Minerva 18

905 Palabras

—Si bien sentir deseo no es pecado, está mal visto ante los ojos de Dios que te dejes llevar por ellos; y masturbarse es un reflejo de que tus instintos sexuales te dominan, hija mía. —Minerva bajo su triste mirada—. A diferencia de la mayoría de tus amigas, tú quieres llegar virgen al matrimonio. Masturbarte, lejos de ayudarte con tan virtuoso propósito, te aleja de él… Dime, mientras te masturbas, ¿cómo está tu deseo de conservar la virginidad? —Anulado. Anulado por completo. En esos momentos lo que más quiero es…, es… es que un hombre aparezca y me folle, padre Esteban. Y va a pensar que soy una mala chica, pero ese hombre que imagino, ni siquiera es mi novio, padre Esteban. —Fuera de la vista del sacerdote, Minerva empezó friccionar sus muslos—. Simplemente, al masturbarme, visualizo

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