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4805 Palabras

Después de terminar el desayuno, o más bien, después de que Lilith se asegurara de que Aileen no dejara ni una papa en el plato, llegó la parte que Aileen menos esperaba y más odiaba del día. — No, Lilith... no, hoy no. — gimió Aileen, abrazando la manta contra sí como si fuera armadura. — Aileen... — respondió Lilith con una calma sospechosa mientras acomodaba los guantes — Tienes que cooperar, no quiero que te lastimes ni que te salgan rozaduras, y no te vas a quedar sin pañal. — comenzo a extenderlo. — ¡Pero puedo avisarte! — insistió Aileen, rojo todo su rostro. — Sí, puedes avisar, el problema es que tu cuerpo no avisa tan rápido como tu... — Lilith inclinó la cabeza — Y prefiero un pañal limpio a una escaldadura fea, así que... arriba el camisón. — saco la crema. — ¡Lilith! — vo

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