Capitulo 6

1198 Palabras
Magnus Ella miraba curiosa mi abdomen y lo tocaba. Un angel que no sabía lo que provocaba, sus toques no eran de lujuria si no de curiosidad inocente. Ella no noto que mi m*****o se puso erecto, así que tenía que encontrar la manera de salir de ahí. A decir verdad fui al baño, a aliviar mi excitación. Recordando su rostro mientras me tocaba con inocencia y cuidado. Esa mujer era fuego, sin saberlo. La puerta se abrió de repente y ella me miró con esos enormes ojos grises, su mirada se clavo en mis manos que tenían un movimiento rápido alrededor de mi m*****o. Ella no era tan inocente como creía, pues se puso roja como un tomate y cerró la puerta. — Lo siento, yo...— sonaba como si buscará una excusa. Sali del baño de inmediato y me senté en la mesa. Ella no me miraba a los ojos, y temblaba cada vez que yo respiraba. — Soy un hombre, y tú una mujer muy hermosa. Tocar a un hombre así, lo hará excitarse y es algo normal a menos que no le funcione eso de abajo. Y creeme que me funciona de maravilla— contesté, para mí no era un tema tabu y necesitaba decírselo. Ella se atragantó con la comida y siguió sin decir nada. Cuando se marchó solo dijo un gracias, de manera tímida y sin mirar mis ojos. Quise golpearme a mi mismo, debí cerrar la puerta del baño pero estaba desesperado, ni siquiera mi ex que era una experta en temas de sexo lograba ponerme a sí, quizás era mi machismo pero estar con alguien que se acostaba con todos mientras estaba conmigo, me resultaba repugnante. Julieta. Magnus duraba demasiado así que decidí hechar un vistazo, su respiración agitada en el baño me hizo abrir la puerta sin preguntar. Lo ví, no sé quién estaba más sorprendido. Hacia dos noches que tomaba mi medicamento para la depresión, esa pastilla suprimía cualquier deseo s****l pero ahora que no estaba bajo su efecto, algo en mi se despertó. Cerré la puerta y volví al comedor. No podía hablar por qué cada vez que lo intentaba, lo recordaba con su mano en su sexo y sus jadeos. Esa imagen era imborrable. —Soy un hombre, y tú una mujer muy hermosa. Tocar a un hombre así, lo hará excitarse y es algo normal a menos que no le funcione eso de abajo. Y creeme que me funciona de maravilla— contestó. Me atragante con lo que tenía en la boca, que vergüenza. Habia visto con mis propios ojos que eso que tenía en su entrepierna funcionaba. Me marché después de un largo rato en silencio y solo dije gracias.. Al llegar a mi casa, lo primero que ví fue a Joshua, con su mirada rabiosa y a decir verdad hoy sí había hecho algo que ameritaba su enojo. — Golfa, ¿abriste las piernas para esos idiotas?— pregunto Joshua acercándose a mi— ¿O vas a masturbarte pensando en ellos? — Terminemos — le dije en seco y sin tacto. Golfa, zorra, puta, estúpida. Palabras que duelen hasta los huesos cuando los dice una persona que dice amarte con la intención de lastimarte. — ¡Tú no puedes terminar conmigo!— Grito Joshua lleno de rabia— He esperado tanto tiempo para meterme dentro de tí , así que si quieres terminar conmigo muerete primero. Aún así no te libraras y me follare a tu cadáver. Lo había olvidado, lo único que puede separarnos es la muerte. Fue fácil meterme a esto pero será casi imposible salir. Darle mi pureza a un hombre que odiaba, entregarle mi cuerpo, sueños y deseos era algo extremadamente horrible. Pensar que le entregaría lo más valioso que me juraron proteger y que el destrozaría con sus manos e insultos fue espantoso. Corrí para vomitar, sus palabras me dieron asco, en ese instante quise tomar otro antidepresivo y ya no sentir. Pero algo me detuvo, no podía seguir viviendo así. —Sabes que mi pureza está inmaculada, jamás traicionaria al hombre que amo solo por una noche de pasion— no menti en absoluto. Los días siguientes, deje de tomar antidepresivos. Estar sedada ya no estaba siendo lo mío, quizás no podía dormir en más noches pero podía sentir deseo, odio e incluso alegría al ver videos de gatitos. Fingi estar bien, pero dentro de mi lo sabía... No lo estaba, no estaba ni cerca. Comenze a envidiar a la gente que hacía lo que quería, que obtenía lo que no merecía. Si ambos somos humanos ¿Por qué siempre tengo que conformarme con la miseria? Mi madre estaba en casa después de tanto tiempo, cocinando. Ella sabía de mi alergia a la banana, pero no le importaba y a mí sinceramente me daba igual. Tomé el batido y de inmediato corrí a mi habitación, tenía que vomitar o tomar algo antes de que se activara mi alergia — ¡No te atrevas a escupirlo!— Grito mirándome desde el pasillo de mi cuarto. — Pero mamá, me voy a asfixiar si no lo hago — conteste. — Es todo lo que comerás este día — contestó con su voz fría, escalofriante— Así que decide sobre tener el estómago vacío. Hasta cuándo seguiré viviendo en la miseria, cuando dejaré de ser tratada como basura. Extrañe a ese desconocido hombre con el nombre de Magnus, quien por una noche me había tratado como un ser humano. Alguien que podía verse y tener la mirada de un demonio pero era quien me había cuidado y alimentado, dicho cosas lindas. Los días siguientes fueron de mal en peor, deje los antidepresivos quería estar consciente, no olvidar la única noche de mi vida que dormí cálida. Cortaba mis brazos y piernas con una navaja como si fuera un cincel pintando un lienzo: Mi piel. Joshua estaba en casa, sentado en el sofá “mirando una película" , hacía varios días que no me había pegado y eso era bueno. Me levanté por agua para ambos y al volver el tenía la mirada fija en su teléfono, tuve curiosidad y quise saber por qué parecía embobado. — ¿Se te perdió algo, entrometida?— pregunto con molestia. Yo ví como intercambiaba imágenes subidas de tono con alguien, esa mujer era Anna. — Eres mi novio, ¿por que me haces esto?— conteste buscando en su mirada un poco de arrepentimiento. — Por que quiero— contestó— y por qué quiero me voy ahora mismo. Se fué, no sin antes darme una bofetada que me tiró al suelo. Quise escuchar de nuevo la voz de Magnus, diciéndome preciosa, linda, bonita, muñeca.Me senti culpable por desear escuchar eso de un hombre que no me pertenecía, era demasiado para mí. Fui a misa como todas las mañanas, no para creer en alguien que me había abandonado si no en busca de una señal, me arrodille frente a una imagen, hecha de piedra. Sus ojos tallados en la roca, vacios y muertos. Con las manos fuertemente unidas que dejaban marcas en las palmas. Lloré, reze y suplique a dios.
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