Cuando Aileen despertó, lo primero que la envolvió fue un aroma delicioso, cálido, casi hogareño. Lo segundo, el inconfundible caos contenido de una casa llena de lobos intentando cocinar sin provocar un incendio, escuchó voces, pasos apresurados, risas ahogadas y un par de maldiciones que definitivamente no pertenecían a ningún chef profesional. Se removió entre las sábanas, con la intención de incorporarse y bajar, pero un grito estridente la hizo detenerse de golpe. El pollo de Satán, el cuervo lanzó un graznido tan agudo que casi reventó los cristales, anunciando al mundo, y sobre todo a los inútiles que estaban en la cocina, que Aileen había despertado. — Dioses... — murmuró ella, llevándose una mano al pecho mientras el corazón le daba un salto — Ese pajarraco va a matarme antes qu

