Esperé que se retractara, que dijera que sólo estaba jugando conmigo o que comenzara a reírse. Pero ninguna de esas cosas pasó. De hecho, Damon se mostró incluso más serio que al principio.
—¿Qué? ¿Para qué?
—Porque sí.
—Yo no… no canto para nadie, ¿entiendes? No hay muchas personas que me hayan escuchado.
—No es un concurso, no voy a juzgarte, sólo quiero oírte.
—Es que no tengo música de fondo.
—Literalmente puedes ponerla en cualquier artefacto eléctrico que te consigas—se volteó para señalar al refrigerador con un movimiento de su cabeza—. Incluso ahí.
—Pero me refiero a música producida por una guitarra o algo así.
—¿De verdad? ¿Eso es lo que necesitas, una guitarra?
—Sí, pero no tienes una ¿cierto?—por un momento temí que, contrario a lo que esperaba, fuera a salirme con que es un guitarrista profesional. En verdad no me siento capaz de cantar para que él me vea.
—No.
—Bien, lo intentamos.
—Por ahora.
—¿Por ahora qué?
—Dame un segundo.
Desconcertada lo vi comenzar a teclear algo en su teléfono, luego se lo llevó a la oreja.
—¿Dónde estás?—hubo una pausa—. Ya… necesito que hagas algo por mí, consigue una guitarra y a alguien que sepa usarla… sí, Bianca, a esta hora.
Entreabrí los labios, increíblemente sorprendida. ¿Por qué está haciendo eso?
—Sí… llama a Connor y pídele que te traiga a mi departamento… pues no me importa, su sueldo es diez veces el tuyo, y se supone que es así para que en momentos como este cumpla con su deber. Como sea, asegúrate de que ningún paparazzi te vea, y llega en menos de una hora, ¿ok? Necesito dormir temprano.
Incluso después de que colgó continué viéndolo sin saber qué decir. Él sonrió con una pizca de malicia, probablemente muy consciente de mi expresión, y fue el primero en atreverse a romper el silencio.
—¿Y ahora qué excusa vas a inventarte?
—Ok, lo que hiciste fue innecesario y no tiene sentido, ¿sacaste a esa pobre chica de su casa sólo para que se busque una guitarra? ¿Y a un guitarrista? Ni siquiera te he dicho que quiero cantar.
—A ver, directamente nunca dijiste “no quiero cantar”, pero te hubieras ahorrado todo esto si supieras ser genuinamente honesta.
—Ah, ¿entonces esto se trata de una lección de vida?
—No, es sobre cómo me da la impresión de que te involucras en cosas que no quieres por no ponerte como prioridad. Y, además, sobre lo mucho que extrañamente quiero escucharte. Me da curiosidad.
—En ninguna página de fans tuya mencionan que eres un incordio, pero lo eres.
—¿Me has estado buscando en internet?
Fingió asombro, llevándose una mano al pecho.
Odié haberlo hecho justo hoy.
—No.
—Mentirosa.
—El caso es, Damon, que no pienso cantar—dije, cambiando el tema a propósito por algo que sí me interesa discutir.
—De acuerdo, pero tú le dirás exactamente eso a Bianca y a quien sea que la acompañe cuando lleguen.
—No, ni hablar. Fuiste tú el que les pidió venir, no yo.
—Sí, lo sé, y pienso desentenderme.
Hizo el amago de darse la vuelta, por lo que extendí un brazo para atrapar al suyo, poniéndome de pie. Hundí mis dedos en su piel, asegurándome de que no se me escapara. A decir verdad basta con un mínimo esfuerzo de su parte para zafarse, pero él permaneció muy quieto, a la expectativa.
—No te permitiré tal cosa.
—Lo más sencillo para todos, Roux, es que cantes. No pierdes nada, y no espero que sea una canción completa, con diez segundos basta.
—¿Pero por qué eres tan caprichoso? Tampoco gano nada.
—Bueno, ¿y qué quieres? ¿Dinero?
—¿Vas a pagarme por cantar diez segundos?
Se encogió de hombros, más desinteresado de lo que yo creería normal.
—Tal vez.
—No puedes comprarlo todo.
—Tienes razón, la mayoría de las cosas las consigo gratis.
Lo liberé porque de pronto no supe de qué hablábamos. ¿Siempre hay tanta intensidad en su mirada?
—Si hago esto ¿me dejarás en paz? Nada de repetir escenas como estas en el futuro, tú sigues por tu lado y yo por el mío.
—Trato.
Estreché su mano para sellar el pacto, sintiendo una extraña sensación donde me tocó.
Recién entonces noté que mi teléfono sigue en el suelo. Me incliné para recogerlo con la esperanza de que no le hubiera pasado nada, sin embargo, la pantalla ahora tiene tres grietas importantes que antes no estaban ahí.
—Mierda.
—¿Qué pasa?
—Me dañaste la pantalla—fruncí el ceño. En su tiempo me costó mucho esfuerzo poder comprármelo. Supongo que podría reemplazarlo, pero siempre es un proceso por el que no me gusta pasar.
—¿Yo?
—Sí, cuando apareciste de repente se me cayó, y ahora está destruida.
—Por hospitalidad no responderé a eso como me gustaría… Oye, ¿Y Thomas?
—Salió a comprar comida. Creo que quiere quedarse con tu auto. Probablemente buscará cualquier excusa para usarlo.
—Probablemente.
El celular de Damon vibró, lo puso justo frente a su rostro para verificar de quién era la llamada entrante antes de atender.
—Tiempo record, Bianca, creo que no te despediré después de todo… Sí, bueno, poner trabas cuando te doy una orden cuenta como hacer “algo malo”… En fin, alguien te abrirá.
Tras colgar y realizar otra llamada se enfocó de vuelta en mí.
—¿Preparada?
—No, y te odiaré toda mi vida por hacerme esto.
Los nervios comenzaron a causar estragos en mi sistema. Pensé en una infinita sucesión de ideas para salirme de esto, pero no sentí que nada de lo que se me ocurría pudiera funcionar. Damon se acercó a la puerta y en un par de minutos una chica con el cabello teñido de blanco y un chico increíblemente alto se adentraron a la habitación. Los dos se fijaron en mí casi de inmediato, en especial la chica.
—Nos hicieron firmar un contrato de confidencialidad, ¿eso es normal?—cuestionó la que asumo es Bianca.
—Sí.
—¿Vamos a hacer algo ilegal, que no podemos contarlo?
—Son políticas, Bianca, no hay forma de que entres a mi casa sin que yo tenga la seguridad de que no hablarás de más o te inventarás cualquier cosa al salir.
Intercambié la mirada entre los tres. Thomas y yo no firmamos nada, y desde luego convivimos mucho más con Damon. Supongo que él en serio confía en mi novio.
—De acuerdo…
Por su expresión deduje que ella en serio ya se imaginó todo un complejo escenario en el que acabaríamos asesinando a alguien.
A diferencia de Bianca, el chico estudia cada rincón del departamento con sumo interés, tan impresionado como yo cuando me quedo a solas.
El castaño se giró hacia mí. Los nervios fueron repentinamente sustituidos por el terror. No miento al decir que siempre evito cantar frente a otras personas, es incómodo y siempre está ahí la sensación de que lo hago muy mal.
—Esta chica de aquí me deleitará con su maravillosa voz y tú—apuntó al pecho del chico—, vas a ayudarla con eso, de fondo.
—Oh, sí… de acuerdo.
Observé a la guitarra colgada de su espalda con temor. ¿Podría arrebatársela y lanzarla contra el suelo antes de que me detengan?
—Bianca, tú espéralo en el pasillo.
—¿En el pasillo?—Damon no contestó, mirándola fijamente con el rostro inexpresivo—. ¿Quieres que salga? ¿De verdad?
De nuevo, no hubo respuesta.
—Este departamento es enorme, si me quedo en cualquier habitación…
—Roux no se sentiría cómoda con tu presencia. En el pasillo estarás bien, nadie va a molestarte. Conéctate a la red wifi.
—Pero…—Bianca desvió su mirada hacia mí, quizás tratando de entender por qué la querría a metros sin conocerla.
—Yo nunca dije eso—aclaré deprisa.
—¿Entonces quieres que se quede? ¿Mientras cantas?
Para este punto tengo las mejillas sonrosadas. De cierta forma esto es tremendamente humillante. Es casi como cuando hacía cualquier dibujo en el colegio y mi madre se lo presentaba a todo el mundo de tal forma que parecía mi mejor obra de arte.
—Uh, no…
—Bien, Bianca, al pasillo. Ahora.
Ella parpadeó, perpleja, sin poder creerse lo que tendría que hacer. Pero al final giró sobre sus talones y se alejó en dirección a la puerta, cerrándola detrás de sí con más fuerza de la necesaria.
—¿Ya tienes alguna canción en mente?
El chico cuyo nombre no hemos preguntando dejó de fijarse en el tamaño de la TV para observarnos a nosotros, curioso. Yo fulminé a Damon con la mirada. ¿Sería mucho pedir que Thomas irrumpiera justo en este momento?
—De verdad, te odio.
El castaño sonrió, burlón.
—No la conozco, ¿quién la canta?
Decidí enfocarme mejor en el guitarrista.
—¿Te sabes Talk to me?
—¿De Cavetown?
—Sí.
—Estás de suerte, en algún momento esa fue mi canción favorita.
—Perfecto.
Damon se quedó de pie muy cerca mientras nosotros nos acomodábamos de espaldas al gran ventanal. El corazón me latía con fuerza en lo que el chico probaba acordes y medía la afinación del instrumento. Realmente deseé escapar.
—De acuerdo, indícame cuando estés lista.
Respiré hondo. El plan no es que se note lo nerviosa que estoy, pero dudo poder ocultarlo. Luego solté el aire muy lentamente.
Tampoco puede ser tan malo.
Asentí en dirección a él y sin más preámbulos empezó. Escuché las notas musicales que flotaban en el aire a punto de sufrir un colapso. Pero entonces ocurrió algo extraño; miré a Damon a los ojos y la calma que había en su mirada fue justo el impulso que necesitaba.
Por primera vez desde que lo conozco vi que transmitía una emoción real. Por primera vez no era Damon Walsh, el multimillonario con una trayectoria prometedora en el modelaje. Sólo Damon; algún chico que no termino de conocer cuyo interés por algo puede hacerlo mover objetos y personas para lograr su objetivo.
—You don’t have to be a hero to save the world. It doesn’t make you a narcissist to love yourself. It feels like nothing is easy, it’ll never be. That’s alright, let it out, talk to me… You don’t have to be a prodigy to be unique. You don’t have to know what to say or what to think. You don’t have to be anybody you can never be. That’s alright, let it out, talk to me—contrario a lo que esperaba, Damon en serio está poniéndome atención—. Anxiety, tossing, turning in your sleep. Even if you run away, you still see them in your dreams. It’s so dark tonight, but you’ll survive, certainly. It’s alright, come inside, and talk to me…
De pronto olvidé todos esos pensamientos que normalmente se aglomeran en mi cabeza cada vez que intento presentarme enfrente de alguien y empecé, por fin, a disfrutar lo que hacía como si estuviera sola.
—We can talk here on the floor, on the pone if you prefer. I’ll be here until you’re okay. Let your words release your pain. You and I will share the weight. Growing stronger day by day. It’s so dark outside tonight. Build a fire warm and bright. And the wind, it howls and bites. Bite it back with all your might… Anxiety, tossing, turning in your sleep. Even if you run away, you still see them in your dreams. It’s so dark tonight, it looks nice, fall asleep. It’s alright, come inside, and talk to me.
Damon sonrió. Su gesto fue tan espontaneo y genuino que yo sonreí también. La guitarra siguió sonando de fondo mientras nosotros nos veíamos.
Algo inexplicable se percibió en el ambiente… como una sensación magnética, o quizás cierto confort… ¿Tiene sentido decir que la sala se sintió como un lugar seguro, sólo porque él estaba ahí?
El castaño dio varios pasos al frente, acortando la distancia.
—Eso fue… asombroso.
—No exageres.
—Es increíble pensar que puedes hacer mucho más que reclamarme con esa voz.
Rodé los ojos.
—Gracias por arruinar el momento.
Lo curioso es que, de hecho, continué sintiéndome cómoda incluso después de eso.
—Lo digo en serio.
—Yo también; necesitaba que salieras con algún comentario desagradable para sentir que estoy hablando contigo.
Se pasó una mano por el cabello, peinándolo, y recién ahí caí en cuenta de que los dos seguíamos sonriendo. Me aclaré la garganta antes de borrar el gesto. La tensión me llevó a ser muy consciente de la cercanía con el castaño, del calor que emana de su cuerpo y del aroma que definitivamente ya lo caracteriza. Entendí por qué todos están obsesionados con hablar de él, o de su físico. Es realmente atractivo, en una manera envolvente. Sus facciones simétricas, sus ojos verdes, roban el aliento… si no hubiéramos conversado alguna vez puede que yo también fuera capaz de decir que es lindo.
Lo miré y él a mí, repentinamente serio.
Entonces la puerta de entrada se abrió, escuchamos el sonido de pasos, la exclamación de alguien y así de rápido, como por arte de magia, la burbuja en la que estábamos estalló.
—¡Traje pizza!
Thomas entró seguido de Bianca, quien dio varias zancadas cautelosas antes de pararse en algún lugar de la sala. Damon se dio la vuelta para encarar a mi novio. Cuando me giré hacia el chico de la guitarra advertí que ya incluso la había guardado en su estuche. ¿Cómo es posible? Ni siquiera había notado que dejó de tocar.
—Me conseguí a esta chica en el pasillo, dice que es tu asistente, Damon, y… ¿quién es él?
—George. En realidad no conozco a nadie de los que están aquí, pero esa chica me ofreció dinero por tocar la guitarra.
—Ah, qué bien. Un placer, George—mi novio intentó pretender que para él algo en esta escena es razonable. Como no lo logró alzó las cajas de cartón que trae en sus manos—. ¿Quién quiere? Las pedí con queso extra.
—Yo… iré a cambiarme, luego vengo por mi porción.
—Claro, cariño—Tom me besó la mejilla cuando pasé por su lado, asegurándome de no mirar a Damon. Tengo el horrible presentimiento de que hice algo indebido.
A mis espaldas el castaño habló.
—Eh, Bianca, ¿podrías transferirle esta cantidad a George? También toma algo para ti… Connor debe seguir abajo, ya pueden irse.
—¿Cien dólares por una canción? j***r, contrátenme cuando quieran.
Sonreí de nuevo al escuchar lo emocionado que sonó George, pero el rostro se me llenó de tensión al ver que Elizabeth se encuentra parada muy cerca de mi puerta con los brazos cruzados y los labios presionados en una línea, como si estuviera al acecho.
Me detuvo por el codo cuando traté de rebasarla, murmurando sólo para que yo pudiera oírla.
—Te creí distinta, más inteligente.
—¿Perdón?
—¿No recuerdas nada de lo que te dije? Maten tu distancia.
—No creo que Damon te pague para intimidarme.
—Y yo no creo que a tu novio le hubiera agradado verte tan feliz con su mejor amigo.
Ninguno de los demás descubrió lo que pasaba. En verdad quise que alguien interviniera, no estaba segura de cómo actuar.
—¿Qué? Literalmente no hice nada malo.
—¿Ves a todos los chicos que se te cruzan con la misma devoción?
—Dios mío, ¿cuál es tu problema? Ya te he dicho que en cuanto a Damon no tengo ninguna intención.
—A mí no me gusta meterme en la vida de otras personas, y en serio creo que tú sabes lo que es mejor para ti, pero sólo quiero asegurarme de que Damon no pone nada en riesgo por un impulso estúpido.
—¿Eso significa que estuviste viéndonos todo el rato?
—Pues me pareció necesario.
—¿Qué…? Eso es acoso, no hay ni una razón por la que debas vigilar a Damon como si fuera tu hijo.
—Abigail, tú no sabes cómo son las cosas por aquí porque acabas de llegar, pero nosotros hemos construido demasiado. A veces él no mide el impacto de lo que hace, no razona antes de reaccionar o piensa en las posibles consecuencias de sus actos, y para eso estoy yo… para ayudarle a seguir el camino correcto. Y no le conviene relacionarse contigo en ningún sentido, ni siquiera debería contar que ustedes están aquí a más personas. La tal Bianca podría inventarse cualquier cosa sobre ustedes y ganar mucho dinero gracias a un rumor…
—De acuerdo, disculpa que te interrumpa, pero es que tu pequeño discurso en serio me da pena. ¿No ves que él no se preocupa de la misma forma por ti? da igual cuánto te esté pagando, no deberías tomarte esto tan en serio.
¿Y si Elizabeth no ha superado su relación con Damon? ¿Y si por eso se comporta de esta manera?
¿Hasta dónde sería capaz de llegar, si ese es el caso?
—¡Por supuesto que sí! Le importo mucho más de lo que tú crees. No lo conoces mejor que yo.
Sacudí el brazo con el propósito de liberarme. Me aterró pensar que ni siquiera Thomas está viendo en nuestra dirección.
—Lo que sea, Elizabeth. No lo repetiré de nuevo: no me interesa que él y yo nos relacionemos más allá de lo que es cordialmente necesario.
Entré a la habitación de mal humor. No entiendo qué va mal con ella. Incluso si sigue estancada en su pasado con Damon, ¿por qué me incluye? Voy a casarme, no creo apreciar a ningún chico más de lo que quiero a Tom.
Esa noche me costó dormir, la breve discusión no salía de mi mente. Y, para colmo, tampoco podía olvidar todo lo que pasó desde que empecé a cantar hasta que Thomas llegó. De todas formas en algún momento lo logré.
A la mañana siguiente, después de que mi novio se fuera a la entrevista de trabajo que podría cambiarnos la vida, me encontré con la caja de un teléfono sobre la cama cuando salí de la ducha. Mi cabello goteó sobre las sabanas cuando me incliné para tomarla, con el ceño fruncido. Tiene una nota adherida sin mucho esmero.
No fue mi culpa, pero acepto la responsabilidad.
P.D: si eres de esas personas que devuelven lo que les dan ni lo intentes. Odio que me rechacen un regalo.
X.
Cuando algo incomprensible se sacudió dentro de mi estómago entendí que la pelirroja tiene razón en una cosa: Nada bueno puede salir de relacionarme con Damon.
Algo en él me hace pensar que no nacimos para conocernos. No de verdad.