Antes de salir de la habitación, se detuvo un instante y miró a Aarón, que seguía durmiendo profundamente. Quiso dejarle una nota, pero no encontró papel ni bolígrafo a mano. Además, ¿qué podía escribir? "Gracias por la noche, pero nunca volveremos a vernos"? Sabía que era mejor así, que era mejor que esa noche quedara como un recuerdo, un capítulo cerrado en su vida. Con un suspiro triste, abrió la puerta y se fue sin hacer ruido.
Cuando Aarón se despertó unas horas más tarde, sintió el vacío en la cama a su lado y se dio cuenta de que ella se había ido. Buscó por toda la habitación, pero no encontró rastro suyo, ni siquiera una nota que le dijera quién era o cómo podía encontrarla. Se sintió una sensación de tristeza que no esperaba; había creído que aquella noche era solo una aventura pasajera, pero ahora se dio cuenta de que había sentido algo más por ella, algo que no podía explicar.
Llamó a Miguel y le contó lo que había sucedido: "Se fue sin decir nada, Miguel. No sé su apellido, no tengo su número de teléfono, nada. Solo sé que se llama Sofía y que estaba pasando por un momento difícil". Miguel sintió pena por su amigo y le dijo: "Lo siento, Aarón. Quizás fue mejor así. Ella estaba emocionalmente alterada, y quizás no era el momento adecuado para nada más que una noche de pasión". Aarón sabía que tenía razón, pero eso no le quitaba la sensación de vacío que sentía en el pecho.
Durante los días siguientes, intentó buscarla. Pidió ayuda a su equipo de seguridad para ver las cámaras de seguridad del bar y del hotel, pero no se pudo identificar su rostro con claridad en las imágenes. Intentó preguntar en el bar si alguien conocía a una chica llamada Sofía que fuera diseñadora de modas, pero nadie sabía de quién hablaba. Finalmente, tuvo que aceptar que nunca volvería a verla, que aquella noche había sido solo un sueño que se había desvanecido con el amanecer.
CAPÍTULO 4: UN NUEVO VIDA EN CAMINO
Sofía llegó a su departamento temprano en la mañana, y justo en ese momento, Camila llamó a su teléfono. Esta vez, Sofía no pudo evitar contestarla: "Hola, Cami". "Sofía, por Dios, ¿dónde estuviste? He estado llamándote toda la noche. Estaba a punto de llamar a la policía", dijo Camila con voz preocupada. Sofía sintió un nudo en la garganta y le contó todo lo que había sucedido: la ruptura con Lucas, la noche en el bar, el encuentro con Aarón, la pasión que habían compartido.
Camila la escuchó con atención y luego le dijo: "Sofía, entiendo que estés pasando por un momento muy difícil, pero tienes que cuidarte. No puedes dejarte llevar por el alcohol y las emociones así. ¿Y ahora qué vas a hacer?" Sofía suspiró y respondió: "No sé, Cami. Solo quiero olvidar todo esto y seguir adelante con mi vida. Ya tengo una entrevista de trabajo en una empresa de modas la semana que viene, así que voy a concentrarme en eso".
Las semanas pasaron y Sofía comenzó a sentirse mejor. Había conseguido el trabajo en la empresa Moda Creativa, donde se desempeñaba como diseñadora junior, y aunque el trabajo era duro, le gustaba mucho. Además, con el apoyo de Camila y su familia, estaba logrando superar la ruptura con Lucas. Pero una mañana, cuando se despertó con náuseas y tuvo que correr al baño a vomitar, se dio cuenta de que algo no estaba bien.
Había pasado más de un mes desde que había tenido relaciones con Aarón, y su período menstrual se había retrasado por primera vez en su vida. Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y decidió ir al médico lo antes posible. Después de hacerle varios exámenes, el médico le dio la noticia que ella temía: "Sofía, estás embarazada. Tienes aproximadamente seis semanas de gestación".
Sofía se quedó en silencio por varios minutos, procesando la información. No sabía qué hacer, no sabía cómo iba a criar
...un bebé sola, no sabía si debería intentar buscar al padre o simplemente seguir adelante con su vida. El médico la miró con compasión y le dijo: "Tienes tiempo para tomar una decisión, Sofía. No te presiones a ti misma. Lo importante es que hagas lo que creas correcto para ti y para el bebé".
Al salir del consultorio, Sofía se sentó en un banco del parque cercano y comenzó a llorar. No era que no quisiera ser madre; siempre había soñado con tener hijos, pero nunca se había imaginado que sería en estas circunstancias. Pensó en Aarón, en su rostro, en la pasión que habían compartido aquella noche, y se preguntó si él querría saber sobre el bebé. Pero luego recordó que no tenía ninguna forma de contactarlo, que no sabía nada de él más que su nombre y que era un hombre rico. Además, ¿qué pasaría si él no quería saber nada de ellos? No estaba segura de poder soportar otra decepción.
Llamó a Camila y le contó la noticia. Su mejor amiga la abrazó fuerte y le dijo: "No estás sola en esto, Sofía. Yo estaré contigo siempre, y tu familia también. Si decides tener al bebé, seremos los mejores tíos del mundo". Esa tarde, Sofía habló con sus padres, quienes aunque inicialmente se sorprendieron, la apoyaron incondicionalmente. "Mi amor, este bebé será un regalo de Dios", le dijo su madre, abrazándola con ternura.
Decidió entonces que iba a tener al bebé, que iba a criar al niño sola si era necesario, pero que le daría todo el amor y los cuidados que necesitara. Comenzó a hacer los preparativos necesarios: dejó de trabajar en Moda Creativa porque el horario y el estrés no eran adecuados para un embarazo, y comenzó a trabajar como diseñadora freelance desde casa, lo que le permitió tener más flexibilidad.
Durante los nueve meses de embarazo, Sofía se dedicó por completo a su bebé. Decoró la habitación del niño con colores suaves y llenó el departamento de juguetes y ropa nueva. Camila la acompañaba a todas las citas médicas y le ayudaba con las tareas del hogar. Aunque a veces sentía la soledad de no tener a alguien a su lado que la apoyara emocionalmente, sabía que estaba haciendo lo correcto.
El día del parto llegó en una mañana de julio, cuando Sofía tenía 25 años. Después de varias horas de trabajo de parto, dio a luz a un hermoso niño varón con cabello castaño como el suyo y ojos azules intensos que la hicieron recordar inmediatamente a Aarón. Lloró de emoción cuando lo sostuvo por primera vez en sus brazos, y supo en ese instante que su vida nunca volvería a ser la misma. Lo llamó Sebastián, en honor a su abuelo materno