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LA NOCHE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO

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Sofía, de 24 años, sufre una ruptura dolorosa cuando su novio la deja por otra mujer. En una noche de despecho, sale a un bar donde conoce a Aarón, un CEO multimillonario de 26 años. Bajo los efectos del alcohol, ella lo seduce y pasan una noche de intensa pasión. Al día siguiente, Sofía se va sin dejar rastro, y ambos creen que nunca se volverán a ver. Poco después, Sofía descubre que está embarazada y decide criar al bebé sola. Tres años después, cuando su hijo Sebastián tiene tres años, se reencuentran en un desfile de moda donde ella participa como diseñadora emergente y él es el patrocinador. Aarón se da cuenta de que Sebastián es su hijo y decide hacer todo lo posible para recuperar el tiempo perdido, ganarse la confianza de Sofía y formar una familia. Después de demostrar su amor y compromiso, ella acepta casarse con él, y juntos construyen una vida llena de amor, con un hijo y luego una hija, convirtiendo un comienzo difícil en una historia de felicidad y unidad familiar.

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CAPÍTULO 1: EL FIN DE UN SUEÑO
El reloj marcaba las 22:17 cuando Sofía Martínez escuchó la puerta de su departamento cerrarse con un eco que resonó en cada rincón de su vida. Tenía 24 años, acababa de graduarse como diseñadora de modas y hasta hace cinco minutos creía que estaría a punto de planificar su boda con el hombre que había amado desde los 19. Pero Lucas González, su novio de cinco años, acababa de decirle las palabras que la habían destrozado por completo: "Sofía, lo siento mucho, pero ya no soy el mismo. He conocido a alguien más, alguien que me entiende de verdad. Valeria es diferente..." Las lágrimas corrían por sus mejillas sin que ella pudiera detenerlas, manchando el jersey de lana que él le había regalado por su cumpleaños número 23. Caminó hasta la cocina mecánicamente, abrió el armario donde guardaban las bebidas y sacó una botella de tequila que habían comprado para celebrar su graduación. Se sirvió un trago directamente del vaso de vidrio que usaba para los jugos, y el licor quemó su garganta como si fuera fuego. Pero el dolor físico era nada comparado con el que sentía en el pecho, como si alguien le hubiera arrancado una parte de su alma. Pasaron dos horas, la botella ya estaba casi vacía y su cabeza comenzaba a dar vueltas. Decidió que no podía seguir encerrada en ese lugar que ahora se sentía como una prisión llena de recuerdos. Se puso el primer vestido que encontró en su clóset –un modelo n***o de hombros descubiertos que le quedaba a la perfección–, se arregló rápidamente el maquillaje que había corrido con las lágrimas y cogió su bolso. Su mejor amiga, Camila, había intentado hablar con ella varias veces por teléfono, pero Sofía había ignorado todas las llamadas. No quería consuelo en ese momento; quería olvidar, aunque fuera solo por una noche. El "Luna Negra" era un bar que había abierto hace poco en el centro de la ciudad, un lugar elegante pero con un ambiente relajado que la había llamado la atención cuando lo vio pasar en el auto. Al entrar, la música electrónica suave envolvió sus sentidos y el aroma a whisky y perfume de mujeres elegantes llenó sus fosas nasales. Se sentó en la barra y pidió una copa de vodka con naranja, aunque sabía que su cuerpo ya no estaba en condiciones de tomar más alcohol. Mientras esperaba su bebida, miraba a su alrededor, observando las parejas que bailaban cercas de la pista, los grupos de amigos que reían a carcajadas, y se preguntó cómo era posible que el mundo siguiera girando cuando el suyo se había detenido por completo. El camarero le entregó la copa y ella la tomó de un solo trago, sintiendo cómo el alcohol calentaba su estómago y nublaba aún más sus sentidos. CAPÍTULO 2: EL ENCUENTRO EN EL BAR En una mesa reservada en una esquina del bar, Aarón Velázquez observaba el ambiente con una expresión seria. Tenía 26 años y era el CEO de Velázquez Group, una empresa multimillonaria que operaba en sectores como la tecnología, la construcción y el turismo. Había asistido a un evento de negocios en la ciudad y sus socios lo habían invitado a ese lugar para relajarse después de una larga jornada de reuniones. Pero él no estaba de humor para fiestas; su mente seguía en los informes financieros que tenía que revisar para la junta directiva de la semana siguiente. Su amigo y director financiero, Miguel, le dijo entre risas: "Aarón, por Dios, relájate un poco. No vas a resolver el problema de la fusión con la empresa argentina pensando en ello todo el tiempo. Tomate una copa, conoce a alguna chica, vive un poco la vida". Aarón solo levantó los hombros y tomó un sorbo de su whisky escocés. No era alguien que buscara aventuras pasajeras; había tenido algunas relaciones en el pasado, pero ninguna que realmente le hiciera sentir algo profundo. Para él, el trabajo siempre había sido lo primero. Justo en ese momento, su mirada se cruzó con la de Sofía, que acababa de pedir su tercera copa de la noche. Ella estaba un poco tambaleándose en su asiento, pero su belleza era innegable: cabello castaño largo y ondulado, ojos color avellana que brillaban aunque estuvieran llenos de tristeza, y unos labios carnosos que parecían invitar al beso. Aarón sintió cómo se estremeció por un instante, una sensación que no había experimentado en mucho tiempo. Sofía había notado que el hombre de la esquina la estaba mirando. Era guapo, muy guapo: alto, musculoso, cabello n***o corto y bien peinado, rostro marcado con una mandíbula fuerte y unos ojos azules intensos que parecían ver hasta lo más profundo de su alma. En otras circunstancias, ella nunca se hubiera atrevido a acercarse a alguien así, pero en ese momento, el alcohol y el dolor la habían hecho perder toda su inhibición. Se levantó de su asiento y caminó hacia él con pasos un poco inseguros. Cuando llegó a su mesa, apoyó una mano en el respaldo de su silla y dijo con una sonrisa un poco torpe: "Me parece que estás muy solo para un hombre tan guapo como tú. ¿Te importa si me siento aquí?" Aarón se sorprendió por su franqueza, pero no pudo evitar sonreír. "Claro que no, siéntate. Me llamo Aarón". "Sofía", respondió ella, extendiendo su mano para estrechar la suya. Su piel estaba caliente y su tacto transmitió una energía que él no podía explicar. Miguel, que había visto la escena, decidió darles espacio y se levantó de la mesa: "Bueno, chicos, creo que voy a bailar un poco. Si necesitan algo, ya saben dónde encontrarme". Aarón agradeció con la mirada y luego se enfocó en Sofía, que ya se había sentado frente a él. "¿Estás bien? Pareces un poco alterada", le preguntó con preocupación. Sofía rio con tristeza y respondió: "¿Estoy bien? Mi novio de cinco años me dejó por otra chica hoy. Así que no, no estoy bien. Pero gracias por preguntar". Aarón sintió una punzada de compasión por ella. Sabía cómo era el dolor de un corazón roto, aunque su experiencia había sido hace varios años. "Lo siento mucho. No hay nada peor que sentir que te han dejado de lado por alguien más". Sofía tomó la copa de whisky que Aarón tenía en la mesa y se tomó un sorbo grande, aunque el sabor le resultó demasiado fuerte y tuvo que estornudar un poco. Aarón rio suavemente y le dijo: "Eso no es para ti, déjame pedirte algo más suave". Pero ella negó con la cabeza: "No, quiero olvidar. Quiero que esta noche sea diferente, que no piense en él ni en nada de lo que me ha hecho sufrir". La música cambió a un ritmo más lento y sensual, y las luces del bar se oscurecieron un poco. Sofía se levantó y extendió su mano hacia Aarón: "Baila conmigo". Él dudó por un instante; no era muy bueno bailando y además, sabía que ella estaba borracha. Pero algo en su mirada le impidió decir que no. Se levantó y la llevó hasta la pista de baile, donde se colocaron entre otras parejas que bailaban abrazados. Al principio, bailaron con cierta distancia, pero poco a poco, la cercanía de sus cuerpos hizo que la tensión entre ellos fuera creciendo. Sofía apoyó su cabeza en el pecho de Aarón, sintiendo el latido fuerte de su corazón, y él envolvió sus brazos alrededor de su cintura, sintiendo cómo su cuerpo se ajustaba a él de manera perfecta. El olor a su perfume –un aroma a jazmín y vainilla– invadió sus sentidos y él sintió cómo su deseo por ella iba en aumento. Sofía levantó la cabeza y miró directamente a sus ojos azules. En ese momento, no pensó en Lucas ni en su dolor; solo pensó en el hombre que tenía frente a ella, en la sensación de seguridad que le transmitía y en el deseo que sentía por él. Se acercó a él y colocó sus manos en su cuello, acercando sus labios a los suyos. Aarón no pudo resistirse; la besó con una pasión que no había sentido en mucho tiempo, un beso que mezclaba ternura y deseo, que parecía querer sanar las heridas de ella y llenar el vacío que había en él. El beso se prolongó por varios minutos, hasta que Sofía separó sus labios de los suyos y le susurró al oído: "Quiero irme contigo. ¿Quieres venir conmigo?" Aarón sabía que quizás no era la mejor idea, que ella estaba emocionalmente vulnerable y bajo los efectos del alcohol. Pero el deseo que sentía por ella era demasiado fuerte, y además, había sentido una conexión especial con ella desde el primer momento en que la vio. "Vamos", respondió él, tomándola de la mano y pagando la cuenta antes de salir del bar juntos. CAPÍTULO 3: UNA NOCHE DE PASIÓN El hotel donde Aarón se estaba alojando era uno de los más lujosos de la ciudad, con suites amplias y elegantes que daban a la plaza principal. Cuando llegaron a su habitación, Sofía se apoyó en la puerta mientras él abría la cerradura con las manos un poco temblorosas por la emoción. Una vez dentro, la luz suave de las lámparas de pie iluminó el espacio, mostrando una cama grande con sábanas de lino blanco, un sillón de cuero marrón y un balcón con vistas espectaculares. Aarón se acercó a Sofía y la tomó de la cintura, besándola nuevamente con la misma pasión que en el bar. Esta vez, el beso fue más intenso, más profundo, como si ambos quisieran transmitir todo lo que sentían sin necesidad de palabras. Sofía comenzó a desabrocharle la camisa de vestir, mientras él deslizaba sus manos por su espalda, buscando el cierre de su vestido. Cuando finalmente se quedaron ambos desnudos, Aarón la llevó suavemente hasta la cama, colocándola sobre las sábanas blancas. La miró a los ojos y le dijo en voz baja: "Estás segura? Podemos detenernos si quieres". Sofía negó con la cabeza y le acercó sus labios a los suyos: "No quiero detenerme. Quiero estar contigo, Aarón. Quiero sentir que soy deseada, que soy importante para alguien". Esa noche, ellos se entregaron el uno al otro con una pasión que parecía incendiar todo a su alrededor. Cada toque, cada beso, cada susurro era una expresión del deseo y la conexión que sentían el uno por el otro. Para Sofía, era una forma de olvidar su dolor, de sentir que aún valía la pena ser amada. Para Aarón, era la primera vez que sentía algo tan profundo por alguien, una sensación que le hacía sentir vivo de una manera que nunca antes había experimentado. Cuando el sol comenzó a salir por la ventana del hotel, Sofía se despertó con la cabeza dolida y la boca seca. Se sintió un poco mareada y tuvo que cerrar los ojos por un instante para recuperar el equilibrio. Cuando abrió los ojos, se encontró en una habitación que no reconocía, y al lado suyo, dormía el hombre con el que había pasado la noche. Recordó entonces todo lo que había sucedido: el bar, el baile, el beso, la pasión que habían compartido. Se sintió una mezcla de emociones: vergüenza por haber actuado de esa manera cuando estaba borracha, tristeza porque sabía que aquella noche no cambiaría nada en su vida, y un pequeño destello de alegría por la sensación de felicidad que había sentido durante horas. Sabía que no podía quedarse ahí, que tenía que irse antes de que él se despertara. Se levantó con cuidado de la cama, recogió sus ropas que estaban esparcidas por el suelo y se vistió rápidamente.

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