Julieta. Fui a la iglesia por costumbre, no por gusto. Me senté hasta adelante, portando sobre la cabeza un velo blanco, que cubria mi cara de indiferencia hacia lo que decía el pastor. Toda esa mierda sobre ser una mártir, me estaba cansando. Mis manos entrelazadas sobre mi pecho, me harían ver demasiado santa. —¿Dónde pasaste la noche?, maldita sea— susurró Joshua al sentarse a mi lado — ¿En la calle o en casa de una de tus amigas para causar lastima?. Joshua llevaba un crucifijo en su pecho y lo jugaba con sus dedos cada vez que estaba a punto de decir algo ofensivo. — Querías golpearme anoche, por eso no volví a casa — Susurré— Aún me duelen los latigazos que me diste, cuando decidí terminar contigo. — Tú nunca podrás terminar conmigo — amenazó — Tu eres mía, y cargaras en tu vi

