Despertamos un par de horas después, porque Llul estaba tocando la puerta. Markus se aseguró de que teníamos la manta hasta el cuello y lo dejó pasar a la habitación. –Por si no lo recordáis son las siete de la tarde, ahora cuando te dejen levantar de esa cama ven a mi habitación. –La mirada de Llul estaba fija en la de Markus. –Voy enseguida. –Markus y Llul tenían una peculiar forma de comunicarse, a mí me parecía que, aunque hablaran se entendían más con la mirada que con la voz, era la impresión que me daba. –Ehhh… no me hagas caso acerca de la hora, yo también estaría en la misma situación, si fuera el caso. –Que es mía, no se te olvide cabrón. –Lo sé, y por eso tengo que cuidar a la rubia. –Ehhh, estoy aquí ¡Hola! –Hablaban de mí como si no estuviera presente y

