Capítulo 5

1973 Palabras
Era ya domingo por la noche, el tiempo se había pasado de una manera lenta que aterraba. Cumplí mis tareas con la Sra. Lee y estuve en todo momento en la habitación, a pesar de lo inquietante que era estar en una habitación con alguien que no hablaba ni se movía. Justo ahora me encontraba en el sofá esperando mi siguiente indicación, la mujer que me había encontrado el primer día mientras curioseaba en los pasillos había llegado pocos minutos atrás informándome que el Sr. Kyung venía en camino por mí. Me estuve cuestionando todo este tiempo lo rentable que era esta labor, incluso parecía un trabajo normal. Sonreí ante ese pensamiento. Pronto… A lo lejos oí unos pasos acercarse, seguidamente, la puerta se abrió. Imponente estaba frente a mí el Sr. Kyung. Inspeccionó la habitación con detalle, finalizando sobre el rostro de su madre, pude ver como se ablandaba un poco sus facciones. Se notaba que la amaba mucho. Giró su vista hacia mí, levantando una de sus cejas, me llamó con un gesto. Lo seguí desde lejos, unos cuantos pasos atrás. Estuvimos todo el transcurso en silencio, solo caminábamos hacia la salida, la cual aún no sabía dónde se encontraba. Si lo pensaba con detenimiento todo había sido una locura desde el inicio, ero todo lo que se podía esperar si alguien se encontraba a mi lado. Salimos por el gran portón y atravesamos en jardín a paso rápido, no tuve mucho tiempo de tratar de ubicarme, tampoco es como si pudiera ser capaz; sin embargo, la noche estaba penumbrosa fuera de las puertas, la neblina se hacía paso poco a poco. La tela que me cubría por fortuna era lo suficientemente gruesa como para cubrirme del frío que estaba presentándose en ese momento. — Dame un reporte del estado de mi madre —Fue lo primero que dijo cuando ya estábamos en el auto. Mantuve mi mirada inexpresiva mientras pensaba en qué responderle, él me miraba en todo momento a los ojos. Tomé una bocanada tratando de que no me temblara la voz y me acomodé, ya no estaban sus guardias por fortuna, así no me sentía más tensionada. — Su madre e-está —Me carraspeé la garganta desviando la mirada por la ventana, todo era oscuro, lo único que alcanzaba a divisar eran los arboles — Estuvo todo el tiempo en cama, traté de cuidarla todo lo que pude en compañía con la Sra. Kim, se le administraron los medicamentos en los horarios indicados y… Eso fue todo con respecto a ella. —Finalicé volviéndolo a ver, noté que entrecerró los ojos. Mi corazón se aceleró, si por alguna razón decía algo que no debía y se lo decía a Leon, me iría muy mal. — ¿Nada más? —Tragué en seco, ¿había algo más de lo que me estuviera olvidando? Estuve pendiente de todo, cambio de suero, cambio de ropa, baño, ¿qué faltaba? — Me gustan las chicas que no hacen drama, pero es importante que me digas si alguien que no está autorizado ingresa a la habitación, debe quedar eso claro. — Su esposa estuvo ahí —Él asintió. — Lo sé —Lo observé mientras levantaba la cabeza, hasta ese momento noté que sobre nosotros había un techo corredizo, miré fascinada las estrellas. — Ella es temperamental, ¿te hizo daño? — No se preocupe por mí —Respondí aun mirando el cielo. Había quedado hipnotizada por unos largos segundos, miré su rostro neutral — Por otro lado… ¿Volverá a contratarme? — Toma —Me entregó una bolsa pequeña, tenía un diseño bastante particular, parecía un regalo — Es la joya que traías aquella vez, asegúrate de usarlo cada vez que tengas que ir de subasta, enviaré a alguien de ahora en adelante para que te compre. No falles. Recibí el objeto con sorpresa. — ¿Quiere decir que pasé la prueba? —Volvió a levantar la ceja, esta vez de forma burlona. — Nunca hubo una prueba, simplemente si fallabas dejaba de contratarte. Tienes tu propia vida y hay muchas que podrían hacer algo tan sencillo. —No podía refutar. Era suerte que me haya pedido hacer una labor como esta, no me quejaba. Pero sí sentía mucha curiosidad. — ¿Por qué me…? —Levantó su dedo índice y negó. — No pierdas la joya, vale más que tú y todas tus compañeras juntas. —Asentí bostezando. Me entró mucho sueño, así que me acomodé. El camino era largo y estas noches casi no pude pegar el ojo, así que estuve solo leyendo un libro que encontré en la habitación, un libro para niños. Estuve deseando toda la noche ser el personaje principal, que se libraba de su maldición y vivía feliz para siempre, lastimosamente ese tipo de historia no estaba destinada para personas como yo. UNAS HORAS DESPUÉS — Sí, señor. —Escuché una voz apagada y lejana. Me erguí en el asiento y limpié mis ojos bostezando. La puerta a mi lado se abrió, temblé del frío. — Disculpe. — Tranquilo —Respondí, me di cuenta que habíamos llegado a Mullae, así que me dispuse a salir — ¿El Sr. Kyung? — Me dejó encargado que la acompañara hasta el hotel —Ladee la cabeza, en realidad le trataba de preguntar dónde estaba él. No insistí. — Muy amable, de aquí puedo ir caminando sola —Realmente no estaba muy lejos, habíamos quedado en el parqueadero que quedaba a unas dos calles. Dí dos pasos hasta que sentí que alguien me tomaba del brazo. — No es algo que puedas decidir —Me respondió, por alguna razón no me hizo sentir muy tranquila su tono de voz — Vamos. —Dicho esto, me soltó y comenzó a caminar. Mantuve mi marcha a su lado. Era un hombre alto y bastante musculoso — Por cierto, me llamo Yun, disculpa por lo de antes. Asentí sin responderle. No era bueno involucrarse de más con los clientes o sus conocidos, o peor aún, con sus propios empleados. Aun así, no quería parecer una grosera. Mordí mi labio inferior dudando si responderle, al cabo solo era una presentación. Trataría de responder solo lo necesario, con suerte lo seguiría viendo si continuaba trabajando para el Sr. Kyung. Carraspee para llamar su atención después de un minuto. — Yo soy Daki, un gusto… —Mi voz fue solo un susurro. No me consideraba una persona tímida para nada, pero era inevitable para mí sentirme expuesta e insegura con alguien que no conocía. Muchas cosas suceden si da más confianza de la que la persona merecía. — ¿Eres extranjera? —Cuestionó con voz emocionada — Bueno, eres pelirroja, claro que debes serlo, porque eres pelirroja, ¿no es así? — Eh… Sí lo soy —Bajé la mirada, la parte trasera de “Mullae’s Hotel”, a donde nos dirigíamos, estaba atestado de gente haciendo de las suyas, esquivé a un hombre que deambulaba sin sentido. — Deberíamos caminar más rápido. Yun no habló más y lo agradecí mentalmente, llegamos rápidamente a nuestro destino y en la recepción, la chica me pidió llenar mi bitácora de llegada. — El Sr. Kyung me permitió acompañarla hasta aquí —Hasta ese momento pude verlo con más claridad. Facciones fuertes y duras, musculoso, alto. Estéticamente muy apuesto, la recepcionista lo miraba atontada. — Aquí está —Entregué la libreta después de poner mi firma — Adiós. Con una leve reverencia me despedí de Yun sin mirar atrás. Ahora el siguiente paso era hacer el “Check-In”. Me sentí inquieta por el acompañante de antes, no era que quisiera ser grosera, de ninguna manera. Pero no era la primera vez que me ocurría, y nunca terminó bien, ya no era necesario que me esforzara por vínculos inservibles, de eso me ocuparía una vez saliera de este infierno. — Pero mira quien vino —El anfitrión me esperaba como de costumbre en la habitación, mi hora había sido perfecta para no encontrarme con nadie más haciendo fila de espera. — Mi VIP favorita —Le sonreí de vuelta. A diferencia de los fines de semana, los domingos en la noche hasta el jueves, su rostro se veía demacrado. El poder del maquillaje — Muy bien, ya sabes el protocolo. Sin mediar palabra procedí a desnudarme frente a él, levanté mis brazos y piernas. Él me escudriñó con la mirada cada parte de mi cuerpo durante 5 minutos exactamente y asintió. — Todo en orden —Comenzó a anotar algo en la laptop, yo por mi parte tomé la ropa para vestirme nuevamente. No me afectaba que me vieran desnuda, era algo normal ya — Tu mejilla —Señaló la suya en una zona específica — ¿Qué le pasó? — Nada grave, realmente. Con algo de hielo estará muy bien en unos días —Respondí terminando de vestirme. Saqué mi cabello que se había quedado dentro de la camisa cuando me la había puesto. — Está bien, asegúrate de ponerte el hielo… Sabes que a Leon le desquicia eso —Temblé con su mero nombramiento — Solo te aviso lo que ya sabes, ya puedes irte. — Gracias —Me despedí y salí, afuera pude ver a dos chicas llegar, ninguna saludó y yo tampoco lo hice. A nadie le interesaba hacer amigos reales en ese sitio, finalmente todas estamos condenadas a hacer algo que nos acompañaría el resto de nuestras vidas, porque, aunque me fuera nunca olvidaría nada de lo que había vivido. Algo que no se puede controlar, tan simple y llano como nuestro pasado formándonos con cada decisión que tomamos. Bajo ese pensamiento caminé por los pasillos de color vainilla claro, el hotel tenía una fachada increíblemente lograda, nadie sospecharía que tienen a jóvenes trabajando de esta manera en sus salas y habitaciones privadas. Por fortuna casi nadie iba a molestarnos durante el día en la zona de las llamadas popularmente “kisaeng”, algo que criticaba mucho yo, no éramos ningunas artistas predestinadas a entretener a nadie. Simplemente éramos putas. Suspiré al notar que me acercaba a la puerta de la habitación que compartía con Jennie, algo nerviosa entré en silencio. Escuché un sollozo pequeño. — ¿Jennie? —Silencio. Todo estaba oscuro asi que peleé para no caerme al cerrar la puerta y encontrar donde encender la luz. — Jen. —Encendí la luz y la pude ver de espaldas, aparentemente dormida. La llamé repetidas veces, pero no me respondió. — Muy bien… Descansa. Di la espalda para dirigirme a mi cama y quitarme la ropa para darme un baño, me aseguré de guardar la joya en un lugar seguro. Hacía mucho frío, pero necesitaba usar una ropa más cómoda para dormir, así que eso hice. Procedí a darme un baño relajante, amaba el agua fresca en verano y la tibia en invierno, aunque justo ahora no tuviera agua tibia para nada. Estaba helada así que me bañé con prisas y temblé varias veces. — Daki —Quedé helada, y no precisamente por el agua. La voz que escuché era la de Leon a través de la puerta. Entré en pánico y pude sentir como mi cara de deformaba de la revoltura que tuve en mi estómago, ¿acaso algo había salido mal? ¿por qué me venía a ver si el Sr. Kyung me había dicho que volvería a comprarme? No tuve mucho tiempo de pensar así que tomé la toalla más cercana que encontré y me envolví, me temblaban las manos y respiraba de manera irregular. Me sentía mareada, todo comenzó a verse más grande de lo que era. Traté de guardar mi compostura y cuando me decidí por abrir la puerta, esta fue abierta del otro lado por un Leon inexpresivo. Mi mundo cayó al suelo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR