Kayla abrió de a poco sus ojos, se sentía mareada, embotada. Veía nublado y estaba como mareada. Casi no recordaba nada acerca de los últimos eventos. Hasta que de repente una idea se filtró por su mente. Y lo último fue lo que recordó. El video... Con sus pocas fuerzas llevó una de sus manos, que vió tenía muchos cables conectados, hasta su vientre ahora plano y sintió un dolor inmenso en el pecho. No se suponía que fuera así... Una lágrima silenciosa se deslizó por su mejilla. Aún se sentía confusa pero recordó el miedo que le sobrevino ante la inminente amenaza de pérdida de su hijo y pensó apesadumbrada: ¡Por favor Dios, que mi pequeño bebito esté vivo!. La angustia amenazó con paralizarla mientras el miedo se extendía por su plexo solar congelando su sangre. El pánico, como el ho

