La vista de todos recaían en mí por cada paso que daba. Claro, los murmullos se extendían y las miradas incrédulas no paraban. La última vez que pisé este lugar,se formó un caos. Ashier no tenía ni idea de que yo estaba aquí. Quería darle una sorpresa grande.
Los guardias que custodian la puerta de su despacho, se hicieron al lado después de que yo les dijera mi nombre. Abrí las puertas y me encontré con una escena demasiado asquerosa. Una castaña con Ashier entre sus piernas. Se sobresaltan al yo abrir la puerta, claro. Y obtengo una vista de estos seres humanos como Dios los trajo al mundo. Es asqueroso.
—¡¿Qué coño?! —grita, y la vergüenza y cabreo se extiende por toda su cara—. ¡¿No aprendiste a tocar la puerta o qué?! ¡¿Qué haces aquí?!
Ruedo los ojos.
—Iré directo al grano—le comento—. Dame información, y te daré una buena suma de dinero.
Él y la chica empiezan a vestirse, y mi tiempo aquí corre.
—Responde, que no tengo tiempo—digo, pellizcando el puente de mi nariz.
La chica termina de vestirse, y sale disparada de aquí. En cambio, Ashier sólo queda con sus vaqueros, no se ha puesto ninguna camisa. Lo que me da un poco de beneficio, observar un poco de su cuerpo muy bien hecho, al menos eso no es asqueroso.
—No quiero tu asqueroso dinero—escupe—. Dijiste que no vendrías más aquí.
El sonido de mis botas con tacón de aguja, suenan por toda la habitación al yo dar tremendos pasos para estar frente a frente de Ashier. Él me lanza dagas, y yo le lanzo balas.
—Dije que no vendría, sí—afirmo—. Pero dije que vendría cuando necesitara de tu ayuda. No me niegues nada Álvarez, salvé tu culo más de una puta vez.
Él se estremece al escuchar lo último. Tendría que sacarlo en su cara, él había jurado ayudarme a mí cuando lo necesitara y ahora, lo necesito realmente.
—Tienes razón—dice—. Cómo odio saber que te debo mi vida.
Sonrío complacida con su respuesta.
—Necesito que busques profundamente información de Tales Diubrak—sus ojos se abren con sorpresa al escuchar ese nombre—. ¿Qué? ¿Qué pasa?
—¿Para... qué querrías buscar información sobre tu novio?
Mi ceño se frunce.
—Él no es mi novio—digo,y después algo hace click en mi cabeza—. ¿Conoces a Tales?
Ashier rasca su nuca dando a mostrar que está nervioso e incómodo.
—No.
—Conoces a Diubrak—afirmo.
—No sé de quién hablas.
—Dime todo lo que sepas de él y de mí...
—No me corresponde a mí decirte todo eso.
Mi cara debería ser un poema en estos momentos. Con eso, respondió a unas cuantas preguntas y dudas en mi cabeza. Tengo un pasado, un pasado que tal vez no recuerde. Algo pasó, algo me hicieron, algo me hice. No recuerdo a Tales. Quiero hacerlo. No sé si el día en que estábamos en el prado lo que vi había sido un sueño, una imaginación o un recuerdo.
Pero se sentía tan real...
***
Entro al cuarto de Agnes, dónde se encuentra ella junto a Charles. Me siento agitada, dolida y un poco sensible. Esta situación está poniendo mi mundo más de cabeza, que se me ha olvidado todo lo que tenga que ver con la próxima misión que tengo que hacer.
Esto se está saliendo de control, está fuera de mis manos lo que está ocurriendo; me están ocultando cosas que yo no recuerdo. ¡No recuerdo absolutamente nada! Tengo muchas preguntas, muchas dudas y también mucho miedo. Miedo al saber que hay detrás de todo estos secretos que me están ocultando, que hacen que mi mente divague por horas y horas buscando mínimas cosas que me den una señal de recordatorio, y todos son intentos sumamente fallidos. Me encuentro posiblemente algún estado de shock, posiblemente de amnesia también.
Y me duele, me duele aceptar que, posiblemente, sea verdad.
—¿Abby? —escucho la voz de Charlie trayéndome al mundo.
Tomo una bocanada de aire antes de hablar.
—Corrígeme si me equívoco—espeto.
Agnes y Charlie se miran confundidos, mirándose a los ojos cómo si estuvieran hablando por la mente, telepatía o cómo sea que se llame lo que traten de hacer.
—Me llamo Abby McCreevy—digo y por lacónicos segundos asienten, aún sin entender qué pasa—. Llegué aquí a los dieciocho años, empecé primero con carreras clandestinas de auto, luego de motos.
Asienten y suspiro.
—Pasé todas las pruebas con éxito,para entrar a la Asociación—asienten de nuevo—. Los conocí a ustedes—hablé rápido, y asintieron de nuevo—. Tiempo después tuve un accidente.
Asienten lentamente, y siento un nudo en el corazón, luego menean la cabeza frenéticamente en un signo de negación. «Fue muy fácil, tal vez piensen lo qué estás haciendo y estés cayendo en su propia trampa».
—Claro qué no, nunca tuviste un accidente,cariño—dice Agnes levantándose de su cama para quedar a unos escasos centímetros de mí. Charlie me miraba desde la cama, atónito.
—¿Y la cicatriz de un hueco en mi cabeza,más arriba de la nuca qué? —pregunto.
—Te lo hiciste cuando estabas pequeña, nos lo contaste,¿no recuerdas? —masculla esta vez Charlie.
Niego con la cabeza y bajo la mirada. Mienten. Yo nunca me hice una cicatriz de tal magnitud cuando era una niña, nunca supe de esta cicatriz que tengo en mi cráneo hasta hace unos días, que me lavaba el cabello y sentí una hinchazón. Era una herida, que estaba sangrando. Era un poco larga, pero no se notaba por mi cabello. Sólo mis dedos lo sentían. Ahí recordé que nunca me había hecho una cicatriz en mi cabeza, no me he caído gravemente de pequeña. Cobby y Jeremy siempre estaban cuidando mis espaldas, por si algo me pasaba, eran muy cuidadosos conmigo.
En mi garganta se encontraba un nudo, y las palabras atoradas en él. Me están mintiendo, me están traicionando y no tengo manera de cómo reaccionar. No sé si darles el beneficio de la duda, darles mi voto de confianza de nuevo. Lágrimas pican por salir, pero levanto mi cabeza y obtengo una expresión seria. Tengo que hacerles saber que la situación no me está afectando, tengo que usar la máscara fría, fuerte y resistente que suelo usar en momentos cómo este. ¡Dios mío Santo! ¿¡Esto tenía que pasar en estos momentos!? ¿¡Por qué me ocultaban algo de tan gran magnitud!?
«Puede que te estén protegiendo» «Tienes que descubrir qué pasa, eres tú sola ahora»
Inhalo, exhalo, suspiro.
—Por ahora no les daré el beneficio de la duda —digo con voz monótona—. Está claro que me mienten, si quieren salvar nuestra amistad, cuenten una parte de lo que me está pasando,les daré lugar y hora para reunirnos, pero desde ahora no me busquen si no me dan respuestas, adiós.
Y me fui de aquella habitación.