44

851 Palabras
Ronan Conduciendo hacia la clínica, mis manos aprietan el volante más de lo necesario. Estoy ansioso por verla. Aunque me repita que no vine por eso. Mentira. Vine por ella. Siempre es por ella. —¿Cómo está, Eric? ¿Ya despertó? —pregunto apenas cruzo la puerta, intentando que mi voz suene neutral. No lo logro del todo. Eric me observa un segundo antes de responder. —Intentó abrir los ojos hace un rato, pero volvió a caer. Ahora está profundamente dormida. Su cuerpo lo necesita. Asiento, pero mi mente ya está en otra parte. En una idea. Una peligrosa. —Quiero hablar contigo sobre sacar a Selena —digo sin rodeos—. En este estado… no podría resistirse a casi nada. ¿Podríamos hacerlo si está sedada? Eric frunce el ceño. —No lo sé, alfa. Podría ser complicado. Su mente no opondría resistencia, pero al ser involuntario… podría no funcionar. O peor, podría ser traumático. Pasar de un estado inconsciente a una transformación… con todo lo que ha vivido… Diez años. Diez malditos años. Aprieto la mandíbula. —Lo entiendo. No quiero hacerle daño. Pero necesitamos que su loba salga —respondo—. Hay un cambiaformas diciendo que reconoció su aroma como el de su pareja. Eric arquea una ceja. —Interesante… —Mi teoría es simple —continúo—. Ella no va a sentir el vínculo si no está conectada a Selena. Eric asiente lentamente. —Tiene sentido. Pero también hay otra posibilidad… —dice, cruzándose de brazos—. Que su pareja pueda sacarla. El vínculo podría forzar la reconexión. Si él la marca… —No —lo corto de inmediato. Mi voz es baja. Peligrosa. —No voy a permitir que nadie la marque sin estar cien por ciento seguro. Eric me sostiene la mirada. —¿Crees que está mintiendo? —No lo sé —respondo, honesto por primera vez—. Pero algo no encaja. Y no pienso arriesgarla. Porque una unión equivocada… Es una condena. Para ella. Para su verdadero compañero. Para todos. Eric exhala, pensativo. —Entonces necesitamos otra forma. Y ahí es donde mi idea regresa. Más clara. Más peligrosa. —¿Y si la mantenemos sedada… pero más profundo? —digo—. No un simple sueño. Algo más cercano a un coma controlado. Eric se tensa. —Ronan… —Escúchame —insisto—. Si su mente consciente es el problema… entonces quitamos esa barrera. Le damos espacio para encontrarse con Selena sin interferencias. El silencio se instala. Pesado. Analítico. —En teoría… —murmura Eric—, podría funcionar. Su loba ya ha intentado acercarse antes. Tal vez lo único que necesita es… silencio. —Exacto. —Pero también es un riesgo. —Todo esto lo es. Eric me mira largo rato. Evaluando. Midiendo. Finalmente asiente. —Prepararé la vía. Vistaril. La mantendrá en ese estado. Suelto el aire que no sabía que estaba reteniendo. —Bien. —Pero si haces esto —añade—, tendrás que ayudarla. Guiarla. Hablarle. Si hay una mínima conexión… podría escucharte. Asiento. Sin dudar. —Lo haré. Mientras Eric prepara todo, mi mente vuelve a ella. A lo que dijo. A lo que no dijo. —Hablamos de que se uniera a la manada —murmuro, más para mí que para él—. Pero le di la opción. No voy a obligarla. Eric no responde. Pero sé que entiende. —Ya le han quitado demasiado —añado—. No voy a ser otro más. Cuando Eric termina, me hace un gesto. —Puedes acercarte. Tomo una silla y la arrastro hasta su cama. El sonido raspa el silencio. Me siento. Y ahí está. Liora. Demasiado quieta. Demasiado vulnerable. Esto no es natural. Nada de esto lo es. Me inclino ligeramente hacia ella. Mi voz baja. Casi íntima. —Hola, lobita… Pausa. Respiro. —O mejor dicho… Selena. Nada. Pero sigo. —Si puedes oírme… necesito que regreses con ella. Mi mano se mueve sola. Se posa sobre la suya. Caliente. Real. Aquí. —Necesito tu ayuda. Barack se mueve dentro de mí. Atento. Curioso. —Barack quiere conocerte —añado, dejando que esa parte de mí también hable—. A veces te siente… como una presión en su mente. Inclino un poco más la cabeza. —Como si estuvieras ahí… pero atrapada. Mis dedos se cierran suavemente sobre los de Liora. —No creo que ella pueda sentirte ahora mismo… Silencio. Pesado. Expectante. —Pero tú… ¿sí puedes sentirla? Mi voz cae en un susurro. —¿Estás atrapada dentro de ella, Selena? Y entonces… Algo cambia. No es visible. No es claro. Pero está ahí. Una vibración leve. Un roce. Como uñas raspando desde el otro lado de una puerta cerrada. Barack gruñe bajo. Reconociendo. Mis ojos se endurecen. —Eso es… te siento. Me inclino un poco más. Más cerca. Más firme. —Vamos… vuelve a ella. Mi frente casi roza la suya. —Tráela de vuelta, Selena. Porque si no vuelve… No sé qué parte de mí se rompe primero.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR