Capítulo 11.
Cuando estuvimos en la estación principal de buses, el auto permanecía encendido y lo miré sin saber como despedirme. Rei nerviosa paseando mis dedos por mi pierna de forma descuidada.
— Gracias por traerme —Expresé deslizando mi mano con delicadeza mi mirada hasta sus labios. Cada vez sentía una urgencia creciente por tocarlos con los míos. — ¿Me escribirás?
— Apenas llegue al apartamento —Reiteró — ¿Segura que irás en bus? —Volvió a sacar el tema.
Negué sonriéndole tranquilamente.
— No te preocupes, puedo llegar sola sin problemas, es mejor ir poco a poco —Debía ingeniarme las formas en las cuales podría permitirme que esto funcionara.
Ciertamente YoonGi era muy guapo. Poseía un rostro enigmático que parecía esculpido con precisión, reflejando una mezcla cautivadora de seriedad y misterio. Su tez pálida resaltaba sus facciones afiladas, con ojos que, aunque intensos, también guardaban una chispa de curiosidad. Las cejas bien definidas se arqueaban ligeramente, añadiendo una nota de sofisticación a su expresión. En cuanto a su mirada, esta era penetrante y capaz de revelar mucho más de lo que sus palabras permitían. El cabello oscuro de YoonGi, siempre impecablemente peinado, caía en mechones suaves que enmarcaban su rostro, añadiendo un toque de rebeldía a su imagen pulida. La perfección de sus rasgos contrastaba con la realidad oscura y compleja que sabía que yacía detrás de esa fachada.
Aquella la camiseta blanca de botones que llevaba esa tarde se ajustaba a la perfección a sus fornidos músculos, delineando de manera sutil pero evidente la fuerza que se ocultaba bajo la tela. El tejido se estiraba ligeramente para adaptarse a la definición de su pecho y abdomen, creando una visión provocativa de su figura. La camiseta de mangas largas, de alguna manera, revelaba sus brazos bien formados, haciendo que su presencia resultara aún más imponente.
La combinación de su atractivo físico y su aura de misterio confería a YoonGi un atractivo ardiente y magnético, convirtiéndolo en un enigma que difícilmente podías ignorar. Al menos, esa era la manera en la que lo veía yo.
— Vuelves a quedarte absorta en tu mundo —Se burló recostándose en el respaldar de la silla del piloto, tomó el volante y apagó el auto — ¿Mañana tienes planes en la noche?
— No —Dije sin pensar. Abrí lo ojos negando — Disculpa, debo quedarme atendiendo unas clases privadas.
Mentir no era algo que se me diera fácilmente, mi rostro era demasiado transparente cuando se trataba de expresar emociones. Siempre era descubierta cuando de mentiras se trataba, pero, con YoonGi me estaba esforzando diez veces más.
— ¿Y en la tarde? —Recargó su peso en su brazo inclinándose hacia mí. Me sentía acorralada, él soltó una risa risueña. Sus ojos se hicieron pequeños y volvió a recomponerse.
— Será en la tarde. Tendrás que sorprenderme —Le dejé la tarea más difícil, escoger la temática de nuestra primera cita formal, aunque… ¿era una cita con todas las de la ley?
Hizo un gesto con su boca y asintió aceptando el reto.
— Muy bien, Nat. —Quitó el seguro del auto y yo abrí la puerta. Me hubiese gustado durar más tiempo así — No desaparezcas ahora —Bromeó. Yo sonreí embobada.
— Nos vemos, YoonGi —No dejé que me respondiera cuando cerré la puerta del auto y me di la vuelta para cruzar el puente peatonal.
Vi de reojo el auto aún parqueado, e ingresé a la estación luego de pasar el tiquete. Sentí algo vibrar en mi bolsillo, metí mi mano y saqué el teléfono que YoonGi me había dado. Deslicé mi dedo sobre la pantalla donde había de fondo un paisaje bastante llamativo, abrí la barra de notificaciones.
“Has recibido un mensaje de texto”
Toqué la notificación y leí el mensaje, seguido a eso, un calor llegó a mis mejillas sin previo aviso.
“Te ves hermosa incluso desde lejos”
Miré a la lejanía y el auto aún seguía parqueado.
“No olvides nuestro encuentro, ¿puedo ir a buscarte para que no tengas que ir en bus?”
Traté de teclear lo más rápido posible, pero no estaba convencida de lo que había escrito. Estuve evaluando si mi ortografía era correcta y recibí un mensaje más de él.
“¿Todo bien?”
Suspiré enviando el mensaje y lo guardé en mi bolsillo, ya el bus había llegado. Entré y me tuve que quedar parada en la entrada, estaba abarrotado de personas, no me sorprendía porque la hora pico estaba comenzando.
Me recosté a una de las barras del bus sacándolo nuevamente. Leí su respuesta, un emoticón de corazón.
¿Cómo respondía eso?
Escribí: “Te burlas de mí?”
“Para nada, me causa curiosidad que sea la primera vez que usas un teléfono”
“Si escribes mientras conduces, vas a tener un accidente”
Luego de eso, no tuve una respuesta instantánea. Me reprendí por haber sonado muy grosera, tal vez pensaría que no quería hablar con él, así que volví a escribir un mensaje después de 10 minutos sin una respuesta de su parte.
“¿Estás bien?”
“Todo bien, ¿preocupada?”
No respondí después de eso. Él iba conduciendo y no quería que tuviera un accidente real por mi culpa. Estuve mirando por la ventana del frente sin enfocar nada en específico, había demasiadas personas abarrotadas como para permitirme una vista completa del exterior. Dudas y preocupaciones se agolpaban en mi mente, creando una tormenta emocional. ¿Cómo podría mantener una relación amorosa cuando mi vida estaba de cabeza? Trabajar en Mullae añadía un nivel de complicación que no podía ignorar. Me reprochaba por intentar involucrarme en algo tan serio, recordando un intento similar años atrás que no terminó bien. En aquel entonces, era una niña, y los problemas no me afectaron tanto. Pero ahora, la situación era mucho más complicada y formal.
Mis pensamientos se enredaban con el temor de lastimar a YoonGi o enfrentar la desaprobación de Leon al enterarse, que rogaba por todos los cielos, no pasara. No quería ver la decepción en el rostro de YoonGi al descubrir mi vida en Mullae. El peso de la responsabilidad y el miedo a herirlo se hacían evidentes en cada pensamiento.
En el fondo de mi corazón, sabía que las cosas no serían fáciles, pero la conexión con YoonGi era innegable. A pesar de mis inseguridades, decidí enfrentar los desafíos que se avecinaban. ¿Cómo podría renunciar a algo que parecía tan genuino, a pesar de los obstáculos que se presentaban en mi vida? Me prometí a mí misma ser honesta con él y afrontar lo que viniera, sin importar las dificultades que encontráramos en el camino.
Pero claro, eso sería algo que surgiría poco a poco, iba a ir permitiéndome hacer esto algo que valiera la pena. No estaba muy convencida de sus sentimientos porque había sido muy ambiguo al responder, pero haría lo mejor que pudiera, daría mi mejor esfuerzo. Con cada mensaje que intercambiábamos, con cada sonrisa que compartíamos, empezaba a vislumbrar la posibilidad de que esta relación fuera más profunda de lo que inicialmente imaginé.
Mientras el autobús avanzaba por las concurridas calles de la ciudad, me sumí en mis reflexiones. ¿Qué implicaba realmente abrir mi corazón a alguien tan intrincado como YoonGi? Aún no tenía respuestas claras, pero estaba decidida a descubrirlo. Tal vez, en medio de todas las dudas y obstáculos, encontraríamos una conexión auténtica que hiciera que valiera la pena enfrentar cualquier desafío. Al llegar a Mullae, me prometí a mí misma ser valiente. Sabía que el camino no sería fácil, pero algo en la mirada de YoonGi me decía que él también estaba dispuesto a enfrentar lo que fuera necesario. Mis preocupaciones no desaparecieron, pero decidí abrazar la incertidumbre con la esperanza de que, al final del día, nuestra relación prevalecería, sobre todo.
Guardé el teléfono antes de ingresar al lugar, aún sentía la calidez de sus mensajes resonar en mi mente. Cerré los ojos y suspiré, dispuesta a enfrentar el mañana con determinación y el deseo de descubrir qué nos depararía el futuro. Enfrentar mi trabajo en Mullae, mi pasado y mis miedos personales sería un desafío, pero ahora no me sentía sola. YoonGi parecía estar dispuesto a caminar a mi lado por ahora, y eso hacía toda la diferencia.
Caí en cuenta de que tal vez, y solo tal vez, me estaba ilusionando mucho con este hombre. Pero era inevitable, a pesar de que caí en cuenta de que podría solo estarse aprovechando de mi inocencia en las relaciones, me permití continuar pensando que realmente yo le gustaba.
La noche transcurrió con normalidad, las luces neones estaban al compás de la música que sonaba, al igual que mis pasos sobre la tarima. A lo lejos vi a Leon relamiéndose los labios, parecía ebrio, sus ojos estaban más pequeños de lo normal y entendí cómo sería el final de mi noche. Las sabanas y almohadas de la habitación de Leon fueron testigos de sus acciones aquella noche, donde solo podía pensar en que YoonGi debería ser el único hombre que podría hacerme algo así. Leon era brusco en sus embestidas, pero yo gemía sabiendo que, si mostraba un atisbo de insatisfacción, me molería a golpes. Luego de terminar, yo sabía la rutina, permanecer todo el tiempo en cama con él dormido a mi lado; no pude pegar un ojo. Cuando verifiqué que estuviera profundo en su sueño, unas lagrimas cayeron de mi rostro, me puse de medio lado dándole la espalda sintiendo un ligero pellizco en mi zona intima.
Me lo había prometido a mi misma; me prometía salir de ese infierno pronto.