La avenida era transitada, y no me importo que el semaforo estuviera en verde. Hoy iba a hacer realidad mi sueño, quizás solo así lograria la paz en el descanso eterno. El asfalto caliente por el sol y las llantas que rodaban no me detendrían de mi misión.
— Tu puedes Julieta — me dije a mi misma antes de cruzar la avenida.
Mire al cielo.
— Ve como tú ovejita muere— Pensé en modo de protesta a díos, un dios que no me había escuchado y ni siquiera castigaba a quienes me habían hecho tomar esta decisión.
Camine por la avenida, los autos pasaban e intentaban esquivarme. Eso me molestaba, quería que me matarán, ahí mismo y sin piedad. Por supuesto que hubiera elegido vivir, pero estaba actuando impulsivamente y nadie me detendría.... Ni dios ni el diablo.
Sentí que alguien me jaló del brazo y me llevo hasta la orilla de la avenida. Estaba furiosa, ¿ni siquiera eso podía controlar?. Forcejee, patee y grite... Hasta maldeci.
— ¡¿Por qué no me dejan morir?!, ¡VAYANSE A LA MIERDA TODOS!— grite molesta.
Ese alguien que me había salvado, me cubrió la boca con su mano fría y grande.
— Hasta cuándo mandas a la mierda a todos te ves preciosa— Dijo el con la voz ronca, la más varonil que había escuchado jamás.
Su aroma me embriagó. Me aleje asustada e intenté arrojarme a la avenida de nuevo. Pero el me tomo del brazo nuevamente.
— ¡Suéltame, por favor!— grite.
El me levanto el menton y me hizo mirarlo a los ojos. Era ese mismo chico que había visto antes, de lejos era hermoso pero de cerca lo era aún más. Sin embargo yo no andaba de buen humor, no después de que frustrará mi suicidio.
— No lo voy a hacer — contestó con la voz aún más ronca.
El era muy fuerte, no me podía safar de su agarre y el no tenía intensión de soltarme.
—Dime tu nombre — pidió.
— ¿Por qué te lo diría?— pregunté con desafío.
— Por qué si no lo haces, te besare hasta que lo digas — me amenazó.
A decir verdad me gustó su intensidad.
— Julieta — dije rápidamente— Y ¿el tuyo cuál es?— pregunté curiosa.
Volvería a intentar suicidarme al rato, mínimo merecía saber el nombre de ese chico.
—Magnus, pero puedes decirme cariño— contestó con una sonrisa coqueta.
Camine hacia atrás, tanta intensidad me terminó asustando. Justo cuando todo no podía ir peor... El tacón de mi zapatilla se despegó y cayó al suelo como si fuera la cereza del pastel.
— Muñeca, ¿que hare contigo?— preguntó mirándome de arriba a abajo, después clavo su mirada en mis pechos.
Me cubri con ambos brazos, esa zona.
— Ese vestido debe apretarte mucho— dijo preocupado.
Asentí. Este vestido me asfixiaba.
El me tomo de las piernas y me cargó.
— ¿Que haces?, ¿Me estás secuestrando?— le pregunté agarrándome de su cuello para no caerme.
El sonrió.
— Si fuera un secuestro estarías gritando... Algo me dice que esto te gusta— dijo mientras caminaba.
Me sento en su motocicleta y me coloco un casco n***o, con calaveras. Yo no me resistí, nunca había estado arriba de una moto, y hacerlo parecía emocionante.
—Linda, agarrate fuerte de mi cintura— dijo el subiendo a la moto.
Cuando sintió mis manos alrededor de el, aceleró. Esto era nuevo, nunca había estado tan cerca de un hombre, ni siquiera de Joshua. Magnus me hacia sentir libre, ese hombre que en mi religion lo considerarían un demonio... Pero para mí era la única persona que no me había lastimado en mucho tiempo.
Su espalda era cálida, y amplia. El le encantaba la velocidad, podía saberlo.
— ¿A dónde me llevas?— le pregunté nerviosa.
No podía creer lo que estaba haciendo. Yo una inmaculada, haciendo estás cosas. Pero no tenía la intension de detenerme, y si debía tocar el infierno por hacer esto... Lo haría.
Después de un rato, llegamos a un mirador. Se veían las montañas y los campos de lavanda a lo lejos. El fondo del precipicio tenía agua, quizás estaba profunda. Sonreí, hacia tanto tiempo que no me había detenido a pensar que había algo más que mi vida agobiante.
— Eres más bonita cuando sonries— dijo pelliscando mi mejilla.
Me puse roja en ese instante, y quise perseguirlo pero mi tacón estaba roto. Este desconocido me trataba como a un ser humano... No como a algo que debes pisotear.
— Toma las bolsas que están en la motocicleta y cámbiate — Dijo Magnus con una sonrisa en los labios.
Que osadia y que atrevimiento de su parte.
— No me voy a desvestir frente a tí — Dije con una mueca de disgusto.
— Voy a cerrar los ojos, no soy un pervertido... bueno al menos uno que se aproveche de una mujer— dijo el cubriéndose los ojos.
Tomé las bolsas con desconfianza y me cambié de ropa detrás de un árbol, y me sorprendió cuando ví lo que llevaba puesto. Unos jeans negros de tiro alto con rasgaduras en las piernas, una camiseta negra ajustada y mostraba el ombligo e incluso unas botas como las que usaba Jade en una serie norteamericana... Todo de mi talla, ¿Como la sabía?.
—¿Como sabías que talla uso?, y lo más importante ¿Para quien era esto?— pregunté mientras veía mi reflejo en la cámara del teléfono.
— Tengo buen ojo. Desde que te vi por primera vez, tome medidas de tu cuerpo en mi mente— Contestó con esa maldita seguridad suya— Ese vestido te apretaba, tus senos no son pequeños y contenerlos de ese modo no es sano.
Es cierto, siempre usaba la ropa ajustada del pecho para que se vieran más pequeños, incluso utilizaba vendaje. Mi imagen de inmaculada podía venirse abajo si los esposos o novios de algunas me miraran con deseo, recibiría golpes de mi madre, y Joshua.
La noche cayó sobre nosotros en ese mirador, nos sentamos sobre el pasto, y contemplamos las estrellas, era maravilloso estar ahí. No me quería ir nunca, quería que se detuviera el tiempo.
—Solia creer que las estrellas eran el alma de las personas que murieron trágicamente — Dijo Magnus, mostrando una parte de el que no conocía.
—Seria bueno, que eso fuera realidad. Convertirte en una estrella sería una buena recompensa por el sufrimiento— respondí.
El me recosto sobre su pecho cálido y me rodeo con su brazo.
— Eres muy inocente, Julieta. Por qué ser una estrella después de la muerte, cuando puedes serlo hoy— dijo en mi oído con voz suave