Damon estuvo todo el trayecto a casa mirándome con el rostro inexpresivo y la mandíbula apretada, pero de todas formas me permitió limpiarle la sangre. Honestamente, no logro entender por qué tenía la urgencia de hacerlo. Quizás porque soy consciente de que él no buscó meterse en problemas. Tal vez porque no se me ocurría qué más hacer, aparte de nada.
Cuando Randy se estacionó fui la primera en bajar, de pronto cohibida. Y el castaño me alcanzó en la entrada del edificio. Le di un último vistazo al Bentley, que me pareció una maravillosa combinación entre lo clásico y lo moderno, y sacudí una mano para despedirme del chofer. De lejos Randy es mucho más agradable que el dueño del auto que conduce.
Thomas estaba esperándonos de pie cerca de la puerta. Damon se estremeció sutilmente al verlo allí, inesperadamente, con los ojos demasiado abiertos.
—Oh, Dios, por fin aparecen.
Damon le envió un texto a Madeleine para pedirle que localizara a Tom y lo enviara al departamento, así como para decirle que se asegurara de que ningún paparazzi se asentara a las afueras del edificio esta noche. No sé cómo lo hizo, pero se encargó de ambas cosas a la perfección y en tiempo record. Nosotros sólo nos desviamos del camino para pasar por la farmacia, y salimos prácticamente huyendo de allí cuando la chica detrás del mostrador empezó a emocionarse por la presencia del castaño.
—¿Dónde diablos estabas? Tuve que rescatar a tu novia.
Thomas frunció el ceño hacia mí.
—Elizabeth me mostró un video en el que se la ve corriendo atrás de ti, así que puedo imaginármelo.
Yo me crucé de brazos y los hice a un lado para entrar, alzando el mentón como constancia de que haber hecho el ridículo no me convierte en alguien menos interesante o asombrosa.
—No fue así como las cosas pasaron.
—También vi la pelea. Perdón por no haber estado ahí, Damon.
—Da igual, Roux comentó que estabas muriendo lentamente en el baño.
—Sí, bueno, no te recomiendo beber en el lanzamiento de un puto perfume como si estuvieras en el cumpleaños de alguien.
Caminé hacia el ventanal, quitándome los zapatos con una mano. Nunca he calzado algo tan bonito y delicado, pero mis pies están a un paso de rendirse por completo. Solté un suspiro de alivio en cuanto toqué la alfombra, realmente feliz de haberme deshecho de ellos. Me detuve con la vista clavada en el panorama, pensativa. Esta ha sido una noche larga, con múltiples incidentes inesperados de por medio, pero no cambiaría ni un segundo (excepto la parte en la que mi novio se extravió, y aquella otra en la que casi le parten nuevamente la cara a Damon).
El castaño suspiró.
—No quiero decirte cómo vivir tu vida, y sé que nada de esto fue intencional, pero la próxima vez que salgan conmigo…—Damon hizo una pausa. Vagamente le oí dudar sobre cómo decir lo siguiente—, no pierdas a Abby de vista.
Giré el cuello hacia ellos por la sorpresa. Es la primera vez que Damon me llama directamente por el diminutivo de mi nombre, pese a que no está hablándome a mí. Y, en general, no esperaba que le dijera algo como eso a Thomas. Nunca.
¿Tanto le fastidié? ¿Como para querer asegurarse de que nunca más viviremos algo similar?
Una punzada me asaltó de la nada, pero quise ignorarla.
—Lo siento, ¿Abby hizo algo especialmente indebido?
Creo que incluso Elizabeth aguardó por la respuesta con la respiración contenida. Yo empecé a prepararme para defenderme una vez saliera con algo ofensivo. Damon permaneció impertérrito.
—No, no es sobre eso.
—¿Y entonces?
—No quiero involucrarla en mi mundo porque luego no la dejarán en paz—entonces se volteó hacia mí—, y no creo que tú en serio lo entiendas.
—Fue un impulso, pensé que habría sido horrible dejarte solo.
Sacudió la cabeza, quizás dándose cuenta de que sus palabras me afectaron de alguna u otra forma. ¿En verdad fue tan espantoso que nos quedáramos solos en esa calle? Porque por primera vez, en lo que esperábamos a Randy, sentí que podríamos ser amigos.
—Tú no hiciste nada mal, Roux. Pero no estás preparada para nada de esto. Una foto más conmigo y alguien va a reconocerte cuando salgas a la calle, aunque tengas la fortuna de que no salga tu cara otra vez.
Respiré hondo. Supongo que en ese aspecto tiene razón. ¿Y qué hago yo queriendo estrechar nuestra relación, de todos modos? Si hace muy poco estaba determinada a mantener nuestros caminos lo más alejados posibles.
Las palabras de Elizabeth vinieron a mi mente.
“No serías la primera chica que trata de vincularse a su vida más de lo que le corresponde.”
—De acuerdo, de verdad lamento haber complicado las cosas.
Damon negó de nuevo.
—En realidad, te lo agradezco—no supe qué contestar. El castaño estiró los brazos por encima de su cabeza y se volteó hacia Tom—. Me iré a la cama. Madeleine estará en la puerta antes de que salga el Sol, gritando y dándome órdenes para las que necesito reunir energía.
Mi novio le palmeó la espalda.
—Descansa, y ponte algo de hielo en la cara.
Elizabeth se aclaró la garganta en cuanto él pasó por su lado.
—¿Quiere algo, señor? ¿Tal vez una taza de té?
—No.
Ella no fue invitada a la gala, pero se arregló el pelo como si pensara que surgiría la oportunidad de pasarse casualmente por ahí. Se ve bastante linda, para ser sincera.
Tom me envolvió con sus brazos, aun oliendo a licor
—¿Tú estás bien?
—Sí, ¿por qué?
—No lo sé, eso fue un tanto dramático.
—Sí.
Nos sujetamos en silencio.
—Te busqué, o eso intenté, antes del desastre. Entonces me topé con Halsey y Damon.
—Madeleine me habló de lo que pasó para que ese chico estuviera tan furioso, después de exigirme que viniera a casa.
—¿Qué te dijo?
—Que él pilló a Halsey besándose con Damon. No mencionó que estuvieras ahí.
—Porque nadie me notó. Los conseguí por casualidad.
—Bueno… aparentemente Anthony forma parte del equipo de ella; es uno de sus estilistas, y han estado teniendo una relación secreta no tan secreta que James descubrió meses atrás. Para el chico era algo serio, pero ya descubrimos que Halsey no lo veía de la misma forma.
—Es decir, que atacó a Damon por celos.
—Y quizás la rabia de haber sido tan idiota por mucho, muchísimo tiempo. Halsey le juró que todo lo que pasaba entre ellos era marketing; no tenía ni idea de que se veían cada vez que alguno de los dos quería.
—Pobre chico.
—Sí.
—¿Y Damon lo sabía? ¿Que ella estaba con Anthony?
—No lo sé, ¿qué impresión te dio a ti?
Lo medité un instante. Por intervalos de tiempo, dentro del auto, la mirada del castaño parecía perdida, un tanto vacía. Y yo presentía que sus pensamientos regresaban al momento en el que el hecho de estar siendo atacado por un desconocido cobraba sentido.
—No. No lo sabía. En realidad creo que le dolió enterarse así.
—Bueno, a lo mejor lo de ellos sí era algo más, después de todo.
—No, pero Damon confiaba en ella. O al menos eso es lo que pienso. Y no esperaba encontrarse con que ella no fue capaz de contarle que andaba liándose con un chico mientras lo usaba a él por ratos. Supongo que el problema es no haber recibido el mismo nivel de confianza.
—¿Crees que querría haberlo averiguado de otra forma?
—Definitivamente le habría gustado que no fuera por un puñetazo directo al rostro.
Thomas se rió levemente, su cuerpo vibrando contra el mío.
—Vamos a dormir, ya es tarde.
Me soltó, retrocediendo.
—Dame un minuto, ya te alcanzo.
Tom asintió previo a encerrarse en la habitación. Inmediatamente después Elizabeth me abordó, moviéndose como un rayo del sitio en el que estaba.
—Yo puedo cuidarlo mejor tú.
—Oh, Dios, Elizabeth… ahora no, por favor.
—¿Qué? ¿Estás cansada de intentar colgarte continuamente de la fama de Damon?
—¿Por qué me odias?—pregunté directamente, harta de sus pequeñas emboscadas.
—No te odio, Abigail. Para mí no significarías nada si me hicieras caso y te apartaras totalmente del camino.
—¿Cuál camino?
—No te hagas la tonta.
—Ya te dije que Damon no me importa.
—Tus acciones hablan por ti. No puedes sacártelo de la cabeza, eso es evidente. Buscas cualquier excusa para acercarte a él.
—He estado evitándolo todos estos días.
Su mirada se volvió aún más criptica.
—¿Y por qué? Si tanto te da igual.
Resoplé.
—¿No hay ninguna respuesta que te ponga contenta? Honestamente, no sé qué quieres que te diga.
—Que vas a alejarte de él, claramente, y que no lo perseguirás en ningún otro evento, haciéndole pensar que puede contar contigo.
Quise decirle que ni en un millón de años le obedeceré, que ella no tiene derecho a darme órdenes, o a pretender que puede dirigirme la vida, pero logré detenerme a tiempo. Todo esto es una estupidez, y no quiero dar la impresión de estar peleándome por Damon.
—Lo que sea—gruñí, pasando por su lado sin poder ocultar mi irritación.
Thomas ya estaba casi del todo dormido cuando entré a la habitación, por lo que después de eso no hubo mucha conversación. Apenas me puso atención.
Tras dar incontables vueltas sobre mi lado de la cama conseguí dormirme, pero no tardé mucho en ese estado ya que, como predijo Damon, Madeleine llegó cuando aún estaba oscuro.
Si alguien me hubiera preguntado, yo habría dicho que es de esas personas que se toman muy en serio el respeto y la privacidad hacia todas aquellas personas que no representa, no obstante, cuando abrió mi puerta sin tocar y alargó el brazo para sacudirme por el hombro quebró ese pensamiento. Casi me caigo de la cama por la impresión, dando un respingo en lo que mis ojos enfocaron su cara.
Estuve unos segundos estática, asimilando que ella en serio estaba ahí, y entonces su paciencia se agotó, porque me sacudió con mucha más fuerza.
—Despierta, Abigail, te necesito alerta.
Volteé hacia Thomas y descubrí que él ya se frotaba los ojos, con Dan ligeramente inclinado sobre su cuerpo, como comprobando su respiración.
¿Qué diablos?
Mi novio y yo salimos de la habitación sin entender nada. Nos permitieron cepillarnos los dientes antes de pastorearnos a los sofás. Yo parpadeaba compulsivamente para ahuyentar el sueño, pero no estaba dando resultados, y Thomas se pasaba las manos por la cara.
A Elizabeth y Damon los ubicaron justo frente a nosotros. La primera es la única totalmente lucida, y el último se ve como si fuera perfectamente capaz de arrojar a alguien por el ventanal. Observé el bonito conjunto de satín rojo que lleva puesto la pelirroja, el cual combina maravillosamente con su cabello, y luego mi ridículo pijama de dos piezas con trenes que sonríen estampados. En otras condiciones me habría avergonzado, o quizás sentido inferior por no ser lo bastante atractiva cuando duermo, pero lo cierto es que me molesta más la idea de no estar en mi cama, envuelta en mis preciosas sábanas.
—¿Qué hora es?—dije, con la garganta seca. No pude ocultar la nota de fastidio.
—Las cuatro—contestó Dan, mirando su reloj.
Madeleine terminó de teclear en su teléfono y se situó frente a la TV, mirándonos con el semblante serio.
—Normalmente este tipo de reuniones son confidenciales y exclusivamente del interés de Damon, pero lo que ha pasado anoche los incluye a casi todos ustedes—posó la vista sobre la pelirroja un segundo, luego taladró al castaño con la mirada—. Van más de tres escándalos significativos en menos de un mes, desde disputas que han amenazado tu integridad física hasta salidas clandestinas con Abigail que, por el bien de ambos, no debieron producirse…
—¿Hay más fotos de nosotros?—la interrumpí, súbitamente preocupada de que alguien nos hubiera captado sonriéndonos. En verdad no necesito que vuelvan a especular sobre una relación inexistente.
—No después de que ambos abandonaron el edificio, pero eso fue muy arriesgado. Aunque me aseguré de que nadie los siguiera, cualquier transeúnte pudo haberlos filmado juntos.
Tom se aclaró la garganta.
—¿Y eso qué? No sería como si hubieran estado haciendo algo inapropiado.
—Quizás no, Dune, pero el caso es que ni tú ni tu novia deben ser vinculados a Damon públicamente, y ella pone las cosas muy difíciles si se va con él de una fiesta en la que hay cientos de personas.
—Lo siento—dije, bajo cierto nivel de coacción. No estoy segura de arrepentirme.
Madeleine suspiró, centrándose en su cliente otra vez.
—Tu imagen y reputación se han visto, naturalmente, afectadas. No eres idiota, me consta que lo sabes, aunque no te importe una mierda. Y eso no es para nada provechoso. Muchas personas me han escrito, inquietas, porque de pronto ya no pareces lo que ellos han estado buscando. He mantenido todo bajo control y no hay nada por lo que actualmente debamos preocuparnos. Sin embargo, recuerda esto: todos aman a los chicos malos, pero sólo a los que no lo son tanto.
Elizabeth asintió, dándole la razón.
—Aman que coquetees con la idea de ser un idiota, con que tengas ciertos comportamientos desacertados, pero que, al mismo tiempo, no pongas tu carrera y los contratos en peligro. Y tú estás cruzando una línea que no debes ni mirar, Damon, porque hundirse es demasiado fácil cuando estás en la cima.
El castaño, que en verdad luce increíblemente desconectado de la conversación, se llevó una mano a la frente y la mantuvo allí, como si un profundo dolor de cabeza le nublara las ideas.
—¿No podrías decirme lo obvio en un horario aceptable?
—No he terminado.
Él rodó los ojos.
—Seguro que no.
—Todo lo que hemos hecho juntos puede venirse abajo si tu nombre vuelve a viralizarse por las razones incorrectas, y eso a mí sí me preocupa; no lo permitiré. Así que estuve trabajando durante toda la noche para planear lo que haremos a continuación. Es claro que la situación, aquí en la ciudad, está tensa, así que te tomaras unas vacaciones breves y espontaneas mientras todo se reorganiza.
Esto por fin tuvo un efecto en él, impulsándolo a enderezarse.
—¿Vacaciones?
—Sí, algo así, porque en realidad me he asegurado de que puedas adelantar un par de compromisos que habíamos pautado para el mes entrante en otra ciudad.
—Madeleine, ¿qué…? ¿Por qué sigues actuando como si pudieras poner en pausa en mi vida y continuarla en cualquier otro punto sólo porque sí?
—Te irás a Italia dentro de un par de horas—sentenció—, con Elizabeth, los chicos de seguridad y un grupo de profesionales que te acompañarán durante tu estadía. Yo no me uniré porque aún tengo asuntos por gestionar, pero estarás en buenas manos. Te quedarás allá dos semanas, en lo que limpio tu nombre, y luego volverás para retomar lo demás.
—¿Estás de broma? ¿Ahora también decides cuándo echarme a patadas de la ciudad?
—Esto es serio, Damon. La opinión pública es excesivamente relevante, y tras el escándalo de anoche tu imagen está pendiendo de un hilo. Ahora mismo hay cientos de entradas en internet que te acusan, nuevamente, de ser problemático, y para las próximas campañas eso no es conveniente. Si actuamos de la forma correcta en un par de días lo olvidarán, pero si cometes otro error, por mínimo que sea, se unirá a la larga lista de equivocaciones que no te permitirán olvidar.
—Dios, a mí no me importa agradar, ¿por qué no entiendes eso? No reacomodaré toda mi vida para que las personas estén cómodas con lo que hago.
La pelinegra se exasperó.
—Mira, no vine aquí con el propósito de negociar. Ya te expuse cuál es el plan. Si no te parece, despídeme ahora mismo. No voy a ceder.
Él la miró, boquiabierto, y yo podría jurar que todos retuvimos la respiración.
Incluso Dan se mostró impactado por la determinación que su hermana profesó, dispuesta a arriesgarlo todo.
Cuando el silencio se estiró como una banda elástica, acumulando tensión, Damon se puso de pie. Todos le vimos encerrarse con un portazo, y Elizabeth fue, como siempre, la que decidió encargarse. Treinta segundos más tarde desapareció de nuestro campo visual, su cabello batiéndose con cada paso que dio.
Madeleine se quedó de pie un instante antes de encaminarse al comedor, con Dan tras ella. Para mí esa escena fue determinante, pero la reacción de los implicados, al final, me hizo pensar en que a lo mejor esta no es la primera vez que sus desacuerdos llegan a este punto.
—Eso fue… inesperado—musitó mi novio—. Cada día aquí es como una aventura.
Y no precisamente en el buen sentido.
—Todavía no entiendo cómo esto tiene que ver conmigo y con mis horas de sueño desperdiciadas. ¿Es porque corrí detrás de Damon? Anoche claramente dije que no volvería a hacerlo.
—Sí, pero supongo que Madeleine necesitaba que se lo dijeras a ella.
Me mordí el labio inferior.
—¿Sabes? Estas cosas no nos pasarían en el Four Seasons.
Noté que se tensaba a mi lado, volteándose para mirarme.
—Dijiste que no te arrepentirías…
—Lo sé, lo sé… sólo no me planteé el hipotético escenario en el que me levantaban a mitad de la madrugada para presenciar una extraña discusión que parece no haber concluido en nada.
Damon abrió la puerta con la misma vehemencia con la que la cerró, saliendo como un torbellino. Thomas alzó ambas cejas antes de apuntarle a la cocina, asumiendo lo que haría a continuación. Él asintió hacia mi novio, caminando con las manos en puños.
Elizabeth se quedó de pie en la sala, sus mejillas sonrosadas, y en cosa de minutos los hermanos y Damon habían regresado a sus antiguas posiciones. Todos más hastiados que antes, con excepción de Madeleine.
—Puede que me haya precipitado un poco—empezó ella—, así que pospondremos el vuelo hasta mañana. Todo lo demás sigue igual. Por la tarde vendré para conversar detenidamente los detalles, y cómo encajan todos los que no son Damon en esto. Ahora entiendo que estén un poco cansados y hartos de mí.
—¿En serio?
Para este punto a Damon no le importa en lo más mínimo ser innecesariamente cruel.
Madeleine le ignoró.
—Lamento las molestias causadas, pero aun cuando este chico es peor que un dolor de cabeza, le aprecio, y si está al alcance de mi mano jamás le dejaré hundirse a sí mismo.
El aludido se puso de pie con el rostro contraído por la irritación, probablemente dispuesto a macharse de manera definitiva. Antes de que rozara el pomo de la puerta mi novio alzó de pronto la voz.
—Abby podría ir con ustedes.
Giré el cuello de tal forma que dolió, observando a Tom con los ojos abiertos de par en par.
Damon se frenó en seco.
—Por supuesto, yo pagaré por sus gastos. Sólo quiero que se distraiga un poco. Hasta ahora no hemos podido explorar como me habría gustado.
—Tom, no es necesario…
Justo entonces el castaño dejó de darnos la espalda, encarándome a varios pasos de distancia con cierto toque desafiante en su expresión. Por algún motivo a él le parece fascinante que yo busque últimamente cualquier salida fácil para no tener que enfrentarlo de ninguna manera. Y eso que ayer podríamos haber tenido algún tipo de progreso en la extraña relación que hemos sostenido desde el principio. Me da la impresión de que quiere probarse algo a sí mismo.
—Te mereces un viaje, cariño, y siempre has querido conocer Italia. A mí me encantaría ir, pero es imposible ahora mismo.
Elizabeth intervino.
—Se supone que todo esto se trata de que Damon pueda reorganizar su vida lejos del caos. ¿Cómo podría ser posible si Abigail lo acompaña? No es personal—aclaró al instante, para que los demás no supieran que tiene un problema conmigo—, pero ella es parte del desastre. Que la hayan visto con Damon ha provocado un revuelo de rumores intenso y preferiblemente evitable.
—En Italia no soy la gran cosa—dijo el castaño, desinteresado, pese a que Dan enseguida saltó para indicarnos estadísticamente el alcance general de su popularidad allá; cifra que yo no consideraría precisamente insignificante.
Madeleine ladeó la cabeza.
—No lo sé… Abby, me agradas, pero Elizabeth tiene razón. Eres uno de esos chismes que debemos desaparecer.
Damon cruzó los brazos sobre el pecho.
—Tengo varias propiedades en Italia, y todas son lo suficientemente grandes como para que Roux pueda quedarse allí sin ser vista por nadie.
—¿Y si quiere salir? Porque, visto desde ese ángulo, no me gustaría exponerla a más situaciones incómodas—Tom comenzó a titubear, y a mí me resultó surrealista que esa conversación estuviera llevándose a cabo frente a mis narices sin que yo participara.
Me había quedado en blanco. No es que no me apetezca ir a Italia, incluso si debo hacerlo sin Thomas, pero todo lo que puedo pensar es en hacer este viaje a solas con Damon. O parcialmente a solas.
¿Yo estoy mentalmente preparada para algo así? Si lo estudio a fondo, tampoco sé por qué no habría de estarlo.
—Hay muchos autos con vidrios oscuros, entrar y salir no será un problema. Incluso si quiere caminar podemos gestionarlo.
Damon clavó la vista sobre mí, y en consecuencia todos los demás también.
—Así que dime, Roux, ¿vendrás conmigo?