Capítulo 2

2003 Palabras
— Llegas retrasada, chica — Jennie me extendió mi atuendo de la noche apenas pisé la habitación — Te salvas porque Leon está en otros asuntos. — Lo siento, me retrasé un poco —Respondí cortamente quitando mi uniforme y tomando una toalla para cubrirme. Jennie me miró de lado y negó lentamente — No se dará cuenta, lo prometo —Me apresuré a decirle. — Sabes que si se da cuenta va a ser un problema, cada vez llegas más tarde, se me sale de las manos Daki, debes tener más cuidado. —Asentí rápidamente. — Sí, sí. Ya lo sé, vamos rápido, perdemos el tiempo. Ella tenía razón. Antes no tenía que estar tanto tiempo en el instituto, sin embargo, los nuevos reportes requerían más horas de trabajo en clase y era algo que no podía controlar, y retirarme no era una opción para mí. Por lo menos este aspecto de mi vida no debería controlarlo nadie más que yo, y así sería. Mi gran sueño era graduarme con honores, tal vez con honores no sería posible, pero con graduarme estaría completamente satisfecha. La barrera del idioma era algo que se me había dificultado mucho desde pequeña, pero gracias a que ByunSu se esforzó tanto en ayudarme, pude aprender lo básico. — Si te descubren, yo no tengo nada que ver. Que quede claro. —Expresó con severidad. Asentí en su dirección mientras nos dirigíamos a las duchas de la planta principal. No la culpaba por decirme algo como eso, Leon furioso era una situación en la cual no quieres verte inmiscuido en lo más mínimo. — No le restes importancia, esto es serio. — Tranquila, lo tengo todo bajo control —Le sonreí para tranquilizarla un poco. Ella frunció el ceño y me miró por unos segundos como queriendo decir algo más, pero finalmente apretó los labios y seguimos el resto del camino en silencio. Solo se escuchaban nuestros pies descalzos sobre el piso de cerámica blanca extremadamente limpio, como siempre. Al llegar a la zona de los baños, pude observas a todas las chicas que estaban tomando su primericimo, aquél era el primer baño de la noche, entre menos tuvieras que tomar, mucho mejor. Me acerqué a la ducha más cercana y dejé caer la toalla sobre el gancho. Completamente desnuda frente a la vista de las demás, era algo que no me afectaba en lo más mínimo, tampoco me miraban como si fuera algo muy loco, todas estábamos en la misma circunstancia y con la cabeza llena de pensamientos que no podíamos controlar. Por otro lado, yo estaba muy tranquila, es porque tenía una meta. Graduarme y escaparme lo antes posible de este lugar de mierda, sin que nadie me encuentre nunca; saldar mi deuda no era algo que estaba en mis planes porque estaba completamente segura de que estaban tomando la mayor parte del dinero que ganaba y me lo estaban reduciendo. Leon era un tramposo, perverso, quisquilloso, mucho más que su padre, quien en muchas ocasiones deseaba que estuviera vivo junto a la señora ByunSu. Qué mal que los hayan asesinado tan cruelmente. Sacudí mi cabeza para dejar de divagar tanto y lavé mi corto cabello rojizo con un champú de rico olor, el jabón de olor a fresas, el jabón intimo de la marca más cara y la rasuradora eran mi tarea de momento. Al terminar, ya muchas de las chicas habían salido del baño común y se dirigían a los camerinos, yo las seguí. Íbamos todas como zombies, mirando al vacío y caminando desnudas al uniso, la chica frente a mi tenía el cabello corto también, pero era de un tono castaño muy lindo, ella parecía temblar. Mordí mi labio y suspiré, un cosquilleo me recorrió la punta de los dedos y las extremidades inferiores, era la emoción que generaba pararte frente a un león hambriento, sabes que debes correr, pero no tienes oportunidades de escapar con vida, así que solo te dejas devorar. — Muy bien, nenas —Desde la pequeña tarima estaba el anfitrión hablando en voz alta a todas la que íbamos llegando al camerino — Vistanse con el atuendo que encuentren con su nombre, como ya saben es domingo y es un día especial para todos. —Dejé de prestarle atención y me dirigí a las mesas buscando mi nombre escrito sobre la típica bolsa transparente que nos daban cada viernes sin falta. Era el peor día de todos para mí, pero era lo que se debía hacer, no quedaba más nada que obedecer. — Daki —Oí a mis espaldas mi nombre y Jennie caminaba hacia mi tratando de no tropezar con las chicas que ya se estaban vistiendo — Toma, estaba de aquel lado —Me entregó mi bolsa, le agradecí con una sonrisa y la abrí para ver cual era el postador de la semana. Con solo ver el atuendo que escogían podía identificar qué tan mal sería la noche y con quién estaría ese fin de semana. Identifiqué unas pezoneras en forma de calaveras y una máscara que cubría todo mi rostro, era de una especie de demonio. Suspiré sacando el resto, un panty muy normal, un plug anal, y unas medias en malla de color n***o. No combinaba en nada todo eso, pero no podía cuestionar nada. Lo había aprendido duramente. Comencé a vestir las prendas, al terminar alguien me tocó el hombro por detrás. — Daki, olvistaste esto —El anfitrión me miró relamiéndose los labios — Es un accesorio para tu hermoso cabello, seguro volverás loco a todos y querrán comprar a un precio más alto. — Oh... Claro, lo siento, no sabía que eso estaba en la bolsa. —Tomé entre mis manos el accesorio, era brillante, mucho. Imaginé que eran perlas de fantasía y simplemente seguí mi camino a la tarima mayor, ya escuchaba el altavoz sonar. Estuve fuera de mí hasta oír mi nombre. — ¡... Daki! —Me levanté bajo la mirada de todas clavadas en mi, algunas se notaban mucho menores que yo y sentí un pesar grande. Planté una sonrisa enorme y atravecé las cortinas rojas que dividían aquella zona con la de las luces y ruidos estruendosos. Oí muchos chiflidos, di media vuelta y modelé con mucha gracia hasta donde Leon me miraba con una expresión de satisfacción en su rostro. Cuando estuve a su lado, él volvió a mirar al publico, era la señal para que yo hiciera lo mismo. Eran muchos, como de costumbre, también vi a las mismas personas, por lo regular eran 50 o 60 — Esta preciosa está a uno muy adsequible esta noche — Me señaló. Todos me miraban de pies a cabeza, adquirí una pose de lado — El precio está en el tablero ¡ahora! —Mostraron el precio y muchos suspiraron en derrota — Ya el postador puso este precio de base, pero si alguien está dispuest... — Pongo 100.000 más —Giré mi mirada a la persona que hablaba, era un viejo regordete con un traje muy elegante. — Vendido —Aguanté la respiración y tragué en seco. Con Paul hubiese sido más fácil, ya sabía cómo trabajarlo, pero un usuario nuevo era algo con lo que no tenía buenas experiencias. Leon me miró y bajó el micrófono para que no se oyera lo que me diría en el oído — Pórtate bien o no querrás pasar toda la semana con hielo en esa carita de princesa. Lo observé fijamente asustada, sabía que hablaba en serio. Asentí sin responder y bajé lentamente las escaleras camino al hombre del cual solo sabía que se llamaba Kyung, solo lo sabía porque miré su identificación colgando de su cuello. Barrió su vista por todo mi cuerpo y sacó una pipeta, aspiró y echó todo ese humo en mi cara, yo tosí. — ¿Qué edad tienes? —Lo miré alarmada, no eran preguntas que yo debía contestar. Él comenzó a reír y agitó su dedo en mi dirección — No soy tan nuevo como crees —Estaba muy confundida, su faceta feliz era algo extraño, simplemente ya no sentía que miraba mis tetas — Me sirves si mantienes la boca cerrada, era muda de ahora hasta el domingo, ¿comprendes? —Asentí. Obedecer cada orden. Íbamos por el pasillo que daba al parking privado, era oscuro y subterráneo para evitar a los curiosos. Jugada inteligente como muchas otras. Las reglas del juego eran simples, lo que me pidieran debía hacerlo. La única excepción era que pusiera en riesgo mi vida, pero incluso ese contrato tenía sus letras pequeñas. El hombre que iba a mi lado tenía a dos hombres grandotes detrás que se mantenían en silencio, llegamos a una camioneta negra de vidrios negros y me dijo que entrara. Hice caso y para mi sorpresa era una camioneta muy espaciosa, a mis lados estaban los guardias sentados y al frente estaba el Sr. Kyung viéndome fijamente a los ojos. — Por ahora puedes hablar —El auto comenzó a moverse, al parecer había un chofer esperándonos — ¿Qué edad tienes? Relamí mis labios y cerré los ojos brevemente pensando. — Tengo 20 —Mentí. Él asintió, como asimilándolo. — Pensé que tendrías unos 15 —Sonrió de medio lado. — ¿A ti te gusta esta vida? Apreté mi frente en señal de inconformidad con sus preguntas, pero me recompuse rápidamente y sonreí lo más natural posible. — Claro que sí, lo disfruto —Volví a responder sonriendo — Aunque me siento con mucha curiosidad por este tipo de preguntas —Lancé esperando más información de este sujeto, la pregunta no le gustó mucho porque me miró de lado entrecerrando los ojos. — No te pases de lista, ya te dije que no soy nuevo en esto. Vuelves a ser muda. Acepté sin rechistar y bajé la mirada a mis manos, no me había dado cuenta de que estaban muy sudadas, aunque hubiera un aire frio dentro del auto. Me costaba respirar con tranquilidad, me sentía apretada entre esos dos hombres, y en mi mente me imaginé muchas cosas. No conocía a ese hombre, y la mirada de Leon volvió a mi cabeza, pensándolo un poco más, Leon sonó más tenso que de costumbre. — Oye, llevo preguntándome desde hace rato, ¿quién te dio ese accesorio? —Lo miré, se suponía que no debía hablar así que me mantuve en silencio — Si te pregunto puedes hablar, niña. No seas imbécil, habla si te hablo, si no te hablo no hablas, eso significa ser muda. No te lo tomes tan literal —Retorció los ojos con fastidio — Siempre me tocan las cocas de cabeza. — Me lo dio el anfitrión —Él asintió. — Entonces no me equivoqué —Me confundí con sus palabras y extendió su mano — Devuélvemelo, es muy costoso. Te lo devolveré la próxima semana dependiendo de tu desempeño. Le entregué el accesorio, confundida, evité expresiones en mi rostro. — Te daré instrucciones en cuanto lleguemos a nuestro destino, por mientras, voy a dormir —Reclinó por completo su silla y se recostó de lado, en ese momento recibió una llamada. — ¿Pero por qué...? —Se lamentó mirando la pantalla, contestó — Hola hijo, ¿qué ocurre?... No... Ya veremos, déjala dormir... No, no es suficiente, no hay nadie de confianza, pero estoy buscando un reemplazo justo ahora —Me miró de reojo, giré mis ojos a la ventana, aunque no veía nada porque algo las cubría — Es sencillo, si vuelve a fallar, buscamos a otra... Es eso o nada, no discutiré ahora eso. Adiós. Vi que tecleaba algo en su teléfono y me tomaba una foto nada discreta, yo seguí con mi atuendo y el plug comenzaba a incomodarme mucho, me pregunté si faltaba mucho para llegar a donde sea que iríamos. Sería una noche larga y no entendía lo que quería ese tipo conmigo. Sin darme cuenta, caí dormida recostada a uno de los guardaespaldas.
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