La niña de cabello pelirrojo avanzó por el pasillo hasta el gran comedor desde donde provenía aquel olor exquisito a comida casera. Clelia, la siguió junto con Heben y Crista que caminaban detrás con paso tranquilo y algo titubeante como si se estuvieran metiendo en una casa ajena. Crista estaba al final y miraba las decoraciones de madera, con la palabras "Puerto Madryn" en quizás quince de ellos y podía sentir ese olor a hogar que despedía el ambiente. Los cuatro llegaron al comedor, donde un hombre de rasgos marcados, barba y cabello colorado de ojos marrones oía la radio desde una silla al otro lado. -¿Quiénes vinieron...?-preguntó volteándose pero llevándose una gran sorpresa al ver a Heben-¿Qué haces aquí? No me digas que Rosae...-No-le cortó Heben rotundo, comenzando a enojarse

