Mi reflejo se veía difuso en el espejo empañado, terminé de limpiar algo de sangre que tenía bajo mi nariz y suspiré. No tenía forma de justificar esto a nadie, esto era lo peor de la semana, y eso que apenas era lunes.
Mi labio inferior estaba algo hinchado así que aproveché el agua helada que salía del grifo para ver si la inflamación disminuía un poco. Tuve suerte de poder correr a tiempo antes de que hicieran un daño más grande a mi rostro, en otra situación pudieron reventarme la ceja o algo parecido y con cicatrices en mi rostro mi futuro se iría al piso. Por una sencilla razón, personas con defectos estéticos bajaban el puntaje, y eventualmente pasaban al sótano del mercado negr. Lo que les esperaba a esas personas era desaparecer junto a las que intentaban escapar, y el rumor más aterrador era una muerte segura. Me estremecí con la idea.
Si era optimista, no se notaría mucho la hinchazón del labio. Eso era, debía poner mucho hielo para relajar. Eso haría. Tomé mi mochila y me fui caminando cabizbaja, había quitado mi abrigo para ponerlo sobre mi cabeza y que mi rostro no se viera mucho, mi misión fue un éxito hasta que salí y a lo lejos vi a YoonGi parado frente a un auto, lo acompañaba alguien. Mi mirada se cruzó con la de él por una milésima de segundo, giré bruscamente mi cara y comencé a caminar rápido a la parada mas cercana. No podía verme así, ¿qué pensaría de mí? A lo mejor, que era una cobarde. No me importaba mucho tener que darle explicaciones, pero seguramente se alejaría de mí después de eso.
Negué apretando los ojos, mi nariz ardió un poco. No podía pensar en que se alejaría, de todas maneras, no podía seguir viéndolo. Por mi bien y por el de él. Era mejor así.
UNAS HORAS DESPUÉS.
Jennie me miraba de manera inquisitiva.
— Debes dejar de ir a ese sitio —Gruñó señalándome la cara — ¿Sabes lo que te ocurrirá si te llegan a ver así? Oh, por supuesto que lo sabes.
— Lo sé… Lo sé, ya no digas más. Trato de solucionarlo —Apreté los labios en una fina línea. Ella estaba frente a mi parada con las manos en su cintura, su ceño fruncido y mirada fulminante me decía lo disgustada que estaba.
— No parece, deberías dejar ir ya ese sueño tuyo —Me quedé en silencio, nadie más que ella sabía que no era un simple sueño — Mira, comprendo lo que quieres hacer. Pero debes solucionar esto antes de las 8, es lo máximo que puedo hacer que te esperen abajo… Luego me lo recompensas, pero si Leon aparece no podré hacer nada. Lo siento.
Salió de la habitación dando un portazo, le había contado el incidente ocurrido e inmediatamente había brincado de la cama dando vueltas por toda la habitación. Reí mentalmente, sabía que detrás de ese enojo había un grado enorme de preocupación que no se esforzaba mucho en ocultar. Miré mi mano ya roja del frío que lo abrazaba, ya no sentía la quemazón en mi nariz y estuve durante minutos prolongados con hielo. Lo quité para permitir que la piel descansara. Revisé nuevamente mi nariz para cerciorarse que no estuviera fracturada ni nada por el estilo, al parecer solo me había hecho una pequeña herida interna durante uno de los golpes al caer. No dudé un segundo en comenzar a darme mi baño, eran las 6:30 p.m., se haría pronto la hora de entrar en escena y bailar un poco para los hombres que esperaban ansiosos en la zona bar; debía esforzarme como nunca por permanecer en la tarima y que no tuviera que prestar otro tipo de servicios, por lo menos, no hoy. Me di un baño largo y lavé bien mi cabello, el agua helada me sirvió para despejar un poco mi mente y apurarme a vestirme. Por desgracia, las prendas no eran muy cálidas, telas delgadas, mallas hasta los muslos, una falta de cuadros que cubría hasta la mitad de mi trasero, una tanga negra, mis pechos eran los únicos que iban bien cubiertos con un top rojo carmesí apretado. Usé la secadora para mi cabello y le hice ondas, labial rojo pasión, delineado y una máscara para realzar las pestañas. Me miré antes al espejo y me observé bien, solo mi labio inferior se alzaba un poco, sin embargo, con el labial pasaba algo desapercibido, en cuanto me sentí lista, bajé lo más pronto posible, y me dirigí con prisa al bar. La noche no tuvo mucho de nuevo, pude dar mi acto de baile durante dos horas seguidas en la barra, el dinero caía sobre mí, incluso flores.
Sonrisas, risas, carcajadas, llanto… Lloré por dentro por sentirme tan vacía a pesar de cargar con una sonrisa frente a todos aquellos cerdos que me miraban con completa lujuria, si este mercado no existiera no estaría ahí, eso en primer lugar.
Uno de los hombres que me estuvo mirando desde lo lejos, pidió tres horas conmigo. Era un cliente frecuente y supe cómo manejarlo con completa profesionalidad, había aprendido que entre más rápido y placentero fuera, más satisfecho estarían y ya que pedían las tres horas, me podía dar el lujo de estar dos horas y media con algo de tranquilidad mientras el tipo dormía. Aproveché ese instante para fumar un cigarrillo y beber varias copas de vodka, una lagrima se me deslizó y la quité rápidamente.
Que tus debilidades sean tu mayor fortaleza. Me repetí una y otra vez.
Al acabar las preciadas dos horas y media, vinieron dos tandas más que aguanté. Llegó la madrugada y con ella una madrugada de solo 3 horas de sueño. De nuevo al instituto, clases, más clases, almuerzo, yo sin dinero y con solo el mero transporte. Cuando menos lo supe estaba detrás de las gradas nuevamente, ahora llorando en silencio. Odiaba mi vida, me odiaba, me daba asco. Odiaba a todos.
Sentí una leve brisa que ignoré, me encontraba con la cara entre mis rodillas y mi cabello me cubría toda la vista. No supe que había alguien hasta que me hablaron.
— ¿Quién te hace llorar? —Me quedé quieta en mi lugar, su voz sonó tenaz — ¿Quién te hace llorar? —Instó con más fuerza. Levanté mi rostro y lo miré, estaba de rodillas a mi lado y su expresión al verme con la cara toda roja y húmeda fue apretar la mandíbula.
— N-No es… N-Nada —Hipé mientras hablaba.
— No tienes que decírmelo —Se levantó, limpié mi cara e imité su acción, solo quería irme a lo que se suponía que era mi casa, no sabía dónde era peor. Tener que aguantar su cara de pena hacia mí era más que suficiente para que no me quedaran ganas de estar a su lado. Di media vuelta — ¿A dónde crees que vas? —Su agarre fue fuerte, vi sus ojos brillas y una expresión que antes no había visto. Era preocupación. Mi corazón se aceleró.
— No… No me mires así —Miré a un costado tratando de regular mi respiración, su presencia me estaba abrumando. — Suéltame.
— No puedo hacer eso. —Me puso frente a él y agarró ambos brazos con sus manos, eran muy blancas, incluso más que las mías.
— No me mires así —Rogué en voz baja. Me sentía indefensa ante él, su forma de verme hacía que mi alma se sintiera desnuda y completamente revuelta de emociones extrañas.
— ¿Te avergüenza eso? —Asentí lentamente sin mirarlo — No deberías.
— No tengo que decirte nada… Solo no me siento bien hoy. —Él hizo un chasquido con su boca e hizo una expresión de disgusto.
— Me saca de quicio que no quieras hablarme de ti —Esta vez sonó un poco desesperado.
— No tengo que darte explicaciones —Soltó mis brazos y suspiró alejándose.
— Supongo que no puedo hacer nada por eso. —Se detuvo un momento para mirarme a los ojos, la furia era más que evidente. No pensaba retroceder, sea como sea, no podía decirle nada, aunque quisiera — Adiós, Nathalie — Me dio la espalda y levantó su mano a modo de despedida.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos, me dejé caer nuevamente y lloré con más ganas. Mi vida era lo peor en ese momento. Hasta el chico que me atrae se aleja de mí, sin duda era una semana dura y miserable para mí. Seguí llorando hasta que sentí una mano postrarse sobre mi cabeza, miré deseando que fuera él. Una chica joven y de cabello rubio me miraba con los ojos brillantes, sus facciones la delataban, era coreana. Puso su la punta de su dedo índice en mi barbilla y me miró con curiosidad.
— ¿Quieres tomar un café?