Ronan
Tres horas después, ordeno a la manada que comience la carrera sin mí y lejos de las cataratas a través del enlace mental.
Sin perder tiempo, salgo hacia el ascensor y me dirijo a las habitaciones de Liora.
Me transformo frente a su puerta.
Se abre de inmediato.
Debió haber escuchado el cambio en el pasillo. Tendré que hablar con ella sobre la seguridad… es vulnerable sin Selena.
Su expresión me detiene un segundo.
Sorpresa.
Respiración contenida.
Ojos demasiado abiertos.
Su mirada baja sin querer… recorre mi abdomen… sigue descendiendo… y vuelve a subir con rapidez hasta mis ojos.
Me aclaro la garganta y levanto una mano hacia su barbilla, cerrando suavemente su boca.
—Lo siento, pequeña loba. Tenía prisa… no pensé en cómo te sentirías. Pero necesito estar así para transformarme.
Le sonrío.
Ella me devuelve una sonrisa tímida, sonrojada, y sale de la habitación con rapidez. Yo la sigo.
Guiarla en forma de lobo habría sido más sencillo, pero esta noche no es sobre eficiencia.
Es sobre que se sienta segura.
Caminamos por el bosque, la noche envolviéndonos con su calma oscura. Cuando llegamos, escucho su pequeño jadeo… y sé que valió la pena.
Antorchas encendidas.
Fuego vivo.
Una cama de pieles y mantas.
Almohadas.
Y… un pastel de chocolate.
No era mi intención que se viera… así.
Pero aquí estamos.
—Quería que te sintieras cómoda mientras estoy fuera… que no tuvieras miedo —digo, rascándome la nuca—. Aunque ahora parece que tenía otras intenciones. No es así, te lo prometo.
Pero Liora ya no me escucha.
Sus ojos están clavados en el pastel.
Casi sonrío.
—Es todo tuyo, pequeña loba. Ponte cómoda. Come. No quiero volver y encontrarte con hambre. Estaré fuera una hora… eso debería ser suficiente para acabar con eso.
Levanta la mirada hacia mí.
Y esa sonrisa…
Real.
Luminosa.
Algo dentro de mí se afloja.
Cedo el control.
El cambio llega rápido.
Barack toma forma, estirándose, sacudiendo su pelaje n***o bajo la luz del fuego.
Liora está sentada en la cama de pieles, el tenedor cargado, suspendido en el aire, completamente inmóvil.
Observándonos.
Nos acercamos despacio.
Sin ruido.
Sin amenaza.
Solo… presencia.
Barack inclina el hocico hacia su cuello, justo debajo de su oreja.
La huele.
Con calma.
Con atención.
Un gesto íntimo en nuestro mundo.
Ella no se aparta.
Pero su piel reacciona. Un leve estremecimiento. Piel erizada.
Un sonido bajo vibra en el pecho de Barack.
Un murmullo profundo.
Algo que nunca le había escuchado.
Luego, un roce leve… desde su cuello hasta su oído.
Demasiado.
Lo siento.
La tensión cambia.
Tiro de él a través del vínculo mental, firme.
No.
Aún no.
No sabemos si quiere más… o si está lista siquiera para entender lo que esto significa.
Barack se resiste un segundo.
Curioso.
Atraído.
Pero finalmente retrocede.
Y yo…
me quedo en ese límite peligroso entre instinto y control, sabiendo que esta noche apenas está empezando.