrecierro los ojos. —Más te vale haber mantenido tu maldito pene lejos de ella. Carson se endereza indignado. —Primero: no es una cosa. Es un monstruo. —Carson. —Segundo: ni tú podrías cortarlo. —Carson. Suspira. —Sí, habló conmigo. Se vuelve más serio. —Pero básicamente me dijo lo mismo que a ti. —¿Y? —Lo que sea que le pasó… la asusta. Frunzo el ceño. —No cree que ella sea la amenaza. Hace una pausa. —Cree que algo más lo es. Y tiene miedo de traer ese peligro aquí. Miro el vaso en mi mano. Carson continúa. —Algo que habrías notado si no estuvieras demasiado ocupado intentando meter la cara entre sus deliciosas piernas. —No estaba intentando seducirla. —Tal vez no. Pero la atracción entre ustedes dos es tan fuerte que cuando están juntos no queda espacio para nada más. Guardo silencio. Entonces Carson habla otra vez. —Déjame preguntarte algo, Ronan. —Vas a hacerlo igual. —¿Tienes miedo de romperle el corazón a Liora cuando encuentres a tu pareja… o tienes miedo de darle tu corazón a alguien, sea tu pareja destinada o no? La pregunta pesa más que el whisky. —Probablemente… un poco de ambas. Carson suspira. —Cristina sabía exactamente lo que hacía cuando plantó esas dudas en tu cabeza. Se encoge de hombros. —Pero si vas a cortar esto con Liora, al menos dale una explicación real. No esa mierda de “estoy ocupado”. Luego añade: —Mientras tanto, puedo hablar con ella otra vez. Cuanto más hable con ella, más cómoda se sentirá. Sonríe. —Y si decides cortar con ella… tal vez pueda amortiguar su caída. Un gruñido profundo sale de mi pecho. —Si intentas amortiguar algo, te arrancaré la garganta, Carson. Barack está furioso por la sugerencia. Carson levanta una ceja. —Parece que tú y tu lobo no están de acuerdo sobre qué deberías hacer con Liora. —Sí —gruño—. Soy consciente de eso. Carson se inclina hacia adelante. —Entonces dime algo, Ronan. Lo miro. —¿Por qué Barack insiste tanto en quedarse con Liora… si ella no es tu pareja? Aprieto la mandíbula. —Eso… Carson… no lo sé. En ese momento llaman a la puerta. —Pasa —digo. La puerta se abre y entra Jalena, la esteticista del pueblo. —Hola, alfa Ronan. Carson. Asiento. —¿Qué pasa? —Solo quería darles información sobre su amiga que se cortó el pelo conmigo. Mi espalda se tensa. —¿Liora? ¿Qué pasa con ella? Carson sonríe al notar mi tono protector. Jalena continúa: —Tenía a un joven cambiaformas cortándose el pelo hoy. No sé quién es, pero dijo que olió lavanda en mi tienda. Hace una pausa. —Y que su lobo reconoció inmediatamente ese olor como el de su pareja destinada. Mi visión se nubla. Jalena continúa. —Quería saber qué información podía darle sobre la mujer que huele a lavanda. Carson y yo nos miramos. En completo silencio. La misma sorpresa reflejada en nuestros rostros.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR