Capítulo 1

1196 Palabras
El día estaba tranquilo, aproveché para hacer la tarea de historia mientras HieYun parloteaba de la última fiesta en la que había estado. Por fortuna pude concentrarme y entender lo escrito en el papel, aún se me dificultaba entender el idioma. — ¡Sí! —Su chillido me hizo apretar los ojos y arrugar la cara — ¿Y sabes lo que le hice? Ah, seguro que quieres saber —Oí risas y más cuchilleos, de repente todos susurraban algo que no entendía. Rodé los ojos y hundí mi cara en el libro de historia, odiaba estudiar con ruido. — Muy bien, estudiantes. A sus asientos, vamos a empezar la clase —El maestro de historia nos miró a todos e inmediatamente se ubicaron en sus asientos. Era un buen profesor, pero en ocasiones la escuela era solo una forma de distraer mi mente porque no siempre aprendía. La jornada de actividades curriculares básicas había terminado en un abrir y cerrar de ojos, y yo debía dirigirme pronto hacia el estadero. Eran apenas las 5 de la tarde, pero no podía tardar más. — Nat, ¿ya te vas? —Oí a mis espaldas a SooLin, sus pisadas pesadas se aproximaban a rapidez. Adelanté mis pasos — Oye, no te me escaparás, ¡ven aquí! Comencé a correr a toda velocidad en cuanto crucé la salida. Era imposible que pasara desapercibida entre todas esas personas, por supuesto yo era diferente; tanto físicamente como en mi forma desaliñada y mis malas notas, pero vamos. He hecho mucho por mí hasta ahora. Dejé de correr en cuanto vi que llegaba a la zona de buses, miré sobre mi hombro, pero no vi a nadie tras mío, me reí en silencio y esperé pacientemente a que llegara el bus público. No tardó mucho, era una hora muy solitaria en esa zona y lo agradecía en lo más profundo de mi corazón porque así no tendría que preocuparme por ir de pie, un trayecto tan largo es un martirio si vas de pie. Saqué mi ticket de estudiante y lo pasé por el identificador. "Saldo insuficiente" — Demonios —Susurré — Ehm... —Miré el rostro del tipo que iba conduciendo, me devolvió la mirada con el ceño muy fruncido. — Si no tienes dinero, bájate inmediatamente —Contestó muy malhumorado. Quise responderle, pero tenía razón, sin dinero no podía pasar. Tomé una bocanada de aire y suspiré largo, di media vuelta, pero no me había fijado que había alguien detrás de mí. Le pisé el pie sin querer. — Ouch... Eres pesada —Abrí los ojos sorprendida y molesta por su comentario. Raro... — ¿Cómo me dijis...? —Paré a medio decir, era inútil discutir, era inútil el conflicto, era mi culpa de todas maneras. — Digo, lo siento. Voy de bajada. Hice un ademan de bajar, pero puso su brazo para evitarme la bajada, me observó con severidad e hizo un sonido con su boca, chasqueándola, luego negó lentamente. — Pasa, no debes hacer perder el tiempo de los demás de esta manera. —Pasó su carnet por el identificador y me empujó suavemente para que cruzara. — Qué sexy... —Pensé mientras pasaba la barra. — ¿Dijiste algo? —Una voz muy gutural sonó a mis espaldas, era él. Ni siquiera sabía su nombre — Ni siquiera sé tu nombre. Me giré a verlo atónita, eso lo pensé yo. ¿O tal vez lo había dicho en voz alta nuevamente sin darme cuenta? — ¿Acaso...? —Hasta ese momento me fijé en sus facciones tan definidas, definitivamente era un hombre grande. No era un estudiante, llevaba una chaqueta de cuero colgada de su hombro derecho y me miraba muy frívolamente. — ¿Te apartas? —Volví a la realidad cuando habló, en ese instante el conductor arrancó e inevitablemente me fui para atrás por el impulso del bus. Aquel hombre pasó su brazo por mi abdomen y se sostuvo de uno de los asientos para evitar que nos cayéramos. Miré su mano derecha, era muy blanca. — Así que te gustan ese tipo de cosas. Estaba sin palabras, cualquiera que nos viera pensaría cosas extrañas por la posición en la que estábamos. Su entrepierna rozaba mi trasero y mi cabeza estaba inclinada por casi caerme, su mano izquierda me sostenía con firmeza el abdomen. — ¡¿Q-Qué haces?! —Exclamé sonrojada sacudiéndome, me senté al final y saqué ese libro de historia que llevaba descifrando todo el día. Sentía su mirada clavada en mi pero no se la devolví. Era un error y solo traería problemas, aunque era muy guapo... — No —Gruñí y resoplé, el libro estaba de cabeza y lo acerqué con vergüenza a mi cara, si de verdad me estaba viendo ya se había dado cuenta de lo apenada y descuidada que yo era. Bajé lentamente el libro y pude verlo. En realidad, no me miraba, él tenía un teléfono en su mano y tecleaba con rapidez, pude ver como se le escapaba una pequeña sonrisa porque vi su mejilla moverse un poco, o tal vez era una mueca. Demonios, qué mala impresión había dado. Poco a poco personas fueron subiendo en cada parada que hacía el bus, en una de esas lo vi levantarse. Ya con el libro en la posición correcta disimulé no verlo, tuvo que ir al final del bus para poderse bajar. Y ahí estaba él, su aroma era cautivante. Sus ojos me escanearon durante un pequeño segundo y yo correspondí su mirada, no podía evitarlo. Lo vi suspirar y apenas las puertas se abrieron, anunciando su ida, él bajó y se marchó sin mirar atrás. Por alguna razón sentí un hueco en mi pecho, no era la primera vez que era rechazada, pero esto se sintió muy diferente. El bus avanzó y miré por la ventana tras mío, y vi como pedía un taxi. Sus ojos volvieron a chocar con los míos en ese momento, pero el bus giró en una esquina y no lo vi más. — Maravilloso —Mordí mi labio, frustrada — Era muy mono. De cualquier forma, no era posible, no se me permitiría nunca. Era una broma que estuviera pensando si quiera en gustarle o llamar un poco su atención, aunque ahora le debía un pasaje... — Debería devolvérselo —Si es que volvía a verlo. Me sentí abatida por mi consciencia por ese pensamiento, pero era lo real. Mucha gente subía y bajaba, y era solo eso. Coincidir nuevamente no estaba dentro de las altas probabilidades y debía dejarlo ir ya. Con un último suspiro, guardé el libro de historia y abracé el bolso, ya solo quedaban 3 personas y yo en el bus. "Próxima parada, Mullae" O la famosa zona roja, como le llamaban todos. Me levanté y quienes estaban dentro me miraron curiosos. Una estudiante no debería estar ahí a esas horas, ya eran las 7:13 p.m., un trayecto bastante largo, además iba 13 minutos tarde. Bajé corriendo apenas las puertas se abrieron y me apresuré para ir al centro comercial. Leon me iba a matar si a las 7:30 p.m. no estaba lista. Nueva noche.
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