Capítulo 4

2021 Palabras
Era de noche y estaba bastante aburrida, una tarea tan sencilla como esta no era nada difícil de seguir. Yo solo debía sostener las medicinas mientras la enfermera muy diligente se las aplicaba al suero. Ella traía una bandeja con algunas vasijas de vidrio y metal, agujas y más suero, yo entregaba las que estaban en mi poder y ella hacía prácticamente todo el trabajo. Ya se había cumplido la última ronda de medicamentos así que me dediqué a salir al balcon. La vista era preciosa. El balcón se extendía majestuosamente desde la mansión, ofreciendo una vista panorámica que se desplegaba como un lienzo infinito. El silencio nocturno era absoluto, solo interrumpido por el susurro suave de la brisa que acariciaba mi rostro. A lo lejos, la oscuridad reinaba, sin luces que competían con el resplandor natural. Pero fue el cielo estrellado el que me cautivó por completo. Una vastedad ilimitada se desplegaba sobre mí, un manto n***o salpicado de millones de diamantes brillantes. Cada estrella parecía tener su propia historia, parpadeando en la distancia y formando un mapa celestial que me invitaba a explorar. La Vía Láctea, como una pincelada de luz difusa, se deslizaba majestuosamente, conectando cada estrella y constelación en un tapiz celestial. Las estrellas más brillantes, como faros en la oscuridad, eran testigos mudos de historias milenarias, llevando consigo secretos del universo y sus misterios. Algunas parecían más cercanas que otras, como si pudiera extender la mano y tocarlas, como si pudiera alcanzar el infinito y descubrir lo que yacía más allá de mi comprensión. Una ola de nostalgia me invadió de repente. Aquella vista estelar me recordaba a noches pasadas, momentos de serenidad y calma, experiencias compartidas con seres queridos que ya no estaban. Los recuerdos se agolparon, trayendo consigo emociones de ternura y añoranza. El susurro del viento se convirtió en el eco de voces familiares, en risas pasadas y conversaciones entrañables que, en ese momento, parecían más cercanas que nunca. La belleza del cielo nocturno me sumergió en un remolino de sentimientos, mezclando la nostalgia con la maravilla de lo que tenía frente a mí. Era como si la inmensidad estelar susurrara historias de tiempos pasados y promesas de futuros inciertos. En aquel instante, me sentí conectada con algo más grande, una sensación de pertenencia en un universo vasto y en constante movimiento. Esto era algo que pocas veces me sucedía, pero trataba de disfrutar cada segundo de desrealización, me traía paz y añoranza, me daba fuerza para aquella que tanto quería lograr, aquello por lo que lucho. Algo que nadie sabrá hasta que lo vea materializarse. — ... —Un susurro inentendible se escuchó detrás de mí. Sentí los vellos de mi cuello erizarse, ya que se suponía que no habría nadie más que la Sra. Lee y yo. Miré hacia atrás y todo estaba completamente normal, la luz tenue de la lampara de mesa iluminaba con suavidad el rostro de ella. Dejé salir el aire que estaba conteniendo y cerré el ventanal. A lo mejor era el viento. Caminé a paso lento pero unos leves golpeteos en la puerta me hicieron detener en seco. Miré con algo de temor la manija moverse, toda una película de terror se estaba armando en menos de lo que cantaba un gallo y yo no estaba preparada. Lo primero que hice fue buscar algo con lo cual defenderme, no había nada. — Demonios... —El golpeteo se detuvo apenas hablé, la menija empezó a moverse de forma más brusca y me alarmé más que antes. Mi respiración se aceleró y solo pude pararme frente a la cama de la Sra. Lee. Tal vez por esto me trajeron aquí, traian a chicas para que un fantasma no se llevara a la señora moribunda. Me regañé mentalmente por pensar en eso, sea como sea, al parecer ya la puerta iba a ceder. Apreté fuertemente mis ojos y abri mis manos tratando de cubrir el cuerpo de la Sra. Lee. Un jadeo intermitente me hizo abrir uno de mis ojos, afortunadamente no era ningún fantasma. Una mujer de aspecto muy cuidado y elegante me miró con fura en sus ojos, se notaba indignada y muy molesta, dio tres zancadas hacia mi y la miré fijamente sin pestañear. Si no era un fantasma no debía preocuparme tanto, así que la miré desafiante, no le haría nada a esa señora en cama si yo estaba ahí. Antes de poder decirle que se retirara, vi como una bofetada se plantaba en mi mejilla. — ¿Qué demonios haces con mi madre? Mujerzuela, ¡ya me contaron! ¡Ya sé donde trabajas! —Mi rostro quedó mirando hacia el suelo y mi cabello cubriendomelo. Dejé caer mis brazos comprendiendo que no le haría nada a la Sra. Lee, suspiré aliviada — Respondeme, mugrosa —Esta vez sentí una palmada en mi oreja, el angulo dio para que me aturdiera unos segundos y me tambaleé. La miré confundida, pero ella mantenía su expresión la cual a cada segundo se descontorneaba más. Estaba colérica — ¿Quíen mierdas te trajo aquí? ¿Quién te dio permiso de ensuciar nuestra casa? ¡¿Eh?! —Otra bofetada, esta vez más fuerte. — El Sr. Kyung... —Vi como abrió los ojos par a par. — ¡Mentirosa! —Me empujó — ¡Vete de mi casa ahora! —Volvió a empujarme hasta que me acorraló contra la pared, pegó su nariz a mi cuello y me miró con repudio — Hueles a puta. — Señora, permitame explicarle —Traté de hablar. — ¡Callate! Hueles mal, quiero que te vayas —Se alejó de mi para acercarse a la Sra. Lee, quien era ajena a nuestro encuentro. — No puedo creer lo que hizo ese hombre, no te respeta... —Esta vez se lo dijo a ella. — No puedo irme... —Murmuré. Me dio una mirada feroz. — No me interesa lo que quieras, te vas ya mismo. ¡Tessa! ¡TESA! —Gritó mientras sostenía la mano de la Sra. Lee. Escuché pasos rapidos y fuertes, tacones. — ¿Qué ocurre? —Una mujer más o menos de la misma edad hizo aparición. Miró la escena de ellas dos en la cama y a mi aún pegada a la pared. — ¿Quién es esta chica? — ¡Sácala de aquí! ¡Es una prostituta! —Comenzó a llorar sin control y a gritar — ¡Llévatela! Yo hasta ese punto estaba en shock, no pude evitar mi parálisis momentánea, incluso cuando la mujer que se acercó a mí y me tomó del brazo para llevar a la salida, no pude hacer nada. Solo miraba al piso conteniendo mis ganas de soltar miles de groserías, apenas comenzaba a reaccionar, pero de cualquier manera aunque ella me hubiera golpeado, yo no podía hacer nada al respecto, ni siquiera defenderme. Sería peor para mi si León se enteraba de esto, es cierto, no podría irme. Debía volver. — No puedo —Me detuve en seco en medio del pasillo. La mujer aún sostenía mi brazo, no de manera brusca, más bien suave y delicada. Me miró con una expresión extraña, no era compasión pero algo similar. No supe interpretar lo que pensaba. — ¿Cómo te llamas? —Cuestionó. Su voz era muy suave. — M-Me... —Se me trabó la lengua. Miré hace un lado — Me llamo Daki. Me sentía incomoda por alguna razón, era la primera vez que estaba en una situación como esa. — Mmm... Entiendo... —Ladeó la cabeza tratando de hacer contacto visual conmigo. Al ver que era inútil, se irguió. Cada movimiento que hacía, era majestuoso. — Esa mujer que acabas de ver, es mi prima. Ella es muy explosiva, vamos a otro sitio donde pueda limpiarte el rostro, ¿está bien? —Su propuesta llamó mi atención. Esta vez la miré con un poco más de confianza, ella me examinaba cada milímetro de mi, estaba muy atenta a mis expresiones. Sonrió y soltó mi brazo. — Vamos por aquí. Caminé a su lado por varios minutos. Comenzaba a sentir caliente mi cara, la toqué un poco pero el dolor se intensificó, hasta ese momento noté que tenía el labio roto. Ni siquiera el sabor de la sangre me había hecho darme cuenta de esa herida. No dolía, no excatamente, era un ardor inusual. Tal vez aquella mujer tenía anillos. Divagando un poco en mis pensamientos bastó para que me distrajera de esa sensación, entramos a una habitación que parecía ser una enfermería bastante amplia. — ¿Por qué todo aquí es tan grande? —Me cuestioné en voz baja. Escuché una risa cerca de mi, no era burlona. — Bueno, a mi prima siempre le ha gustado exagerar un poco. —Me señaló una camilla — Ven, siéntate. —Hice lo que me dijo y la observé mientras buscaba agua oxigenada y gasas, además de una almohadilla congelada. — Así que... Está cuidando de la Sra. Lee —Asentí, ella se acercó y comenzó a limpiarme el rostro con las gasas y el agua oxigenada — ¿Quién te contrató? — El Sr. Kyung —Ella se quedó en silencio mientras terminaba. — ¿No te duele mucho? —Negué. La verdad ya no se sentía tan mal, con el tiempo te terminas familiarizando con ese dolor y te vuelves más tolerante. — Ponte esto en la cara, más que nada... —Me señaló la mejilla izquierda — Aquí. Seguí su indicación, el frío me sorprendió un poco pero lo mantuve firme en esa zona. Aquella mujer para ser pequeña y delgada, pegaba fuerte. — ¿Eres estudiante? —No dejó de mirarme ni un segundo. Negué con la cabeza, esa información no debía saberla nadie — ¿Puedo saber por qué? Pensé muy bien mi respuesta, correspondí su mirada con decisión y tomé una bocanada de aire para hablar. — Debo trabajar, no me queda mucho tiempo... Pero me gusta leer. —Ella sonrió pequeño. — ¿Qué tipo de libros? —La miré incrédula. — No tienes que responderlo. — Disculpa, no es eso. Es solo que después de lo que pasó ahorita es extraño que comencemos a hablar de libros simplemente. Ella soltó una risa nerviosa. Me agradaba. — Tienes razón, lo siento. — Tranquila —Quité el hielo de mi cara y me levanté — Muchas gracias por tu ayuda, pero debo volver a trabajar. — ¿Piensas volver? —Asentí cabizbaja — A ella no le agradan las extranjeras. Mi cabella sí que era un problema, aunque lo era todo en mí. Mis facciones, la forma de mi cuerpo, el color de mis ojos. Era un desafía pasar desapercibida, eso era lo que a León le gustaba de mí. — No es mi culpa —Respondí cortamente — Además, si me voy tendré graves problemas. No puedo irme. — ¿Es cuestión de dinero? — No lo es. Solo que firmé un contrato y si a mi jefe le dicen que no cumplí, me van a joder. — Ella se mantuvo de pie apretando los labios. — En serio, agradezco tu ayuda... Tataré de explicárselo a aquella mujer... Por cierto, no me has dicho tu nombre. — SoHyang —Dijo — Y no te recomiendo subir por ahora, ya terminó la ronda de medicamentos de todas maneras, ¿no es así? Te sugiero que descanses aquí hasta mañana. —Se levantó y caminó con calma a mi lado — Espero que nos volvamos a ver, Daki. Y sin decir más nada, se fue caminando. Sus tacones resonaban al compás, sin duda era una mujer con clase, no solo la ropa que usaba lo decía, sino también la forma en la que caminaba. Mordí mi labio, pasé mi lengua sobre el mismo y sentí la hinchazón. Opté por seguir su consejo, la siguiente ronda era en la mañana y apenas era de noche, además, mientras aquella mujer estuviera ahí no podría hacer más nada sino recibir insultos y golpes. Me recosté en la camilla y cerré mis ojos, sin darme cuenta, me quedé dormida.
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