Elisabeth no sabía qué hacer, si ayudarlo a subir y luego echarlo, ayudarlo a subir, escuchar lo que él tuviera que decir y luego echarlo o simplemente dejarlo colgado del barandal y dejar que se caiga, por canalla. Realmente quería dejarlo colgado del barandal, pero desechó aquella idea sabiendo que luego le sería imposible dormir gracias a su maldita conciencia que no iba a ser más que reprochárselo durante toda la noche. Pero también sabía que no podía simplemente ayudarlo y echarlo porque nuevamente su conciencia luego le reprocharía no haberlo escuchado. Entonces lo ayudaría a subir, lo escucharía y luego lo echaría. Así no quedaría con ningún cargo de conciencia Pero para cuando Elizabeth se fue a dar vuelta para ayudar al marqués, este ya estaba solo agarrado de una mano, a

