Desperté en una habitación que desconocía por completo. Los ojos se me abrieron lentamente mientras me incorporaba en la cama. Todo era lujoso, muy diferente a lo que conocía. La ropa doblada a un lado de la cama parecía más adecuada, casual incluso. Una extraña sensación de incomodidad me invadió mientras observaba a mi alrededor. La mansión era un laberinto de pasillos opulentos y decoraciones exquisitas.
Decidí levantarme. Mi mente estaba atrapada entre el sueño y la realidad. El recuerdo del incidente en el autobús se apoderaba de mis pensamientos, incluso invadiendo mis sueños. El hombre misterioso y esa extraña interacción se habían convertido en un misterio sin resolver. Entre la bruma del sueño y la vigilia, caminé hacia el baño.
El baño era espacioso y elegante, con mármol reluciente y accesorios lujosos. Me miré en el espejo y vi a una joven desaliñada, con la mirada cansada pero llena de curiosidad. La ducha estaba a punto y, tras asegurarme de que el baño estuviera desocupado, me permití un relajante baño. Mientras el agua caliente caía sobre mí, los recuerdos del hombre del autobús volvieron a mi mente. Sentía su presencia, como si estuviera frente a mí. Recordaba su mirada intensa y la forma en que me había tratado. ¿Quién era él? ¿Por qué me perturbaba tanto? Cada detalle, cada gesto, se había grabado en mi memoria de una manera que no podía ignorar.
Después de la ducha, me vestí con la ropa que encontré en la habitación. La sensación de estar en un lugar desconocido me intrigaba. Salí de la habitación y comencé a explorar la mansión. Pasillos impecables, pinturas valiosas adornando las paredes y una elegancia que parecía no tener fin. Caminé con cautela, pero mi curiosidad superaba cualquier precaución. ¿Dónde estaba? ¿Quién me había llevado aquí? Cada puerta que abría revelaba una nueva habitación, cada sala escondía una historia diferente. La mansión parecía estar llena de secretos, y yo estaba en el epicentro de ese misterio.
Mientras exploraba, solo podía pensar: ¿qué significaba todo esto? La incertidumbre y la curiosidad se mezclaban, creando un torbellino de pensamientos que no podía ignorar. Con cada paso, me adentraba más en lo desconocido, preguntándome qué secretos escondía esta mansión y si algún día encontraría respuestas a todas mis preguntas.
Continué mi exploración por la mansión, maravillada por la opulencia de cada habitación y la magnitud del lugar. Mientras caminaba por uno de los pasillos, me encontré con una de las sirvientas de la casa, una mujer de mirada compasiva que parecía conocer los rincones más oscuros de la mansión.
— Señorita, por favor, sígame —dijo en voz baja pero firme. Asentí en silencio y la seguí sin hacer preguntas. La sirvienta me explicó que no debía alejarme de mi habitación sin autorización si no quería meterme en serios problemas.
El silencio entre nosotras era casi ensordecedor, solo roto por el eco de nuestros pasos en los interminables pasillos. Me preguntaba en qué tipo de lugar me había metido, qué secretos se ocultaban tras cada puerta cerrada y fortificada. Finalmente, llegamos a una habitación en particular. La sirvienta se detuvo y me miró con un gesto de comprensión antes de susurrar: "Hasta aquí la acompaño. Por favor, entra sin hacer mucho ruido".
Al entrar, me encontré nuevamente con el hombre misterioso del auto, el Sr. Kyung. Una sensación de nerviosismo me invadió cuando él se dirigió a mí con seriedad.
— Tu nuevo trabajo es cuidar a mi madre —dijo él, su voz resonando en la habitación. — Necesita cuidados especiales, no habla y requiere atención constante. No cuestiones, simplemente haz lo que se te pida.
Me mantuve en silencio, mirándolo con una mezcla de confusión y preocupación.
— No se te pedirá que hagas nada inapropiado con tu cuerpo —continuó el Sr. Kyung, leyendo mi expresión. Realmente eso no era lo que me preocupaba, era una oferta que nunca me habían hecho, ¿por qué precisamente a mí, una trabajadora s****l, me daban tal trabajo? Sin duda, algo de locos. — Si cumples con tu tarea de manera adecuada, serás recompensada y seguiremos contratándote —con una mirada severa, me indicó que podía desayunar con la comida ya preparada — Después de esta sala está mi madre postrada en cama, las instrucciones son claras y están en su agenda al lado de sus medicamentos, ya hay una enfermera que te apoyará en tus labores. Sé buena chica, si me entero de que hiciste algo que la dañe, te mataré.
Asentí en silencio, asimilando la extraña situación en la que me encontraba. Me sentía abrumada por la incertidumbre pero entendía que, por el momento, debía seguir las instrucciones y mantenerme alerta en ese extraño entorno. Asentí sin parpadear.
— ¿Su madre... está despierta? —pregunté con temor de decir algo que no debía. Vi al Sr. Kyung apretar los labios y levantarse.
— Vendré acabado el tiempo de venta. Compórtate.
Y sin más palabras, salió del lugar. Hasta ese momento pude levantarme para mirar por un ventanal, la buena noticia era que el lugar era muy agradable y limpio, no se veían muchas personas pero hasta ese momento pude notar cámaras en cada rincón de las paredes.
— Vaya... —suspiré.
Me quedé sola en la habitación, mirando a la anciana recostada en la cama. Todo en ese espacio era tranquilo, sumido en un silencio que casi podía tocarse. La habitación emanaba historia, con muebles antiguos y cuadros que parecían tener sus propias narrativas. La mujer mayor, inmóvil en la cama, parecía ajena a todo lo que la rodeaba. Sus ojos permanecían cerrados, y su respiración constante era la única señal de que aún estaba entre nosotros. Sentí una abrumadora responsabilidad al verla, cuidar a alguien que claramente no podía cuidarse por sí misma.
Mis pensamientos se convirtieron en un torbellino. Las instrucciones del Sr. Kyung resonaban en mi cabeza, pero seguían siendo ambiguas. ¿Qué significaba exactamente "cuidarla"? ¿Qué esperaba él que hiciera? Y lo más inquietante: ¿por qué me había escogido a mí para esta tarea?
Mientras intentaba entender todo, entró en la habitación la enfermera, Kim era su nombre por lo que pude leer en su etiqueta. Era una mujer de edad avanzada con una mirada bondadosa y comprensiva.
—Hola, soy Kim. El Sr. Kyung me dijo que estarás asistiendo en el cuidado de la señora Lee —dijo Kim con una sonrisa amable, acercándose a la cama—. Ella necesita atención constante y es esencial seguir su rutina diaria. Aquí tienes la lista de medicamentos y las instrucciones para su cuidado. No te preocupes, estaré aquí para guiarte en todo momento.
Tomé las indicaciones, agradeciendo la ayuda de Kim. Mientras escuchaba atentamente las instrucciones, mi mente seguía llena de preguntas. ¿Qué padecimiento tenía la señora Lee? ¿Por qué necesitaba tanto cuidado? Y, sobre todo, ¿por qué habían pensado en mí para este trabajo?
Cada rincón de la habitación parecía encerrar secretos. La curiosidad por descubrir más sobre la señora Lee y los misteriosos Kyung se intensificaba. Pero por ahora, mi objetivo principal era cumplir con mi tarea y aprender todo lo necesario para cuidar a la señora Lee adecuadamente. Me senté al lado de la cama, observando con atención a la anciana. Había algo en el ambiente, una sensación de intriga, como si ese lugar y esa mujer fueran parte de algo más grande, algo que estaba a punto de descubrir. Descubrir aquello que tanto llamaba mi atención no era lo que debía hacer, si bien yo era muy curiosa, sabía que habían límites ante lo que podía y no podía hacer, hasta ese momento había logrado conocer un poco de la estructura de la mansión, eran 5 pisos y las salas eran tan grandes que no dudaba que hubieran 1 hectárea completa de terreno, sin contar el jardin lleno de flores y arboles frutales, lucía como todo un paraiso, pero algo no terminaba de convencerme del todo.
Suspiré y traté de poner mis prioridades en lista. Antes que nada, cuidar a la madre del Sr. Kyung, tenía ronda de medicamentos cada 4, 6 y 10 horas así que debía estar muy atenta, por fortuna la enfermera me dejó un reloj de alarma antes de irse. Volví a resoplar.
— Será una semana muy larga —Murmuré dejándome caer en el mullido sofá al lado de la cama donde postraba aquella anciana. De todas maneras era mucho mejor esto que entregar mi cuerpo a señores de avanzada edad, quienes eran los que tenían más dinero en general. Cuanto deseaba poder cumplir mi mayoría de edad para poder llevar a cabo mi plan de escape, Leon me ponía los pelos de punta, es una bestia completa y no puedo permitirme fracasar en esta tarea que me habían dado, ultimadamente para eso nos contratan.
"Lo que el cliente te pida, hazlo, incluso si te pide que te cortes un dedo", lo último lo había mencionado él con una risa muy bizarra, tal vez sí lo dijo en broma porque no les conviene que sus chicas estén incompletas de alguna parte, nadie querría estar con ellas. Pero el problema era si alguien se quejaba, aún si no tuvieran la razón, nos disciplinan para ser perras falderas. Es el único motivo por el cual no podemos permitirnos mostrarnos como realmente somos. Es una pena, pero es lo que nos corresponde.