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PREDILECCIÓN

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Oficina/lugar de trabajo
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Descripción

Con una familia arruinada, deudas y problemas... Mar está decidida a proteger a sus seres queridos, pero el camino que le espera no es el que ella esperaba. Cuando se propone encontrar al responsable de todos sus problemas, encuentra algo más grande.

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Pobreza...
Estoy agotada, me duelen los brazos y las piernas… ¿Por qué la vida del pobre es tan dura? Esto es un asco; me han despedido de tres trabajos en los últimos tres meses. Pero ¿Qué puedo hacer? Nunca en mi vida había trabajado y la verdad, lo odio. ¡Odio trabajar! ¡Es un asco! ¡Una tortura! ¡El infierno! Y las personas… ¿Cómo puede ser que haya personas tan despreciables y sin el más mínimo sentido común? ¡No tienen un miligramo de compasión por las personas trabajadoras!. Como sea… debo calmarme, después de todo; soy el único soporte que tiene mi familia en este instante. - ¡Mar! – la señora Yolanda me saca de mis deprimentes y muy quejumbrosos pensamientos. - ¿Sí? - ¡Atiende tu sección! – giro mi cabeza y noto que una de las mesas en mi sección está ocupada. - Ah, claro – doy unos pasos hasta que logro ver los rostros de las chicas y me congelo en el acto. - ¿Y ahora que te sucede? – la señora Yolanda ya está harta de mi - Disculpe, pero… ¿puede atender esa mesa? Se lo pido por favor. - ¿Por qué lo haría? Es tu sección, ve y has tu trabajo – tras decir eso, se gira para desaparecer tras la puerta de la cocina. Suspiro frustrada; de todos los restaurantes del mundo… Respiro profundamente y me acerco a ellas. - Buen día, soy Mar y voy a ser su mesera esta hermosa mañana ¿Cómo puedo ayudarlas? – las cuatro chicas sentadas en la mesa me observan, tres de ellas tan estupefactas que sus caras son casi graciosas. Pero la cuarta, me ve con curiosidad. Como si no supiera quien soy, cosa que no es cierta en lo absoluto. - ¿Mar? – pregunta una de mis antiguas amigas. - Hola, Hailee – respondo con la mejor sonrisa falsa que puedo colocar en mi rostro. - ¿Trabajas aquí? – pregunta Marly, no sé si lo hace a propósito… no, siempre ha sido lenta de pensamiento para todo. - ¿Lo notaste por el uniforme? – respondo con altivez, opto por mostrar esta actitud en lugar de sentir vergüenza por ahora ser una simple mesera. - Esto es increíble, cuando desapareciste después de que tu padre perdiera todo; jamás pensé que sería para trabajar de mesera – Lorie se ríe sin siquiera molestarse en ocultar, aunque sea un poco su burla. La sangre me hierve, pero no puedo darme el lujo de perder este trabajo también. - Mi padre no perdió nada, se lo arrebataron. Es diferente – aclaro - ¿Desean más tiempo antes de ordenar? – pregunto antes de tomar uno de esos enormes cuchillos de la cocina y apuñalarlas. Aunque… podría escupir su comida; el pensamiento me hace sentir mejor. - Tráenos cuatro tazas de café y luego veremos, por favor – pide Leah, ella es la única que no ha demostrado sorpresa, empatía y tampoco burla. Pero, siempre ha sido así, lo que me pregunto es; ¿Qué hace con estas arpías? - Claro, ahora vuelvo – me giro para poder traer lo pedido - Esto es increíble – veo como las tres chicas sacan sus móviles y empiezan a teclear como locas – Que horror, seguramente estaba ocultando su situación actual – no se molestan en bajar la voz. - Después de ser tan orgullosa y pretenciosa, ahora es mesera; no puedo creérmelo – se burla otra. No puedo culparlas por su sorpresa, después de todo; hasta hace poco, yo estaba en la universidad, junto a ellas. Pero ahora… bueno, estoy aquí. Debo dejar de pensar cosas inútiles, debo enfocarme en no tirar las tazas. Pido en la cocina las bebidas y luego me concentro todo lo que puedo en no tirar la charola con las cosas. - Su orden – coloco las bebidas sobre la mesa y me siento orgullosa de no haberlas tirado todas. - No, no me gusta el café – Hailee me ve con una cara de póker - ¿Podrías traerme un vaso de jugo? – es irritante… esta vez, si debería escupir el jugo. - Claro, ¿algo más? – pregunto lo más amable que puedo, no debo demostrar la ira que amenaza con arrasar mi pecho. - No nada – responde con una sonrisa, me giro para poder buscar su jugo- ¿deberíamos tomarle una foto? – les pregunta a las demás, suspiro algo triste. Después de todo, creí que eran mis amigas. Claro, eso hasta que mi padre se declaró en bancarrota y perdió todo; fue allí cuando jamás volvieron a responder mis llamadas, mensajes ni a verme. - Creo que eso está fuera de lugar – las corta Leah – No es correcto – insisto ¿Qué hace con ellas? Nunca las toleró, aunque después de lo sucedido con sus padres, se debe sentir sola. - Oh, Leah. No lo hacemos con malas intenciones, es solo que hace tiempo que no la vemos y queríamos… - al ingresar por las puertas de la cocina, sus voces se apagan. Sirvo el vaso de jugo y estoy tentada a escupirlo, pero… no gano nada con eso. Regreso a la mesa. - Su jugo – coloco la bebida frente a Hailee - Que rápida – veo como empuja el vaso hasta que èste cae de la mesa, haciéndose añicos en el suelo – Upss parece que te falta practicar un poco… no debes tirar la bebida de los clientes de esa manera – dice con una cara de pena. - Pero… - estoy a punto de defenderme, cuando escucho una voz a mi espalda. - ¡Mar! – es el jefe - ¿De nuevo has dejado caer la bebida? – parece furioso, bueno… sé que soy un desastre en este trabajo, pero esta vez; no ha sido mi culpa. - Jefe, no. Yo no… - ¡Suficiente! – me grita y decido agachar la cabeza, después de todo; no va a creerme – Como lo siento – me disculpo, tanto con él como con ellas. – Es nueva en el trabajo y aún se le dificulta un poco. Por favor, entiendan – mi jefe también pide disculpas - No debería contratar a personas que no son aptas para el trabajo – Expresa Lorie - Es verdad, solo hace que la experiencia de venir a un lugar como este sea incomodo – agrega Marly - Debería despedirla – Hailee lo dice con una sonrisa en el rostro; tiemblo un poco al escuchar esas palabras. - Tiene razón – responde mi jefe, y luego me hace señas para que entre de nuevo a la cocina. Eso hago, camino de vuelta con el corazón latiéndome fuertemente. - Esto es intolerable – mi jefe no tarda en seguirme – Lo siento, pero no puedes seguir en este trabajo. No es para ti – asegura. - Pero esta vez en verdad no fue mi culpa. - Sigues tirando las cosas, una y otra vez. Los clientes se molestan y la verdad, también retrasas el trabajo de tus compañeros. - Por favor, no me despida. En verdad necesito el dinero. - Lo siento, pero no puedes seguir. Deja el uniforme antes de irte, prepararé tu paga – y tras decir eso, se marcha. Dejándome desesperada, el alquiler se debe pagar la próxima semana ¿Cómo se supone que lo pague ahora? Me dirijo a los vestidores para cambiar mi ropa y dejo el uniforme. Recojo mi sobre con apenas un par de billetes y luego me marcho. La parte buena es que, es justo la hora de recoger a mi hermanito de la escuela; al menos, no se irá solo a casa esta vez. Camino por la acera, está un poco lejos; pero no puedo desperdiciar el dinero en el bus. - ¡Hermana! – mi pequeño hermano se alegra de verme cuando sale de la escuela - ¡Hola! – lo abrazo efusivamente - ¿Qué tal tu día? - Esta escuela es rara, pero creo que ya estoy acostumbrándome. - Me alegro ¿te parece si vamos por un helado? - ¡Helado! – celebra y ambos caminamos un par de cuadras hasta llegar a una pequeña heladería - ¿Tu no comerás? - No, no tengo ganas – respondo con una sonrisa – Vamos a sentarnos – ocupamos una de las mesas del lugar mientras lo veo devorar su helado felizmente. - ¿Mar? – ante la mención de mi nombre, giro mi cabeza y me sorprendo al ver a Leah parada frente a mí. - Leah… ¿Qué haces aquí? – pregunto mientras la observo con desconfianza. - No pude evitar seguirte – responde - ¿Podemos hablar? - Ramiro, ve jugar un rato ¿quieres? – pido a mi hermano. Él asiente obedientemente y se marcha. No quiero que escuche nada de nuestra conversación, después de todo; Leah y Logan son en parte, responsables de lo que le sucedió a mi familia. Pero, los verdaderos culpables, son esos socios que tiene Logan. Pero aun así, tengo curiosidad sobre lo que tiene que decir.

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