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3966 Palabras

El jueves por la mañana, Leo despertó con un silencio que se le clavó directo en el estómago, la casa estaba vacía, demasiado vacía. No había pasos suaves, ni suspiros dormidos, ni el sonido del cuervo intentando robarle frutas de la cocina, era solo él, las paredes, y la ausencia de Aileen que lo apretaba por dentro. Se sentó al borde de la cama, respirando hondo. No estés así, se dijo, aunque la sensación de que algo le faltaba le apretaba el pecho como una mano fría, miró el reloj, debía prepararse para ir al instituto. — No quiero ir. — gruñó en voz baja, pasándose una mano por el cabello. Las clases habían estado suspendidas desde todo el caos y él había usado esos días para estar cada minuto con Aileen en el hospital, para verla respirar, para asegurarse de que comiera, de que dur

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