El delicioso paseo que hacía con la punta de mi pene, por todo mis labios, era electrizante, era, una cosa de otro mundo, no sabía si me estaba llevando al cielo, o al mismísimo infierno, pero estaba convencida de que en este mundo no estaba, mis caderas cobraron vida, porque se movían de arriba a abajo buscando la tan anhelada penetración, no me sentía yo, no podía creer que en serio era yo la que hacía esto, estaba en un limbo, no me sentía yo, pero estaba dichosa, y más dichosa aún, cuando por fin sentí como su pene, se abría paso en mí, apreté mis labios para contener el grito que amenazaba con salir, era doloroso, pero me podían las ganas, el deseo de sentirlo totalmente dentro mío, llegó al punto, dónde sentía como se desgarraba algo, supe de inmediato que me estaba desflorando, cuan

