La estación de San Antonio Oeste era pequeña y con un aspecto rústico pero lindo. Con su cartel que lo indicaba a lo lejos y con todo el aspecto de una vieja estación pero bien conservada. Crista y Heben bajaron del tren sintiendo que sus cuerpos pesaban mucho por el cansancio. Si bien se habían curado completamente, sus cuerpos necesitaban descanso. Después de todo, desde que comenzó el ajetreo no habían podido parar ni un segundo. Crista se dirigió a Heben mientras salían de la estación y se dirigían a la ciudad. -¿Qué hacemos ahora? ¿Nos quedamos aquí?-le preguntó ella, poco convencida. Aunque, admitía que era una bella ciudad. -Es bonito, pero no es lo que tenía en mente-exclamó Heben-Pensaba dirigirnos a Madryn. -¿Dónde hay Orcas, Ballenas y Pingüinos?-Crista se esperanzó casi co

