NARRA EVANGELINE —¡Suéltenme! ¡Suéltenme ahora mismo! —exigí durante todo el camino, cuando me sacaron del despacho y me llevaron de regreso a la habitación. Me sacudí con violencia e intenté zafar mis muñecas de sus manos. Opuse resistencia, dispuesta a no moverme de un mismo sitio, pero me jalaron con fuerza, obligándome a avanzar. Grité, reñí, pataleé y poco me faltó echarme al suelo y armar tremendo zafarrancho, pero no me lo permitieron. Tampoco pude sacar mis garras y arrancarles la piel con ellas, pues me llevaban sometida. Pierre Narmino nos guiaba, caminando frente a nosotros con sus aires de “dios intocable y hacedor de todo". —Vas a pagar caro por esto —lo amenacé, sin saber realmente a qué tipo de amenaza me refería, ya que según tenía entendido, yo estaba sola en esto con

