Capitulo 5

904 Palabras
Magnus. Cuando la vi vestida completamente de n***o, mi corazón casi explota. Se veía linda, sexy y peligrosa. Incluso un hombre impenetrable como yo, estaba rendido ante ella sin siquiera haberla probado. La recosté en mi pecho, y ella se quedó profundamente dormida. Parecía un angel, aún vestida como un demonio. Su cabello olía bien, y su olor corporal también lo era. Le mandé un mensaje a Julián, amigo mío desde hacia 6 años. Julián respondió de inmediato y me pidió la ubicación. Después de media hora, Julián llegó con el auto y cargue en brazos a Julieta. — Mag, no tienes su consentimiento para hacer esto ¿o si?— pregunto Julian negándose a abrir la puerta del auto. Julián era uno de los hombres más confiables que habia conocido, y sabía que jamás me permitiría moverme sin el consentimiento de Julieta. — Bonita, necesitamos irnos— Le dije suavemente en el oído. Ella desperto un poco y me sostuvo del cuello. — No me quiero ir a casa... No ahora— dijo casi rogandome. — Te llevaré a mi departamento, juro que no te haré daño — le dije esperando su respuesta. — Llévame a donde quieras, pero no a mí casa— contestó ella entre dormida. La subí al auto y la recosté en los asientos traseros, Julián se llevó mi motocicleta. Verla dormida por el retrovisor, era muy agradable. Esa mujer era demaciado ingenua, o sufría demaciado como para confiarle su vida a un desconocido. Al llegar al departamento la acosté en la cama, y le quite las botas. Yo dormíria en la sala, no era un canalla que se aprovechará a sí de una mujer. — No te vayas — dijo ella tomándome del brazo. Me acosté a su lado, ella me abrazó de inmediato. Sentí sus enormes pechos rozando mi abdomen, intenté contenerme era demaciado. Nunca había dejado entrar a una mujer a mi departamento, ni siquiera a mí ex, cosa que ella me reprochaba constantemente. En cuanto amaneció, me levanté de la cama. La tensión que sentía por ella, me volvería loco. Tener a una mujer en mi cama, con esa inocencia que quería incendiar y convertir en maldad era realmente peligroso. Tomé una ducha, estaba demaciado caliente y no quería tener pensamientos impuros hacia ella, y era difícil por qué la imaginaba abriendo sus piernas para mí. Julieta Desperté sintiendo el olor a café en mi nariz. Era extraño, en casa nunca se preparaba café desde que mi padre falleció, así que reaccione de golpe... No estaba en casa. Me levanté de la cama... No era la mía. Recordé que la noche anterior me había quedado dormida viendo las estrellas con Magnus y vaya que hasta las habia sentido. Camine afuera de la habitación, y lo ví a él. Estaba de espaldas, y sin playera, nunca había visto a un hombre desnudo aún que solo fuera la mitad del cuerpo, y nunca había estado a solas ni dormido con alguien... Todo era nuevo. — Aparta la vista, que siento que me estás quemando — dijo Magnus con la voz más ronca y cautivadora. — Lo siento, es que es la primera vez que... — Miras desnudo a un hombre?— interrumpió mientras seguía cocinando algo en la cocina. Asentí. — Eres muy inocente, pero a la vez curiosa— respondío. Me habían dicho que los hombres fuera de nuestra religión arrastraban a la cama y hacian todo tipo de cosas salvajes con las mujeres. Por eso siempre nos dijeron que cuidaramos nuestra pureza hasta el matrimonio para ser valoradas. — ¿Puedo tocar?— le pregunté con curiosidad. Me acerque a el y puse mi mano a escasos centímetros de su abdomen muy bien trabajado. — No— dijo de manera contundente. — ¿Por qué?— pregunté un poco dolida. Me habían dicho que tocar el abdomen de un hombre sin ser esposos era algo que jamás debía hacerse, no lo debía hacer una mujer buena... Pero yo solo era sumisa, a lo que decían. Mi curiosidad era mayor que mi temor a dios y a él sermón que podría obtener. — Puede pasar algo que quizás te asuste. No te haria daño pero te llevarías una fuerte impresión— Dijo el apagando la estufa y sirviendo los platos con delicadeza. — Es que quiero hacerlo, nunca había sentido tanta curiosidad — confesé. El suspiro, yo no entendía por qué tanto dramátismo si solo era tocar su abdomen. Apostaba que muchas mujeres ya lo habían tocado, yo era la que debia estar nerviosa. El tomó mi mano y la puso en su abdomen. Me dejó explorar su piel era suave, y sus músculos eran duros. Mi corazón palpitaba mientras lo tocaba me comenze a cuestionar sobre todo lo que había creído en la vida, mi mirada no se despegó de él. — Esto es malo, ¿entonces por qué se siente bien?— Mire a Magnus a los ojos. Sus ojos eran los de un demonio luchando contra algo que no lograba descifrar. Eso era inquietante. — Necesito ducharme— dijo apartando mi mano de él. Mire su cabello, aún estaba húmedo. No entendía por qué debía ducharse cuando se veía que recién lo habia hecho. — Princesa, vendré pronto asi que desayuna —Dijo el cubriendo su entrepierna. Creo que me cruce con un loco, o quizás le dió asco mis manos sobre el.
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