Pese a enfadarse porque no fui capaz de tener el comportamiento esperado durante toda la cena, Thomas se despertó el domingo por la mañana con un humor envidiable, feliz y enérgico. Me sacó de la cama apenas amaneció. Para mi sorpresa Elizabeth y Damon también estaban despiertos, así que desayunamos juntos en medio de un silencio sepulcral.
Evité mirar a la pelirroja. Antes de dormirme le di incontables vueltas a nuestra pequeña conversación, sin poder determinar cuáles fueron sus intenciones. La manera en la que me miró anoche casi consigue intimidarme. Lo que es más aterrador aun: esta mañana luce tan pacífica y servicial como de costumbre, lanzando vistazos furtivos hacia Damon, tal vez esperando que él le de alguna orden, y presentando cada comida antes de servirla. Da la impresión de que yo me inventé su “advertencia”.
Cuando acabó Damon se puso de pie inmediatamente, dejando el plato y los cubiertos sobre la mesa. Mi novio se aclaró la garganta antes de hablarle.
—Oye, ¿estarás ocupado hoy?
—Sí.
—¿Con qué?
—Tengo una sesión de fotos.
—Ah, vale… es que Abby y yo saldremos a recorrer la ciudad y me habría gustado que nos acompañaras.
—Si necesitas un guía turístico puedes contratarlo.
—No, es decir, probablemente sí sea necesario, pero quería que vinieras para, ya sabes, convivir. Tenemos cuatro días aquí y no hemos pasado mucho tiempo juntos.
Damon me miró durante un segundo, humedeciéndose los labios.
—Estoy seguro de que así lo prefiere tu novia.
Me tensé en el sitio, dándole un sorbo a mi jugo para aparentar que su comentario me es irrelevante.
—No tengo ningún problema con que vengas, o con que Thomas y tú se relacionen.
—Pero sí con todo lo demás, ¿no?
Exhalé con lentitud. Aunque odie reconocerlo, es posible que anoche haya sido grosera de manera innecesaria.
—Lamento mi comportamiento de ayer. Y el de los días anteriores. Lo que decidas hacer con tu vida no me concierne, y ya es bastante que nos permitas quedarnos aquí.
El comedor permaneció en silencio. Damon alzó una ceja, como cuestionando mis palabras, y luego sonrió levemente con lo que pareció burla.
—No es verdad.
—¿Disculpa?
—Te doy la razón por decir que mi vida es mi problema, pero no creo que lo sientas realmente. Esta eres tú: la chica que es capaz de enfrentar a quien sea sólo porque se siente ofendida, y no puedes ocultar algo como eso.
Abrí la boca, pero nada salió de ella. Me había quedado en blanco.
¿Se supone que debería estar ofendida?
—Abs sólo está algo tensa. No hables de ella como si fuera problemática—Thomas frunció el ceño, alargando un brazo para entrelazar nuestros dedos.
Damon se encogió levemente de hombros.
—No he dicho que su impulsividad me moleste.
Elizabeth se levantó de pronto, rígida.
—Los guardaespaldas y el chofer le esperan abajo.
—¿Matt o Joe?
—Joe.
El castaño rodó los ojos.
—Maldición, no podré sacármelo de encima.
—¿Tienes guardaespaldas? Creí que eso era falso.
—¿Te parece normal que posea acciones en una empresa de nanotecnología y no que tenga seguridad?
Comencé a toser cuando me ahogué con el jugo.
¿Empresa de qué?
La pelirroja me pasó una servilleta de tela para que secara las gotas que se habían derramado, mientras que Tom traza círculos sobre mi espalda.
—¿Estás bien?—en lo que realizó la pregunta ella en verdad pareció interesada por la respuesta. Asentí para que dejaran de ponerme atención, sonrojada.
¿Voy a impresionarme siempre que mencionen alguno de los bienes de Damon? Probablemente. Yo apenas puedo invertir en mí misma, como para hacerlo en alguna compañía.
—Es que hasta ahora no he visto que alguien te acompañe—retomó Thomas. Damon siguió viéndome un par de segundos más, inexpresivo, hasta que habló.
—Porque intento evadirlos, pero no siempre puedo.
—¿Alguien ha intentado atacarte alguna vez?
—Sí.
—Entonces no deberías salir solo, idiota.
—Es lo que siempre le digo. Jamás hace caso.
—Nunca ha sido nada serio—aseguró Damon tras rodar los ojos por la intervención de Elizabeth—. Y odio tener a alguien siguiéndome a todas partes.
—Pero es por tu seguridad.
—Estaré bien.
Damon se pasó una mano por el cabello para apartarse los mechones que le molestaban, echándolos hacia atrás. Todo su outfit es cubierto por un abrigo gris que llega a la altura de sus rodillas, perfectamente planchado, que es probablemente una de las prendas más sofisticadas que he visto en la vida. Hundió las manos en los bolsillos antes de despedirse.
—Nos vemos después. Si necesitan un auto pueden tomar el que quieran, siempre y cuando no sean los de la primera fila; eso sólo los toco yo—con un ademan señalizó hacia una de la paredes próximas a la entrada, donde hay un tablero metálico con, al menos, unas treinta llaves colgadas. Esta vez me costó más fingir que todos los días alguien me ofrece usar de uno de sus muchísimos autos desinteresadamente, para no impresionarme—. Elizabeth, Bianca vendrá por mis cosas. Por favor indícale dónde está el estudio.
—¿Quién es Bianca?
—Mi asistente.
—¿Y Louis?
—Lo despedí.
—¿Por qué?
—No tengo que darte explicaciones, limítate a hacer lo que te he dicho.
Elizabeth cerró la boca, conteniéndose. La manera en la que baja la cabeza cada vez que Damon es autoritario me estresa. ¿Es que acaso ella no tiene personalidad, una pizca de amor propio, un gramo de volatilidad?
—De acuerdo.
Me levanté de golpe, el castaño volvió a observarme. Tragué saliva en lo que decidía si me sentía con ánimos de dirigirle la palabra o no, luego concluí que no tendría sentido haberme disculpado para luego estallar de nuevo por algo que, nuevamente, no me incumbe.
—Buen día—sonreí, intentando que no se viera como un gesto demasiado hipócrita—. Tom, te espero en la habitación.
Mi novio decidió darse una ducha antes de salir. Yo me cambié en tiempo record y me senté en la cama para esperarlo. Sujeté el control remoto para encender la TV, deteniéndome otra vez en uno de esos canales en los que hablan sobre celebridades porque discutían las imágenes que se filtraron de Halsey y Damon a las afueras del edificio. En varias fotografías ella aparece sonriente, mientras que él se inclina peligrosamente cerca, casi como si estuviera por hacer algo más que hablarle. Los fanáticos, al parecer, están convulsionando de la emoción porque fue otra de esas interacciones en las que apenas se puede negar que pensaban besarse.
Antes de preguntarme qué demonios hacía ya estaba buscando en Google una cronología de sus encuentros previos sólo por curiosidad. Y me di cuenta de que su relación es tan mediática y atractiva para el público como Olive aseguró. Todos esperan que termine en una boda. Ellos ni siquiera han caminado de la mano.
Resoplé en cuanto comenzaron a aparecer las páginas en las que hablan de Damon como si fuera el Dios de algo. ¿Sabrán acaso que puede llegar a ser dominante, irritante, engreído, egoísta y ofensivo? ¿Que no es sólo un chico atractivo? Estaba por cerrar la página en la que leía sobre las diez cosas favoritas del castaño cuando me apareció el enlace a una noticia completamente distinta e inesperada.
“Damon Walsh da una declaración contundente: No estamos juntos. No hay manera de que eso vuelva a pasar”.
Fruncí el ceño. Debajo del encabezado hay una foto de Elizabeth y Damon sonrientes mientras él la rodea por la cintura y ella hunde sus manos en su cabello. La cercanía dista mucho de parecerse a la relación de ambos que yo conozco. Abrí el link de inmediato.
“Damon Walsh, hijo del reconocido empresario Ricardo Walsh, cuya carrera como modelo va en ascenso ha sido vinculado a un escándalo por supuesta infidelidad este fin de semana.
Pese a no ofrecer entrevistas con frecuencia, y a mantenerse al margen de la vida como súper estrella que todos estamos seguros puede tener, Damon accedió a hablar con Tara Lee.
Como se conoció hace un tiempo por medio de varias fuentes cercanas a la pareja, él y Elizabeth Murphy tomaron la decisión de dar un paso importante y mudarse juntos al departamento que Damon mantiene en New York. Aunque la relación de ambos es casi hermética, es fácil toparse con reportajes o fotografías en las que se los ve sumamente enamorados cada vez que salen juntos. Muchos fanáticos aseguran que son exactamente lo que el otro necesita. No obstante, Elizabeth fue vista viajando sola a casa de sus padres, se presume que Damon tenía compromisos laborales, y a pocos días de su llegada se filtraron varios videos en los que se la ve compartiendo un momento íntimo con Clint Franco, su ex novio.
Las especulaciones no tardaron en aparecer. Todos nos preguntamos, ¿y dónde queda Damon en todo esto? La noticia se viralizó de tal manera que Elizabeth eliminó todas sus cuentas en las r************* . Un informante anónimo cuya relación con la chica es estrecha aseguró que Damon no desea seguir vinculado a ella, pero, pese a eso, los usuarios permanecen reacios y curiosos ante la posible ruptura porque la chica continua viviendo con él.
Cuando Tara le cuestionó al respecto, Damon no dudó.
“No estamos juntos. No hay manera de que eso vuelva a pasar”.
Cabe destacar que él nunca se había referido al vínculo de ambos como una relación romántica, hasta entonces. No había aceptado de forma directa o indirecta los rumores que surgieron en torno a ambos la primera vez que se les vio en público: que son novios.
De todas formas, fue lo único que aceptó comentar al respecto.
Cuando llegué al final del articulo comenzaron a arderme los ojos; por la sorpresa ni siquiera parpadeé lo que tardé en leer. De manera casi impulsiva cambié lo que había escrito en el buscador y empecé a estudiar con detenimiento todas esas fotos de ellos en las que supuestamente parece que se amaban. Lo curioso es que por primera vez vi muchas sonrisas genuinas en el rostro de Damon, aunque estuvieran pixeladas o parcialmente cubiertas por los objetos que se atravesaban en el lente de los paparazzis. Así que era casi absurdo pensar que todas esas personas no tienen razón. Definitivamente hubo algo entre ellos.
Ahora bien, ¿en serio Elizabeth le fue infiel? ¿Elizabeth? Ella es… ella simplemente… creí que sería capaz de hacer casi cualquier cosa para complacer a Damon.
En cuanto Thomas salió de la ducha tuve la extraña necesidad de ocultarle lo que veía. Bloqueé la pantalla de mi teléfono por inercia, arrojándolo al centro de la cama. Tom se quedó muy quieto a dos pasos del baño, mirándome con los ojos entornados.
—¿Qué pasa?
—Nada.
¿Él sabrá algo sobre todo eso? Se supone que es el mejor amigo de Damon. Descarté la idea porque si estuviera al tanto me lo habría comentado. La peor parte es que la información siempre estuvo al alcance de una búsqueda por internet. Y yo que pensaba en espiar sus conversaciones para entender por qué diablos el trato entre ellos es tan extraño.
—¿Qué veías?
—Nada.
—¿En serio? Porque tu cara dice todo lo contrario.
—Estaba enviándole un mensaje a mi mamá. Se puso un poco histérica porque no le había escrito, quiere saber cómo estamos.
—¿Y por eso te ves como si acabaras de descubrir la cosa más loca del mundo?
—Es que fue una conversación dramática, ya la conoces. Aparte piensa lo mismo que yo; nos estamos aprovechando de Damon.
Tom apoyó las manos sobre sus caderas, una a cada lado. Siempre he admirado lo perfecto que luce con el torso descubierto. Es realmente un privilegio poder pasear mis manos por ahí cada vez que yo quiera.
—Oye, ¿nunca lo dejarás ir? Él ya ha asegurado en múltiples ocasiones que esto no le molesta en lo absoluto. Y tú lo has oído hablar; tiene tanto dinero que podría llenar un lago con billetes.
—Tal vez sólo intenta ser amable, o no parecer del todo grosero.
—No, él no es así. Jamás hace cosas por amabilidad, sino porque en verdad le nace hacerlas.
Me encogí de hombros. No deseo tener la misma discusión, sólo necesitaba desviar su atención.
—En fin ¿ya sabes a dónde iremos?
—Estaba pensando en que sería genial si fuera una sorpresa para ambos.
—¿Cómo así?
Thomas se acercó a nuestras maletas para extraer lo que se pondría. Todavía no hemos desempacado, sólo vamos sacando lo que pensamos usar día a día.
—Pienso tomar la oferta de Damon y llevarme uno de sus autos, podríamos ir viendo en el camino por internet sitios recomendados. Vamos a uno, luego pasamos al siguiente y así sucesivamente.
Lo pensé un momento.
—Sí, suena como un buen plan.
Lo observé vestirse sin darle ningún tipo de privacidad, pero no es que Thomas se mostrara incomodo de alguna manera. Salimos tres horas antes del mediodía, Elizabeth nos deseó un buen viaje y yo recordé lo que leí sobre ella y Damon.
¿Infiel? ¿A Damon? ¿Damon y ella? Si no hubiera visto las imágenes jamás lo habría imaginado.
Supongo que de cierta forma hay actitudes de ella que ahora cobran sentido. Por otro lado, la mayor parte de lo que hace me parece aún más absurdo.
—Dios, ¿cuál escojo? Esto es el puto paraíso, ¿no estás dispuesta a vivir con Damon eternamente? Ya me estoy acostumbrando a esto.
La voz de Tom hizo eco en el estacionamiento personal del castaño, y se perdió entre el montón de automóviles que tenemos a nuestra disposición.
—Definitivamente no—dije de inmediato, pero cuando me vi reflejada en los cristales del que tenía más cerca y pensé en lo increíblemente limpio y perfecto que luce todo dudé—. Bueno, tal vez.
Thomas casi empieza a dar saltos cuando encontró el indicado.
—Oh, no puede ser, es un Nissan GT-R… Abs, ven aquí… Ah, creo que no me bajaré nunca, podría conducirlo hasta la muerte.
A pesar de su entusiasmo, casi me arrepiento de esto porque fue claro que mi novio no tiene la más mínima idea de lo que hace. Tuvimos que consultar un tutorial, un manual y tres listados de características para que lograra encenderlo. No pude evitar mostrarme sumamente aterrada.
—¿Por qué esa cara?
—No quiero matarme en nuestra primera semana en New York.
—Cariño, tengo todo bajo control.
—Por favor no aceleres.
Apoyé las manos sobre mis muslos mientras intentaba no ponerme nerviosa en lo que salíamos de ahí, temiendo que impactáramos cualquier otro auto. Cuando nos incorporamos a la vía decidí concentrarme mejor en mi teléfono, buscando lugares a los que ir.
Pasamos el día en eso; él, emocionado, y yo, nerviosa y feliz por momentos, dando vueltas por múltiples avenidas de la ciudad antes de parar en cualquier sitio que nos llamara la atención. Cuando no estábamos en la carretera resultaba terapéutico salir con él, actuando por fin como lo que yo quería; simples turistas.
—¿Y si nos fugamos? Con esta belleza podemos llegar más lejos de lo que tú creerías.
—Es tentadora la propuesta, pero creo que paso.
—¿Por qué? Dame una buena razón.
Lo pensé un momento.
—Porque sigo pensando que en cualquier momento vamos a estrellarnos.
—Eso no es…
En ese preciso instante, justo por haberse distraído mirándome, Thomas desvió el auto lo suficiente como para que el del otro carril se exaltara y comenzara a tocar la bocina. Solté un grito, llevándome una mano al pecho, en lo que mi novio recuperaba el control del auto.
—Bueno, vale, tienes razón. A lo mejor ya tenemos que regresar.
Me aferré a un poste hecho de concreto que divide el espacio del Nissan con el del auto siguiente, abrazándolo para enfatizar lo mucho que agradezco no tener que seguir en el mismo vehículo que Tom. Normalmente conduce bien, pero lo cierto es que hoy estaba más centrado en la cantidad de detalles del tablero.
—Dramática.
—La próxima vez que planees hacer lo mismo que hoy avísame con anticipación para poder huir antes.
Se acercó, hundiendo la cara en el hueco de mi cuello. Sentí que me rodeaba con sus brazos, de modo que me giré para poder abrazarlo también. Cuando me alejé seguí sujetándolo, elevando la mirada para verlo a los ojos.
—Admite que te divertiste.
—Sí, pero también podríamos haber caminado, y eso habría sido más seguro.
Thomas puso cara de espanto.
—¿Y perderme la oportunidad de conducir el auto más impresionante que he visto en persona? Ni hablar.
Subimos al departamento con los dedos entrecruzados. Hoy me di cuenta de algo: definitivamente podría acostumbrarme a esta vida, con Tom. Me gusta el ajetreo de la ciudad, el hecho de que siempre hay algo que mirar, lo fácil que es distraerse con la cantidad de pequeños detalles, la infinidad de posibilidades que existen, salir a recorrer lugares con él… puedo imaginarme nuestro futuro.
Y es agradable sentir que a él le pasa exactamente lo mismo.
Elizabeth nos observó desde el sofá, donde estaba sentada con el teléfono entre sus manos.
Es que en serio… ¿Infiel?
—¿Cómo les fue?
—Muy bien, la verdad.
Thomas colocó las llaves en su sitio casi con dolor.
—¿Necesitan algo?
—Uh, creo que no—contesté, quitándome el abrigo para colgarlo en el respaldo de un sofá.
—¿Tienen hambre?
—Un poco, sí.
—¿Les parece si pido a domicilio?
Algo se encendió en el rostro de mi novio.
—No es necesario, yo puedo ir a comprarla.
—Jamás te pediría que hicieras algo como eso, yo puedo encargarme, si me dicen que quieren comer…
—No, en serio. No me molestaría—se mordió el labio inferior, yo lo observé con una ceja enarcada. Desde luego sé cuáles son sus intenciones—. Es que quiero conducir otra vez.
Elizabeth pareció un poco sorprendida.
—Ah, de acuerdo, no voy a impedírtelo. Supongo que es una oportunidad asombrosa, Damon sólo le confía sus autos a los choferes de turno.
—¿Quieres acompañarme?—Thomas me ofreció una sonrisa radiante, pero yo sé que mi compañía ahora mismo es lo que menos importa.
—No, gracias. Ya tuve suficientes emociones por hoy.
—Tú te lo pierdes.
Depositó un beso sobre mi frente antes de darse la vuelta.
—Tom, por favor cuídate ¿sí?
—No te preocupes. Volveré pronto.
En cuanto él se marchó Elizabeth me dejó sola bajo la excusa de que debía organizar algunas cosas dentro de su habitación. Yo me dejé caer sobre mi silla favorita de todo el departamento con la vista fija en la ciudad, a la espera de Thomas. Entonces recordé que hace días debía empezar un artículo sobre cierta canción para enviarlo a la revista. Durante el viaje intenté adelantar algunas partes, pero me sentía tan ansiosa que apenas pude armar tres párrafos coherentes. Luego lo olvidé.
Tomé mi teléfono para empezar a escucharla. En algún punto comencé a cantar distraídamente, siguiendo el ritmo con la punta de mi pie. Mi idea es repasarla desde distintos ángulos, muchas veces, para poder desglosar los sentimientos que a mí me transmite. Sólo así podré canalizarla en un texto.
—¿Cantas?
Di un respingo por la impresión al mismo tiempo que el celular se me resbalaba de las manos. Mis ojos fueron a parar sobre la figura de Damon, quien me observa con los brazos cruzados a unos cuantos metros.
No lo sentí llegar, ni siquiera había percibido el aroma a perfume costoso que siempre emana de él, como si fuera su olor natural.
—¿Cuándo llegaste?
—Hace un rato.
—¿Y has estado viéndome?
—No, iba hacia mi cuarto, pero te oí.
Yo no había elevado demasiado la voz, apenas era un murmullo, pero supongo que pudo escucharme porque el departamento está en silencio.
—Ah.
—Así que… cantas—ahora lo afirmó, acercándose a pasos cortos y premeditados.
—No exactamente. Es algo que hago a veces por diversión, nada profesional.
—Y crees que no se te da bien, ¿cierto?
—Yo… eh, ¿por qué lo dices?
—No te veías muy segura haciéndolo, a pesar de estar sola.
—Bueno…
Titubeé.
—¿Bueno…?
—Es sólo un pasatiempo. No tiene que salirme bien o mal.
Tras verme en silencio durante un rato dejó caer los brazos, súbitamente imponente.
—Canta algo para mí.