—¡Pero es sábado! Es el día de su corte de pelo. ¿Qué quieres decir con que no puedo verlo? Le doy una patada al escalón de la entrada de la casa de mi abuelo mientras gruño al teléfono. Es una estupidez, porque es de concreto y mucho más duro que mi pie, y mis zapatillas de lona no ofrecen ninguna protección. Así que ahora estoy maldiciendo mentalmente porque probablemente me rompí un maldito dedo del pie, y mi madre tiene el descaro de seguir hablando con un tono completamente carente de emoción. —Hoy lo trasladan a un centro de cuidados. Lo siento, no te lo dije antes, sabía que te ibas a alterar. —¿Alterar? ¿Pensaste que me iba a alterar y que ocultármelo era mejor? ¿Un centro de cuidados? ¿Qué centro de cuidados? ¡Aquí no hay centros de cuidados! —Está como a una hora y media de a

