A pesar de que se encontraba lejos de las llamas y del humo, no podía dejar de sentir la incomodidad y el calor amenazante, que le llenaba los pulmones y que se extendía con violencia por todo su cuerpo. Tenía los nervios a flor de piel y el corazón le latía a mil por hora, mientras corría con todas sus fuerzas por aquel sendero encontrándose con la otra orilla. Al instante, un poco de esperanza resurgió en ella, sin embargo, no podía relajarse pues la persecución aún estaba vigente. Heben aún se encontraba inconsciente sobre su espalda. La aprensión y la sorpresa que le había provocado el cuerpo inerte de Merx, al verlo luego de pasar a su lado, la habían dejado un poco eufórica. Subió por las piedras con Heben a los hombros, y a pesar de la dificultad y el cansancio no paró ni un se

