Iyali sonrió cuando Zoy rodó los ojos leyendo lo que él le había escrito ese día, no era un hombre de escribir cartas, pero esa mujer sacaba lo mejor, no era un secreto que su él por años había llevado tatuado en la frente la palabra libertad y que era de las personas que no creían en el amor, para el rubio el sexo seguro era todo lo que necesitaba en su día a día. Era un hombre inteligente, una carrera que iba en accenso, que su nombre resonaba. Decían que era un hombre mujeriego, pero lo cierto es que él nunca había tenido una relación, ni siquiera algo para una noche. No, él iba por lo grande, pero nunca creyó tener la suerte de obtenerlo con Zoy, hasta parecía un sueño que la mujer que había conquistado su corazón desde el comienzo estuviera frente a él, leyendo una carta y sonriendo.
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