Aaron miró con enojo a su enemigo, el cual le sonreía, al darse cuenta del parecido con su padre y pensó que quizás aún se encontraba ante aquel alquimista de metal que había sido asesinado y había renacido en su hijo. Este se quedó algo estupefacto por el ataque de Griselda, pero con esfuerzo se levantó y sintió el ardor de la herida que esta le había provocado, aunque al momento hizo caso omiso. Sabía que debía concentrarse frente a su enemigo que parecía ser uno poderoso y sabía que no le sería fácil ganar. Sin embargo, sonrió luego al recordar que el mercurio no podría tener un buen final contra el hierro, pues podría atacarlo y él no podría ganarle. Aquel pensamiento subió sus esperanzas, y lo hizo avanzar hasta su agresor, mientras extraía el hierro de la tierra a su lado y lo ape

