Su pálida mano se posó en mi cintura y quedé petrificada por su mirada tan profunda, aunque eran oscuros, parecían arder en fuego vivo. Su tacto se sintió tibio sobre la tela a pesar de lo gruesa que era, se acercó más a mí, sus labios se entreabrieron. Eran rosados y delgados, pasó su lengua sobre ellos y desvió la mirada.
— Vamos por aquí —Me indicó con su barbilla y en un mero murmuro. Su mirada se apaciguó solo un poco, por alguna razón mi cuerpo no me respondió sino después de varios segundos — Puedes sentarte ahí —Señaló unos sofás blancos bastante grandes, detallé cada lugar. La cocina se veía impecable, no había nada sucio, al igual que el piso estaba perfectamente limpio. El comedor tenía todas sus cuatro sillas bien acomodadas, el televisor alineado, todo lucía de lujo y último modelo.
— ¿Vives solo —La pregunta que desde hace rato estaba rondando mi cabeza, salió sin poderme contener un poco más — No es que me interese… —Expresé apenada. Metí mis manos entre mis piernas, era como un efecto reflejo.
Él entró a la cocina, me daba la espalda, parecía servir algo.
— ¿Tomas café? —Preguntó sin voltearme a mirar.
— Pues… Preferiría un té o no podré dormir —El ambiente parecía se run poco más ligero, ignoré el hecho de que no haya respondido mi pregunta. Tal vez no me había escuchado.
— ¿Frío o caliente? —Esta vez se dio la tarea de mirarme, se quitó el saco que traía puesto dejando solo una camiseta blanca de botones y mangas largas, sus brazos lucían muy bien trabajados sobre aquella tela, incluso podía ver un poco cómo se marcaban sus músculos. — ¿Y bien? —Expresó burlón, me había pillado.
— Mejor solo agua —Él levantó su ceja izquierda y asintió. Vino con una taza y un vaso, me entregó mi agua y se sentó justo frente a mí, solo nos separaba una pequeña mesa. — Así que… Estamos aquí para ser más sinceros.
— Sí, ambos —Su tono de voz sonó acusatorio, apreté mis labios en una fina línea — Por cierto, puedes quitarte ese saco, ya encendí la calefacción. Ya comenzaste a sudar.
Y era cierto, sin embargo, había comenzado a sudar desde el momento en el que sentí su mano sobre mi cintura. Algo dentro de mí se había movido, era como si un temblor me hubiera agitado dentro de una caja bien sellada, yo seguía muy embelesada por cada uno de sus movimientos. Debía controlarme o no sabría sobrellevar la situación. Debía saber si todo esto iba a valer la pena, ¿qué exactamente sentía por este tipo que apenas y conocía?
— ¿Por qué te busca tu hermana? —Comencé con mi cuestionario mientras me quitaba el saco, expuse mi cuello moviendo mi cabello hacia un solo lado y permitirme más fresco en esa zona. Noté como me miró ahí, y, como algo que nunca me ocurriría, me sentí extrañamente muy nerviosa.
— Mi padre la envió por mi —Tomó un sorbo cruzando sus piernas. Lucía muy varonil incluso en esa posición.
— ¿Qué más? —Fruncí mi ceño confundida.
— Respondo tus preguntas, ¿qué mas de qué? —Sentí un tono desafiante en su voz. Carraspeé mi garganta y me senté derecha, también crucé mis piernas poniendo mis manos sobre mi rodilla, lo miré fijamente.
— No eres sincero, necesito entender todo esto y saber si vale la pena —Él asintió dando otro sorbo, correspondió mi mirada.
— Te aseguro que valgo más que la pena —Negué reprochándolo.
— No puedes expresarte así, quiero decir, debo aceptar que eres apuesto, hospitalario, además, aparentemente tienes dinero. Pero eso no me interesa en un hombre —Confesé, debía llevar las riendas del asunto.
— Ah, ¿no?, ¿entonces qué tipo de hombres busca la señorita? —Preguntó curioso, puso su taza de café sobre la mesa. Yo bebí todo el vaso de agua de un tiro, otra vez me sentía descarrilada.
— Pues… —Un hombre que busco, es uno que me acepte a pesar de mis sombras… Pero eso no podría decírselo, no por ahora — Eso aún no lo puedes saber.
— Muy bien, eso solo significa que no estamos siendo sinceros.
— Claro que no, además yo estoy preguntando, no tú. Debes esperar tu turno— Echó una risa corta y lo vi acomodarse en el brazo del sofá.
— Ok, sigue preguntando entonces. Seré completamente sincero, pero solo puedes hacer 3 preguntas más… Se precisa con lo que quieres saber.
Me tomé mi tiempo para pensar y relajarme un poco, él había cortado el contacto visual conmigo así que no me sentía tan tensa, miré al techo y solo vi blanco. Volví a verlo a él, había cerrado sus ojos y tenía una leve sonrisa plantada en esa cara tan perfecta.
Sacudí mi cabeza.
— ¿Por qué parece que tienes tanto dinero? ¿Y quién es tu padre?
— Tramposa. —Me lanzó una mirada juguetona, yo por mi parte, sonreí nerviosa — No tengo mucho dinero realmente, mi padre es quien maneja más que yo. —Dudó un momento antes de continuar — Él maneja una cadena de empresa, tanto aquí en Corea como en el exterior, así que maneja tanto dinero que no te lo puedes imaginar. No me gusta hablar sobre eso, preferiría mantener a mi familia fuera de nuestros temas de conversación —Por un segundo, me pareció ver en sus ojos un deje de tristeza.
— ¿Puedo saber por qué?
— Mi padre quiere obligarme a continuar sus oficios, pero no estoy seguro de que eso es lo que quiero hacer el resto de mi vida. —Confesó, su mirada no chocó nunca con la mía mientras hablábamos del tema.
— Lo lamento mucho, lo peor es no poder ser libre de escoger… ¿Por eso viniste? ¿De dónde eres exactamente? —Él había terminado por acostarse en el sofá, pero se irguió después de que yo le dijera eso, me miró con seriedad.
— Ya gastaste tus tres intentos —Abrí mis ojos como platos y negué — Sí, lo hiciste ya. Te dije que no tenía mucho dinero, te conté sobre mi padre y por qué no me gusta hablar de él —Enumeró con sus dedos, empuñé mis manos frustrada. La pregunta que realmente quería hacer no había podido ser dicha por mi infinita curiosidad.
— Por favor, una más —Rogué, hice mi mejor cara y tosió, extendió su mano y asintió. Sonreí, lo había logrado — ¿Qué sientes por mí?
Aquella pregunta fue muy apresurada, lo supe después de que su media sonrisa se borró. Paró de toser y su mirada oscura volvió.
— No lo sé… —Dijo agarrando sus manos y poniéndolas detrás de su cabeza, suspiró fuertemente — El día que nos conocimos, fue extraño. No paré de pensar en ti y después, como si el destino lo quisiera, nos volvemos a ver —Se levantó y se paró frente al ventanal, mirando el paisaje urbano avanzar sin detenerse por nada ni nadie — Eres muy linda —Sonreí como tonta al oír eso, pero me di cuenta que algo en la forma que lo había dicho no sonaba del todo bien — Verás, hace poco terminé una relación, no me siento muy bien empezar otra de inmediato.
— ¿Todavía sientes algo por ella? —No fue una pregunta para juzgarlo, comprendía su punto, aunque nunca hubiera estado en una posición como aquella. Me permití ser comprensiva porque quería escuchar más.
— No —Negó al segundo — Fue un matrimonio arreglado, estuvimos por casarnos, pero aquella mujer estaba teniendo una aventura. —Un calor se encendió en mí, ¿quién sería tan tonta como para rechazar a un hombre como YoonGi? — Ya sabía que le gustaba alguien más, pero lo hablamos, no obligaría nunca a una mujer a estar en una relación conmigo — Agarró sus manos detrás y se giró para verme. — Eso te incluye.
— ¿Y qué te hace pensar que yo quiero algo contigo? —Respondí rebelde, ¿acaso yo era muy evidente?
Sonrió de lado y comenzó a acercarse a mi lentamente. Sus zapatos bien lustrados resonaban por toda la sala.
— ¿Quién eres realmente, Nathalie? ¿Qué quieres de mí?
— ¿A qué te refieres? —Respondí sintiéndome acorralada, la distancia se iba acortando y su mirada amenazaba con lanzarse en cualquier momento sobre mí, pero no me moví un centímetro.
— ¿Dónde están tus padres? —Cuestionó sin dejar de caminar hacia mí.
— Murieron hace años. —Sinceramente no los recordaba, toda mi vida había constado de Mullae.
— Muy bien, ¿por qué tu tutor es el rector de la escuela? —Aquel detalle me tomó por sorpresa, me levanté inmediatamente y lo encaré.
— ¿Por qué me investigas? —Mis ojos comenzaron a picar. Si por alguna razón conocía mi conexión con Mullae, estaba acabada. — Eso es irrespetuoso, yo no lo hice contigo.
Su mirada fue severa, aún así conservó la calma y al verme parar del sofá, detuvo su paso. Caminó hacia la sala de estar y abrió un cajón sacando unos papeles de ahí. Me lo extendió.
— No lo leí, si es lo que crees. Pero créeme que estuve tentado —Al ver que no recibía los papeles, me miró algo preocupado, pero no dijo nada al respecto. Mis ojos no dejaban de ver la foto de mi yo pequeño, estaba bien bañada y peinada, ni siquiera recordaba que me hubieran tomado una foto así — Lo del director lo sé por otra persona, pero me aseguré de que no dijera nada a nadie, así que puedes estar tranquila. Ahora, recíbelo.
— ¿Cómo sé que no le sacaste una copia? —Mis labios temblaron, mis ojos estaban llorosos, pero respiré profundo para evitar que alguna lagrima cayera.
— Tendrás que confiar en que no lo hice, es muy simple —Sacudió los papeles, invitándome a recibirlos. Cerré mis ojos y tomé una bocanada de aire, no había vuelta atrás si los recibía.
— No sé si pueda confiar —Él rio un poco.
— Es una de tus particularidades, eres confusa. —Puso los papeles sobre la pequeña mesa, frente a mí y al lado de la taza de café vacía. — Me confundes, Nat —Expresó en un murmullo. Acercó su cara a mí, yo caí sobre el sofá y él recargó su peso sobre sus fornidos brazos. Nuevamente comencé a sentir esa electricidad recorrer mi espalda. — No comprendo lo que me provocas, a veces solo quiero follarte… Luego, siento la fuerte necesitad de sostenerte en mis brazos. —Susurró en mi oído. Su parte inferior del cuerpo tocaba la mía, sentí que su bulto crecía con vigorosidad.
— C-Confío en ti —Respondí con calma — Pero, por favor, debes levantarte. No me siento cómoda.
— Lo siento —Dijo apenado. Se levantó enseguida y señaló los papeles sin mirarme. — Llévatelos, no te preocupes por lo demás. Quiero conocerte, solo se trata de eso; si estás de acuerdo, solo debes decírmelo.
Me acomodé y tomé los papeles.
— Aún no sé si quiero que esto se vuelva algo más grande —Dije levantándome y buscando mi abrigo para guardar los papeles en uno de los sierres. — Algo en ti me intriga, pero no sé cómo termine. Así que… —Me puse el abrigo bajo su atenta típica mirada, feroz. Pero sabía que no era una mirada que me desafiara, simplemente así era. — Conozcámonos — Le sonreí. — Escríbeme… Debo irme ya, si llego tarde a casa tendré problemas.
— Déjame llevarte —Sugirió acercándoseme, pasó por mi lado tomando unas llaves que estaban colgadas, abrió la puerta principal y me apresuré a responderle.
— Por favor, pero solo hasta la estación de buses. —Él me miró con inconformidad — No puedo llegar contigo. Tranquilo, llevo años tomando el bus, no me pasará nada.
— Muy bien, esta vez ganas. —Salimos y estuvimos conversando más amenamente. Me contó que estudiaba negocios internacionales en la universidad y que ya en un año se graduaba, no lo sentí muy emocionado contándome al respecto, así que, le pregunté más sobre sus hobbies. En ese momento sentí que hablábamos de manera más íntima, el arte era su pasión. La pintura y la fotografía eran su mas grande fuerte, me pidió el teléfono mientras bajábamos en el ascensor y me mostró todas las fotos que tomaba con el mismo. Lo observé y se describió emocionado mientras me hablaba, se contuvo un poco porque bajó su tono de voz, aún así, su emoción era palpable. Me explicó como enviar mensajes de texto antes de subir al auto que, por cierto, parecía todo menos un auto corriente.
Abrió la puerta del copiloto para que entrara y la cerró detrás de mí, estar sentada ahí se sintió muy agradable, cuando entró al auto puso música como un volumen de fondo. El espacio fue cálido, me aseguré de recordar cada emoción que sentía. Cuando menos lo pensé, yo tenía una sonrisa de lado a lado y le hablé de mi pasión por el baile; no dije que bailaba pool-dance, pero sí otros géneros y estilos, me escuchó atentamente todo el tiempo. Ojalá todos los días fueran así.