Once años tuvieron que pasar para decidirse, pero no porque en ese tiempo la indecisión se haya apoderado de él, sino, porque los nuevos compromisos, su esposa, sus hijas, su trabajo y ese cúmulo de pesadez que, por naturaleza y elección propia, caen inexorablemente sobre los hombros, le atoraron el camino y, en cierta medida, se lo impidieron. Pero, así como una tormenta cruel y despiadada pasa, luego de haber sembrado su maldad para después darle lugar al cielo que se abra y que muestre su celeste puro acompañado de los hermosos rayos del sol, así pasaron esos once años en su vida, porque así son los comienzos cuando alguien se embarca en negocios grandes por primera vez: es cuestión de sortear los obstáculos y de hacerle frente a la maroma que se viene por primera vez. Boris, necesitó

