NARRA EVANGELINE —¿Qué haces acá? —inquirí con tono demandante, y todo me pareció un dejá vu de la última vez que habíamos estado frente a frente—. ¡No tienes nada qué hacer aquí! —Por supuesto que sí —replicó—. Tengo mucho qué hacer. Avanzó y se acercó, hasta pararse frente a la cama. Sus ojos me escanearon a detalle y sonrió. —¿Recuerdas la última vez que estuvimos frente a frente? —preguntó—. Estábamos justo aquí, en esta habitación y de igual modo te estabas negando a casarte conmigo. No le respondí. Ni siquiera lo miraba y trataba de ignorarlo, hacer de cuenta que no estaba aquí. —Pero, ¿sabes? —continuó—. Yo jamás llegué a pensar que ibas a huir. Pensé que me amabas tanto, que no ibas a desaprovechar tal oportunidad de estar conmigo. Me reí. Es que realmente era tan ególatra y

