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3858 Palabras
Tales y yo, inmediatamente no fuimos al despacho de Dominic. Informándole a Agnes y a Charlie, qué vayan a saber dónde estaban estos dos en lo que queda de la semana. Bueno, y aquí nos encontrábamos. Syan estaba esposada, de rodillas —porque la obligué a hacerlo—. y con su cara magullada. Tal vez quede peor si no empieza a cooperar, o tal vez ni siquiera alcance a quedar viva de aquí. Jung a cavado su propia tumba. Luego recuerdo el collar, y de lo familiar que se me hace. Pero en algún lugar lejano de mi cerebro, no consigo respuestas. Es como si una parte de mi cerebro no respondiera a mis recuerdos. Agnes, Charlie y de último Dom, entran apresurados al despacho. Sus miradas de odio se posan en Syan, y noto como ella se encoge del miedo. Esta pobre ilusa no va a salir de aquí viva si no habla. Mi padre me da luz verde para proceder con Syan. Por lo que me levanto lentamente, y me poso detrás de ella, para sostenerla del cabello, y echarle aceite un poco caliente. El aceite corre por su brazo, y ella se retuerce del dolor. —¡Dime dónde está Gale! —le grito. Ella aprieta sus labios,con la señal de que no va a decir nada. Por lo que tomo aceite más caliente, y lo echo en su brazo. Veo como de rojo se pone el brazo, y escucho los gritos desgarradores de Syan. Dios mío, ¿qué tanto le cuesta hablar? —¿Te preocupa que Andrew te mate? ¿O Gale? —pregunto y se tensa—. ¿Qué es a lo que le tienes miedo, Jung? —Andrew... —dice soltando pequeños gemidos de dolor. —Podremos protegerte si dices la verdad—le digo fría. No me gustaría el hecho de protegerla, no somos el FBI ni nada de eso para ofrecerle protección. Pero sí sé quién podría echarme una mano en esto, y esa sería Adriana. —No... —Sí podemos—le interrumpí—. Tengo una amiga que podría ayudarte si cooperas con nosotros. Ayuda, si no quieres terminar enterrada en una tumba malgastada. Vi y sentí como se estremeció ante lo que dije. Tomó medio minuto para que se recompusiera, Agnes fue en busca de agua fría y pasta de dientes. Lo cual se lo eché a Syan en su brazo quemado. No le quité las esposas, pero no seguía en el piso. Estaba sentada frente a Dom, en medio de una explicación que daría. —Llegué aquí hace un mes—comienza—. Andrew sabía que buscaban información de él para arruinarlo. Me buscó y me pidió que entrara. Lo hice, busqué la información que me pidió, y el collar de Tales también. Me tenso yo ahora. ¿Para que querrían aquél collar? ¿Qué tiene de especial? Veo a mi lado como se remueve Tales incómodo, y yo le doy una mirada fría y espesa. Quería explicaciones, y me las daría hoy mismo. No me voy a quedar sin respuestas. —Saldría de aquí en unas semanas, pero Abby se dió cuenta. Y no entiendo cómo. —confiesa y yo por dentro sonrío feliz. La gente aquí, no saben que hay cámaras, fuera y dentro de la habitación. En el baño es obvio qué no, pero si en las habitaciones. Pues, necesitamos saber qué es lo que hacen dentro. Uno nunca sabe quién pueda conspirar contra Dominic, o a contra de mí. —Dame información de Gale—le ordené. Ella asintió, después de inhalar por unos segundos. —Él se encuentra en París en este momento—dice—. Dentro de tres días debe estar esperando una carga que se la venderá Rukinov. Asentí, y miré a Dom. Teníamos la información perfecta por los momentos, mandé a Syan que la mandara a las celdas de abajo, con tres hombres. También pedí que le dieran comida y agua. Tampoco es que era tan mala, no me quedaría de menos que ofrecerle aquello en esas mugrosas celdas. —Hiciste un buen trabajo, cariño—moví mi cabeza en una afirmación, mientras miraba un punto del despacho. Tal vez no quería mirarlo a la cara y darme cuenta que me mentía con muchas cosas. —En dos días estaremos en París, después haremos las cosas a mí manera, sólo tienes que hacer algo para que seamos sus escoltas—le dije. —Sí, eso haré ahora mismo—dice, y noté cómo miró a Tales. Suspiré. —Me voy—digo y salgo de ahí. Siento cómo me siguen mis amigos,y los tres entramos a mi habitación. Me recuesto de la puerta, quedando sentada en el piso. Mis amigos se sientan igual que yo, mirándome con preocupación. Están esperando que suelte la bomba, y yo también espero por contarles. Pero las palabras quedan atoradas en mi garganta de sólo pensar en las mentiras y traiciones. Y que tal vez, Tales sea alguien muy importante para mí y no me haya dado cuenta. —Dominic me miente—digo con la voz rota, y mis amigos se miran entre sí. —¿De qué hablas? —pregunta Agnes desconcertada. —Caín se llama Tales Diubrak—digo y los ojos de los dos, casi se salen de su lugar—. Dominic lo ha estado cubriendo todo este tiempo, lo que he llegado a pensar, ¿quién es él para mí? *** —¿Qué es lo que tratas de decir, Abby? —me pregunta Charlie. Suelto un sonoro resoplido, que retumba por toda la habitación. Estoy cansada, mi corazón duele y mi mente también. —Están tratando de ocultarme algo—le digo—. Y también comienzo a sospechar de ustedes—suelto en un susurro bajo. ¿Cómo no? Agnes y Charlie se miraron entre sí, incómodos. Y ahí lo supe, me ocultan algo. Me levanto del piso rápido, con las lágrimas picando en mis ojos. Tengo las palabras en mi garganta, pero no salen. Estoy atorada. En este momento siento furia. Rabia. Dolor. Traición. Vuelvo a ser traicionada. —¿Qué te sucede? —pregunta Agnes, y mi cabreo aumenta más. Doy la vuelta, y salgo de mi habitación corriendo sin mirar a aquellas dos personas a las que siempre llamé amigos. En el camino me tropiezo con alguien, pero voy tan sumida que sigo mi camino hasta llegar al garaje dónde está mi coche. Entro al garaje y enciendo la luz para mirar todo tipos de autos que hay aquí dentro. —¿Abbs?—me llama Tales, y me tenso al escucharlo. Lo que me faltaba. —¿A dónde irás? —pregunta y no me detengo hasta llegar a mi coche—. Iré contigo. No fue una pregunta, sino una afirmación. —No te quiero cerca—lo encaré, disparándole fuego con los ojos. —Iré contigo—repite y me sigue. No hay caso. (...) Estaciono mi coche dentro del prado de flores. Me bajo, y automáticamente me echo al piso de tierra, sin importarme la ropa y sin importarme la mirada tranquila que tiene Tales. ¿Mirada tranquila? Vuelvo mi vista a él, y me mira despreocupado. De pronto siento un déjà vú combinado con pequeños flashes que pasan por mi mente, cegando mi vista por minutos. Matthew estaba mirándome con esa sonrisa que siempre se carga, y sus ojos que siempre me enamoran. Sus manos se mantuvieron en mis mejillas, y plantó un cálido beso seguido de pasión y amor. —¿Qué...? —pregunto mirando a la nada—. ¿Quién eres? Le pregunto al borde del llanto. Tales y yo, inmediatamente no fuimos al despacho de Dominic. Informándole a Agnes y a Charlie, qué vayan a saber dónde estaban estos dos en lo que queda de la semana. Bueno, y aquí nos encontrábamos. Syan estaba esposada, de rodillas —porque la obligué a hacerlo—. y con su cara magullada. Tal vez quede peor si no empieza a cooperar, o tal vez ni siquiera alcance a quedar viva de aquí. Jung a cavado su propia tumba. Luego recuerdo el collar, y de lo familiar que se me hace. Pero en algún lugar lejano de mi cerebro, no consigo respuestas. Es como si una parte de mi cerebro no respondiera a mis recuerdos. Agnes, Charlie y de último Dom, entran apresurados al despacho. Sus miradas de odio se posan en Syan, y noto como ella se encoge del miedo. Esta pobre ilusa no va a salir de aquí viva si no habla. Mi padre me da luz verde para proceder con Syan. Por lo que me levanto lentamente, y me poso detrás de ella, para sostenerla del cabello, y echarle aceite un poco caliente. El aceite corre por su brazo, y ella se retuerce del dolor. —¡Dime dónde está Gale! —le grito. Ella aprieta sus labios,con la señal de que no va a decir nada. Por lo que tomo aceite más caliente, y lo echo en su brazo. Veo como de rojo se pone el brazo, y escucho los gritos desgarradores de Syan. Dios mío, ¿qué tanto le cuesta hablar? —¿Te preocupa que Andrew te mate? ¿O Gale? —pregunto y se tensa—. ¿Qué es a lo que le tienes miedo, Jung? —Andrew... —dice soltando pequeños gemidos de dolor. —Podremos protegerte si dices la verdad—le digo fría. No me gustaría el hecho de protegerla, no somos el FBI ni nada de eso para ofrecerle protección. Pero sí sé quién podría echarme una mano en esto, y esa sería Adriana. —No... —Sí podemos—le interrumpí—. Tengo una amiga que podría ayudarte si cooperas con nosotros. Ayuda, si no quieres terminar enterrada en una tumba malgastada. Vi y sentí como se estremeció ante lo que dije. Tomó medio minuto para que se recompusiera, Agnes fue en busca de agua fría y pasta de dientes. Lo cual se lo eché a Syan en su brazo quemado. No le quité las esposas, pero no seguía en el piso. Estaba sentada frente a Dom, en medio de una explicación que daría. —Llegué aquí hace un mes—comienza—. Andrew sabía que buscaban información de él para arruinarlo. Me buscó y me pidió que entrara. Lo hice, busqué la información que me pidió, y el collar de Tales también. Me tenso yo ahora. ¿Para que querrían aquél collar? ¿Qué tiene de especial? Veo a mi lado como se remueve Tales incómodo, y yo le doy una mirada fría y espesa. Quería explicaciones, y me las daría hoy mismo. No me voy a quedar sin respuestas. —Saldría de aquí en unas semanas, pero Abby se dió cuenta. Y no entiendo cómo. —confiesa y yo por dentro sonrío feliz. La gente aquí, no saben que hay cámaras, fuera y dentro de la habitación. En el baño es obvio qué no, pero si en las habitaciones. Pues, necesitamos saber qué es lo que hacen dentro. Uno nunca sabe quién pueda conspirar contra Dominic, o a contra de mí. —Dame información de Gale—le ordené. Ella asintió, después de inhalar por unos segundos. —Él se encuentra en París en este momento—dice—. Dentro de tres días debe estar esperando una carga que se la venderá Rukinov. Asentí, y miré a Dom. Teníamos la información perfecta por los momentos, mandé a Syan que la mandara a las celdas de abajo, con tres hombres. También pedí que le dieran comida y agua. Tampoco es que era tan mala, no me quedaría de menos que ofrecerle aquello en esas mugrosas celdas. —Hiciste un buen trabajo, cariño—moví mi cabeza en una afirmación, mientras miraba un punto del despacho. Tal vez no quería mirarlo a la cara y darme cuenta que me mentía con muchas cosas. —En dos días estaremos en París, después haremos las cosas a mí manera, sólo tienes que hacer algo para que seamos sus escoltas—le dije. —Sí, eso haré ahora mismo—dice, y noté cómo miró a Tales. Suspiré. —Me voy—digo y salgo de ahí. Siento cómo me siguen mis amigos,y los tres entramos a mi habitación. Me recuesto de la puerta, quedando sentada en el piso. Mis amigos se sientan igual que yo, mirándome con preocupación. Están esperando que suelte la bomba, y yo también espero por contarles. Pero las palabras quedan atoradas en mi garganta de sólo pensar en las mentiras y traiciones. Y que tal vez, Tales sea alguien muy importante para mí y no me haya dado cuenta. —Dominic me miente—digo con la voz rota, y mis amigos se miran entre sí. —¿De qué hablas? —pregunta Agnes desconcertada. —Caín se llama Tales Diubrak—digo y los ojos de los dos, casi se salen de su lugar—. Dominic lo ha estado cubriendo todo este tiempo, lo que he llegado a pensar, ¿quién es él para mí? *** —¿Qué es lo que tratas de decir, Abby? —me pregunta Charlie. Suelto un sonoro resoplido, que retumba por toda la habitación. Estoy cansada, mi corazón duele y mi mente también. —Están tratando de ocultarme algo—le digo—. Y también comienzo a sospechar de ustedes—suelto en un susurro bajo. ¿Cómo no? Agnes y Charlie se miraron entre sí, incómodos. Y ahí lo supe, me ocultan algo. Me levanto del piso rápido, con las lágrimas picando en mis ojos. Tengo las palabras en mi garganta, pero no salen. Estoy atorada. En este momento siento furia. Rabia. Dolor. Traición. Vuelvo a ser traicionada. —¿Qué te sucede? —pregunta Agnes, y mi cabreo aumenta más. Doy la vuelta, y salgo de mi habitación corriendo sin mirar a aquellas dos personas a las que siempre llamé amigos. En el camino me tropiezo con alguien, pero voy tan sumida que sigo mi camino hasta llegar al garaje dónde está mi coche. Entro al garaje y enciendo la luz para mirar todo tipos de autos que hay aquí dentro. —¿Abbs?—me llama Tales, y me tenso al escucharlo. Lo que me faltaba. —¿A dónde irás? —pregunta y no me detengo hasta llegar a mi coche—. Iré contigo. No fue una pregunta, sino una afirmación. —No te quiero cerca—lo encaré, disparándole fuego con los ojos. —Iré contigo—repite y me sigue. No hay caso. (...) Estaciono mi coche dentro del prado de flores. Me bajo, y automáticamente me echo al piso de tierra, sin importarme la ropa y sin importarme la mirada tranquila que tiene Tales. ¿Mirada tranquila? Vuelvo mi vista a él, y me mira despreocupado. De pronto siento un déjà vú combinado con pequeños flashes que pasan por mi mente, cegando mi vista por minutos. Matthew estaba mirándome con esa sonrisa que siempre se carga, y sus ojos que siempre me enamoran. Sus manos se mantuvieron en mis mejillas, y plantó un cálido beso seguido de pasión y amor. —¿Qué...? —pregunto mirando a la nada—. ¿Quién eres? Le pregunto al borde del llanto. Tales y yo, inmediatamente no fuimos al despacho de Dominic. Informándole a Agnes y a Charlie, qué vayan a saber dónde estaban estos dos en lo que queda de la semana. Bueno, y aquí nos encontrábamos. Syan estaba esposada, de rodillas —porque la obligué a hacerlo—. y con su cara magullada. Tal vez quede peor si no empieza a cooperar, o tal vez ni siquiera alcance a quedar viva de aquí. Jung a cavado su propia tumba. Luego recuerdo el collar, y de lo familiar que se me hace. Pero en algún lugar lejano de mi cerebro, no consigo respuestas. Es como si una parte de mi cerebro no respondiera a mis recuerdos. Agnes, Charlie y de último Dom, entran apresurados al despacho. Sus miradas de odio se posan en Syan, y noto como ella se encoge del miedo. Esta pobre ilusa no va a salir de aquí viva si no habla. Mi padre me da luz verde para proceder con Syan. Por lo que me levanto lentamente, y me poso detrás de ella, para sostenerla del cabello, y echarle aceite un poco caliente. El aceite corre por su brazo, y ella se retuerce del dolor. —¡Dime dónde está Gale! —le grito. Ella aprieta sus labios,con la señal de que no va a decir nada. Por lo que tomo aceite más caliente, y lo echo en su brazo. Veo como de rojo se pone el brazo, y escucho los gritos desgarradores de Syan. Dios mío, ¿qué tanto le cuesta hablar? —¿Te preocupa que Andrew te mate? ¿O Gale? —pregunto y se tensa—. ¿Qué es a lo que le tienes miedo, Jung? —Andrew... —dice soltando pequeños gemidos de dolor. —Podremos protegerte si dices la verdad—le digo fría. No me gustaría el hecho de protegerla, no somos el FBI ni nada de eso para ofrecerle protección. Pero sí sé quién podría echarme una mano en esto, y esa sería Adriana. —No... —Sí podemos—le interrumpí—. Tengo una amiga que podría ayudarte si cooperas con nosotros. Ayuda, si no quieres terminar enterrada en una tumba malgastada. Vi y sentí como se estremeció ante lo que dije. Tomó medio minuto para que se recompusiera, Agnes fue en busca de agua fría y pasta de dientes. Lo cual se lo eché a Syan en su brazo quemado. No le quité las esposas, pero no seguía en el piso. Estaba sentada frente a Dom, en medio de una explicación que daría. —Llegué aquí hace un mes—comienza—. Andrew sabía que buscaban información de él para arruinarlo. Me buscó y me pidió que entrara. Lo hice, busqué la información que me pidió, y el collar de Tales también. Me tenso yo ahora. ¿Para que querrían aquél collar? ¿Qué tiene de especial? Veo a mi lado como se remueve Tales incómodo, y yo le doy una mirada fría y espesa. Quería explicaciones, y me las daría hoy mismo. No me voy a quedar sin respuestas. —Saldría de aquí en unas semanas, pero Abby se dió cuenta. Y no entiendo cómo. —confiesa y yo por dentro sonrío feliz. La gente aquí, no saben que hay cámaras, fuera y dentro de la habitación. En el baño es obvio qué no, pero si en las habitaciones. Pues, necesitamos saber qué es lo que hacen dentro. Uno nunca sabe quién pueda conspirar contra Dominic, o a contra de mí. —Dame información de Gale—le ordené. Ella asintió, después de inhalar por unos segundos. —Él se encuentra en París en este momento—dice—. Dentro de tres días debe estar esperando una carga que se la venderá Rukinov. Asentí, y miré a Dom. Teníamos la información perfecta por los momentos, mandé a Syan que la mandara a las celdas de abajo, con tres hombres. También pedí que le dieran comida y agua. Tampoco es que era tan mala, no me quedaría de menos que ofrecerle aquello en esas mugrosas celdas. —Hiciste un buen trabajo, cariño—moví mi cabeza en una afirmación, mientras miraba un punto del despacho. Tal vez no quería mirarlo a la cara y darme cuenta que me mentía con muchas cosas. —En dos días estaremos en París, después haremos las cosas a mí manera, sólo tienes que hacer algo para que seamos sus escoltas—le dije. —Sí, eso haré ahora mismo—dice, y noté cómo miró a Tales. Suspiré. —Me voy—digo y salgo de ahí. Siento cómo me siguen mis amigos,y los tres entramos a mi habitación. Me recuesto de la puerta, quedando sentada en el piso. Mis amigos se sientan igual que yo, mirándome con preocupación. Están esperando que suelte la bomba, y yo también espero por contarles. Pero las palabras quedan atoradas en mi garganta de sólo pensar en las mentiras y traiciones. Y que tal vez, Tales sea alguien muy importante para mí y no me haya dado cuenta. —Dominic me miente—digo con la voz rota, y mis amigos se miran entre sí. —¿De qué hablas? —pregunta Agnes desconcertada. —Caín se llama Tales Diubrak—digo y los ojos de los dos, casi se salen de su lugar—. Dominic lo ha estado cubriendo todo este tiempo, lo que he llegado a pensar, ¿quién es él para mí? *** —¿Qué es lo que tratas de decir, Abby? —me pregunta Charlie. Suelto un sonoro resoplido, que retumba por toda la habitación. Estoy cansada, mi corazón duele y mi mente también. —Están tratando de ocultarme algo—le digo—. Y también comienzo a sospechar de ustedes—suelto en un susurro bajo. ¿Cómo no? Agnes y Charlie se miraron entre sí, incómodos. Y ahí lo supe, me ocultan algo. Me levanto del piso rápido, con las lágrimas picando en mis ojos. Tengo las palabras en mi garganta, pero no salen. Estoy atorada. En este momento siento furia. Rabia. Dolor. Traición. Vuelvo a ser traicionada. —¿Qué te sucede? —pregunta Agnes, y mi cabreo aumenta más. Doy la vuelta, y salgo de mi habitación corriendo sin mirar a aquellas dos personas a las que siempre llamé amigos. En el camino me tropiezo con alguien, pero voy tan sumida que sigo mi camino hasta llegar al garaje dónde está mi coche. Entro al garaje y enciendo la luz para mirar todo tipos de autos que hay aquí dentro. —¿Abbs?—me llama Tales, y me tenso al escucharlo. Lo que me faltaba. —¿A dónde irás? —pregunta y no me detengo hasta llegar a mi coche—. Iré contigo. No fue una pregunta, sino una afirmación. —No te quiero cerca—lo encaré, disparándole fuego con los ojos. —Iré contigo—repite y me sigue. No hay caso. (...) Estaciono mi coche dentro del prado de flores. Me bajo, y automáticamente me echo al piso de tierra, sin importarme la ropa y sin importarme la mirada tranquila que tiene Tales. ¿Mirada tranquila? Vuelvo mi vista a él, y me mira despreocupado. De pronto siento un déjà vú combinado con pequeños flashes que pasan por mi mente, cegando mi vista por minutos. Matthew estaba mirándome con esa sonrisa que siempre se carga, y sus ojos que siempre me enamoran. Sus manos se mantuvieron en mis mejillas, y plantó un cálido beso seguido de pasión y amor. —¿Qué...? —pregunto mirando a la nada—. ¿Quién eres? Le pregunto al borde del llanto.
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