Capítulo 36: Las ballenas azules.

1818 Palabras

-Heben, Crista despierten. Hemos llegado-inquirió Fausto volteándose hacia ellos, luego de detener el auto en la entrada de la ciudad de Madryn. Crista y Heben refunfuñaron como niños ante la voz de Fausto, pero los dos abrieron los ojos de golpe luego al darse cuenta de que habían llegado. Ella se despegó del hombro de él, quien comenzó a estirarse. En un instante, estaban completamente despiertos. -Muchas gracias-dijo Crista mientras abría la puerta. El aire frío de la noche traspaso la puerta, invadiendo el auto. Fausto sonrió. -No hay problema. Debo admitir que fueron unos acompañantes muy tranquilos y me hicieron buena compañía-él ya se encontraba afuera junto a Crista. Heben salió un segundo después y con una leve sonrisa de sinceridad, extendió su mano hacia él. -Realmente le

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