Capítulo 8

2417 Palabras
Ni siquiera supe por qué fui con ella, algo me decía que no era buena idea y por más que quise negarme a su oferta, ella seguía insistiendo. Finalmente llegamos a un restaurante, no era muy costoso, así que no me preocupé mucho. Nos tomaron el pedido, ella un frapuchino y por mi parte no pedí nada, ella pidió dos y dijo que los pagaría ella. No tardaron mucho en traerlos. Durante todo el transcurso hasta ese instante hubo un silencio incomodo para mí, no dejaba de mirarme la cara, el cabello, mi uniforme. Estuvo así hasta que dio el primer sorbo a su bebida y exclamó con soberbia. — Definitivamente no eres de su tipo —Hizo un puchero señalándome — Detesta a las pelirrojas. Toqué mi cabello y sentí algo extraño, era la primera vez que me decían algo así de una manera tan calmada. No sentí que lo dijera para ofenderme. — ¿De quién hablas? —Cuestioné. La chica era preciosa, no tenía otras palabras para expresarlo. Su largo cabello rubio le llegaba hasta el inicio de sus glúteos, completamente lacio y brillante; una ropa bastante cómoda y caliente para la temporada la cubría, usaba botas cafés, un abrigo de color beige y unos jeans apretados. La vi virar los ojos ante mi pregunta e hizo un sonido con su boca. — No te hagas la tontita, hablo de YoonGi —La miré con clara sorpresa. Abrí mis labios y puse mis manos frente a mi sin poder decir nada — Tranquila, bebe. Tomé el café en mis manos y tomé sin pensarlo, salté al sentir como mis labios se quemaban. Ella comenzó a carcajearse, varias personas en el local voltearon a vernos. — N-No —Toqué su hombro suplicándole con la mirada. Inmediatamente adquirió una pose más seria — Disculpa, yo no tengo nada con él… Así que, si estás interesada en él, debes saber que no busco nada de su parte. — Ja —Alargó incrédula. Puso su mano en su barbilla. Su cara era pequeña, pero con una piel casi de porcelana, las coreanas nacían bendecidas desde mi perspectiva. — Es enserio. —Entrecerró sus ojos y estuve bajo su escrutinio durante varios incomodos segundos — Créeme. — Te creo —Se irguió en el asiento, estaba frente a mi y me lanzó una sonrisa pícara. — Pero a él si le gustas, y, eso es un problema. Tragué en seco. — De verdad, me alejaré lo más que pueda de él… Solo no quiero problemas. —Ella volvió a reírse, pero esta vez con más de reserva. Metí mis manos entre mis piernas y miré ese punto fijo — Tampoco quiero problemas para él —Confesé apretando los ojos levemente, noté que seguían ardiendo mis ojos de tanto llorar. — Oh, no. No sé atender estas situaciones así que no llores —Palmeó con algo de desdén mi espalda pasando su mano por encima de la mesa, hizo una mueca que denotaba que se sentía incomoda — Nunca he sido buena en esto… Uhm, primero déjame presentarme. Me llamo MinSeo, soy la hermana menor de YoonGi y vine a buscarlo porque es un hombre muy terco. Nuestro padre me pidió que viniera por él y lo obligara a volver a atender sus responsabilidades, pero veo que algo muy interesante está sucediendo. —Mi cara de seguro lucía todo un poema, ella se levantó sacando dinero del bolsillo de su chaqueta y los puso sobre la mesa. Se levantó y tocó mi nariz con la punta de su dedo índice — En resumen, les doy tiempo —Guio su ojo y salió del local, la vi estirar la mano, supuse que tomando un taxi. Abrí los ojos como platos al ver los billetes que había dejado en la mesa, eran dólares, ¿quién en su vida es tan pretencioso como para pagar con dólares en una cafetería? Tuve el impulso de llamarla para decirle que se había equivocado, pero cuando me giré, un auto n***o se había parqueado. Salió un hombre robusto y enorme, le abrió la puerta, ella antes de entrar me miró y agitó su mano con vigorosidad antes de entrar y que el hombre le cerrara la puerta, ¿ese era su chofer? Suspiré cuando se fue. Era un día de locos, pero al menos podría disfrutar de un frapuchino mientras pensaba en lo que haría. Oí que la campanita del local sonó y alguien se sentó al frente mío, levanté mi vista con miedo de que fuera ella de nuevo, pero en su lugar vi a un chico joven. — Hola, Nathalie —Inclinó un poco su cabeza y le respondí el saludo, expectante — Ehm… Estoy aquí para darte una… Este… —Titubeó un poco, incluso lo oí maldecir un poco — Te enviaron esto. Era una carta en un sobre bastante grande. — ¿Quién la envía? —Pregunté tomándola en mis manos. — Pues… Yo no lo sé —Él miró a otro lado, arrugando la nariz, ¿acaso olía mal? — ¿Cómo no lo sabes? —Respondí más inquietada. Era una carta envuelta en un sobre n***o, demasiado sospechoso. — Además, ¿quién eres? — Soy amigo de Yo… —Hizo una pausa, ¿acaso iba a decir YoonGi? — Me llamo JinSu. Ahora ábrelo. No es nada malo —Aseguró — Solo ábrelo —Movió sus manos asimilando que abría la carta — Ah, y que le des tu número de teléfono —Negué arrugando mi cara, ni siquiera tenía un dispositivo inteligente a disposición. Me tomé mi tiempo para ver el sobre a detalle, era un color n***o mate, del otro lado no decía nada. Procedí a abrirlo, noté que el chico al frente mío miraba de reojo el interior del sobre. Lo cerré inmediatamente. — Me niego a abrirlo frente a mi —Me sonrojé al ver un poco del interior. No lo podía creer. — ¿Qué es? —Cuestionó abriendo los ojos bastante. — Debes decirme, ¿qué te dio? — Eso es privado —Volví a cerrar el sobre y lo metí dentro de mi abrigo — Dile que no tengo teléfono, le enviaré una carta pronto… —Me pregunté si estaba haciendo bien. El asunto es que no podía no responder un mensaje de ese tipo. Me fui a paso apresurado, y me alejé para tomar le bus. Era apenas medio día, pero sentía la urgencia de ver aquel detalle completamente bien, aquel que me había enviado él. No podía ser nadie más que él. Apenas estuve sentada en el bus, aproveché que estaba solo para asomar mi ojo dentro del gran sobre, saqué lentamente la punta y vi un color rojizo. Miré con sorpresa aquel tono de color y lo saqué de un tirón. Dentro del sobre n***o, descubro un tesoro: la obra maestra que YoonGi ha creado, una interpretación detallada de mi esencia. Mi melena roja cae en ondas salvajes, como llamas danzantes que rodean mi rostro. En la mirada intensa y los ojos resplandecientes, encuentro una combinación de determinación y un misterio que solo él parece entender. Sin embargo, este retrato va más allá de la representación física; sus trazos delicados capturan mi postura segura, pero también revelan la vulnerabilidad que suelo mostrar. Los labios, dibujados con precisión, insinúan una sonrisa juguetona que desafía cualquier adversidad, pero la verdad es que a veces la inseguridad se apodera de mí. Las líneas que delinean mi figura reflejan mi fuerza, pero también esconden la sensación de indefensión que siento en este mundo despiadado. Cada trazo apasionado en este lienzo compartido que busca profundizar el lazo entre nosotros, revelando capas de mí misma que ni siquiera yo estaba completamente consciente de mostrar. Así era como él me veía, una visión que me dejaba sin palabras, sin saber cómo reaccionar ante la sinceridad expresada en ese retrato. El autobús continuó su camino, pero mi mente estaba inmersa en aquel dibujo, en las capas que revelaba y en cómo aquellas líneas, más allá de plasmar mi fuerza, también evidenciaban la fragilidad que prefería ocultar. Me encontraba en un vaivén de emociones, preguntándome si era posible abrirme de la misma manera ante él, dejando a un lado las barreras que me protegían, además de mis miedos. A lo lejos, el sonido del timbre del autobús me hizo regresar al presente, pero mi corazón aún latía al ritmo de las incertidumbres que aquel retrato había desatado en mi interior. El bus se detuvo, apenas percibí el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose, y el murmullo de los pasajeros. No me di cuenta de que alguien se acercaba hasta que una voz conocida rompió mi ensimismamiento. — ¿Quién te hizo ese dibujo tan interesante? —Preguntó YoonGi, sentándose a mi lado. Levanté la vista, y mis ojos se encontraron con los suyos, que centelleaban con curiosidad genuina. La sorpresa me paralizó por un instante, y en mi intento de ocultar la carta, la dejé a la vista de YoonGi. Tragué nerviosamente, tratando de recuperar la compostura. — ¿Este dibujo? —Dije con un tono despreocupado — Oh, solo un amigo. No es gran cosa. YoonGi inspeccionó el retrato con atención, sus ojos recorriendo cada detalle cuidadosamente dibujado. La tensión en el aire era palpable, y mi corazón latía con fuerza, temiendo su reacción. — ¿Aun estás enojada? —Preguntó YoonGi, con un dejo de arrepentimiento en su voz. Actuaba como si no supiera que él mismo era el artífice de la obra maestra que tenía en mis manos, tambien como si lo que había sucedido apenas hacía unas horas no fuera algo grave. — No lo sé, ¿debería estarlo? —Respondí, tratando de ocultar mi turbación detrás de una máscara de indiferencia. Mis ojos se apartaron de los suyos, buscando refugio en el paisaje que se desplegaba más allá de la ventana del autobús. YoonGi pareció dudar por un momento, como si estuviera debatiéndose entre confesar la verdad y mantener su fachada. Al final, suspiró. — Lo siento por lo de hace un rato. Fui impulsivo y debería haberme controlado. —Hizo una pausa—. Y, sobre el dibujo, es impresionante. ¿Quién es ese amigo tuyo tan talentoso? Sonreí ligeramente, aliviada de que la situación no se hubiera complicado más. — No lo sé. Es alguien que conocí recientemente. YoonGi asintió, pero sus ojos reflejaban una expresión que no lograba descifrar por completo. La atmósfera se tornó más ligera, y el autobús continuó su camino. Aunque intentábamos mantener una conversación casual, ambos éramos conscientes de que algo había cambiado entre nosotros desde ese momento. Mis pensamientos se perdieron en el dibujo que aún sostenía entre mis manos, preguntándome qué otros secretos podrían revelarse en ese lienzo compartido entre YoonGi y yo. Él quiso continuar la conversación, preguntándome sobre mi vida, amigos y otras cosas personales. Sin embargo, mi resistencia a compartir mi mundo privado seguía siendo fuerte, me reproché por eso, pero entendí que era necesario. Desvié las respuestas, hablando de cosas superficiales y manteniendo una barrera entre él y los detalles más íntimos de mi existencia. — ¿Amigos? Bueno, tengo algunas personas conocidas. No soy la chica más social —Contesté con una sonrisa forzada, evitando su mirada intensa. YoonGi asintió, pareciendo aceptar mi respuesta, pero no dejó de ser persistente. — Seguro tienes algún confidente. ¿No tienes a alguien con quien compartir tus pensamientos más profundos? —Su mirada no dejaba de seguir la mía. Carraspeé la garganta. La mención de un confidente me hizo pensar en Jennie, la única persona que sabía sobre mi vida en ese bajo mundo. Sin embargo, no podía revelarle esos detalles a YoonGi, nunca. — Sí, claro. Todos tenemos alguien —Respondí vagamente, tratando de desviar la atención. A medida que el viaje continuaba, YoonGi intentaba abrirse paso hacia mi mundo, pero yo mantenía las puertas cerradas. Hablábamos de trivialidades, pero sentía que él buscaba algo más profundo, algo que realmente lo conectara con mi ser. A pesar de su persistencia, no me atreví a compartir las sombras que se escondían detrás de mi vida. Sentí como comenzó a frustrarse porque dejó de preguntar, solo se quedó en silencio y así estuvimos gran parte del viaje. — ¿Cómo es que no tienes teléfono? —Entreabrí mis labios, eso solo lo sabría si aquel chico realmente hubiera ido por el encargo de YoonGi, él cayó en cuenta de su error y con seguridad en su voz dijo: — Pregunto porque nunca te veo con uno. — Claro —Asentí sin creerle una palabra. Aunque si lo quería mantener como si nunca hubiera pasado tendría sus razones. — Mi tutor no puede costear un gasto de esos, le ayudo tratando de mantener una ayuda de matrícula en el instituto. Apretó los labios en una fina línea. — Eso es un gran problema —Lo vi rebuscar algo en su chaqueta negra, estuve tan embelesada con su cara que no había notado que tenía un traje puesto — No me queda alternativa, tómalo. Dejó sobre mis piernas un teléfono. Negué inmediatamente sin agarrarlo. — No te puedo aceptar un obsequio de este tip— — No hables, solo recíbelo. —Su voz fue autoritaria, así que lo recibí para evitar que se molestara. Estuve solo viendo sus pálidas manos hasta que oí algo que me hizo volver a la tierra. “Próxima parada, Mullae” Me atraganté con mi propia saliva, no podía bajar en ese sitio con YoonGi a mi lado. — Muy bien, lo acepto… Pero ya debo irme, me pasé de la parada —Fingí estar molesta y frustrada por ese motivo. — E-Eh… Estamos en contacto entonces… Adiós. Antes de poder tocar el timbre para que el bus se detuviera, YoonGi se puso detrás de mi y me tomó por la cintura pasando sobre mi abdomen. Sentí su respiración sobre mi oreja izquierda, mis vellos se erizaron y sentí una electricidad recorrer mi columna vertebral. — Te escribiré —Su voz sonó gutural y tan sexy. Apreté mi labio con mis dientes y salí despavorida apenas las puertas se abrieron. Miré frenéticamente a los costados y me di cuenta que me había bajado en la peor zona de Mullae, di varios pisotones al piso. — ¿Por qué me bajé justo aquí? —Gruñí aún sonrojada por la escena de antes. — Eso mismo me pregunto yo —Oh, no.
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