Decidí ir al bufete, hacía una semana que el abogado me había visitado para informarme del regalo tan inusual que me habían hecho. Necesitaba más explicaciones. Ese día que fue a visitarme no me sentía fuerte, ni con ganas de hacer preguntas. En cuanto al regalo todavía no estaba segura de recibirlo. Me presenté al bufete a media mañana, era uno de los más elegantes y prestigiosos de la ciudad de Milán. Cuando abrí la puerta me sentí perdida, era un gran salón lleno de ordenadores con chicas tecleando como si el mundo se fuera a acabar, pero estaba segura de lo que quería hacer. Me dirigí al mostrador, era la única chica que no tecleaba. – ¡Hola! Busco a… – Abrí mi bolso y saqué la tarjeta que me había dado cuando fue a mi casa –. Joan Miranda. –Dije guardando la tarjeta de nuevo.

