Capitulo 6 El secuestro del príncipe Jack

2005 Palabras
El pequeño Jack comenzó a llorar, ya no estaba sobre la cama de su padre, sino en los brazos de una extraña criatura proveniente del bosque de los pantanos, que al parecer venía acompañado de aquél cadáver que vio Fátima mientras venía con Clerk, después de tratar de escapar. En una pelea por decidir quien robaría al niño murió al que devoraban los gusanos, el vivo se mantuvo desde ese entonces oculto entre los cultivos pudriendo las cosechas de trigo, para esperar el momento en el que nadie se encontrara dentro del castillo y así poder entrar y llevarse al hijo de Tahara, hasta sus espantosas cuevas y desagradables aguas. Este tenía unas grandes y afiladas garras, tenía cara de sapo mutante, pies de canguro y unos grandes y redondos ojos. Cuando salía con el bebé en brazos, Jacok y Jacob dieron un gran grito que llegó hasta Ildico y Fátima, el monstruo le dio un rasguño al pobre de Jacob, dejándole una cicatriz que lo acompañó durante su crecimiento. Jack se tiró al suelo para ayudar a su hermano quien lloraba por el dolor y se asustaba por su propia sangre derramada, la criatura tan espantosa continuó corriendo buscando una salida, los cielos ya se aclaraban y el sol con sus rayos de luz volvería polvo al ser de la oscuridad. —¡Hijos! ¡¿Dónde están?! —gritaba desesperado —¡Papá! ¡Papá! —llamaba Jacok con su hermano en brazos —¿Dónde está Miguel? —preguntó Fátima angustiada —El monstruo se lo llevó —respondió Jacob adolorido —¡¿Qué? ¡No! —gritó Ildico nervioso —,¿Qué monstruo? —reaccionó Fátima sorprendida Comenzó a revisar los cuartos, ya que en el que lo había dejado no estaba, lo buscaba como loco mientras golpeaba las paredes, le preguntó a su hijo mayor a dónde había ido el que se llevó al pequeño Jack, este no respondía a su pregunta, Ildico lo levantó del suelo y le gritaba que le dijera dónde estaba su hermano, Cuando estuvo a punto a de golpearlo escuchó unos pasos en la sala de arriba, sacó su espada subiendo los escalones, Fátima preocupada decide acompañarlo, cuando suben al segundo piso se encuentran con la criatura que aún no hallaban salida. La cosa al verlos se asustó, abrió su enorme boca y comenzó a lanzarles bolas de un fuego azul que al esquivarlo paraban en las paredes hasta hacer agujeros. —¿Qué es eso señor? —preguntó Fátima sorprendida —No lo sé, pero parece una criatura del bosque de los pantanos —¿Y cómo pudo llegar hasta aquí? Tengo entendido que son sensibles a la luz del sol —¿A caso eres imbécil? ¿No te has dado cuenta que los cielos sobre están oscuros? —Ahora entiendo, nos distrajeron —¿Cómo? ¿Son dos? —Cuando estuve afuera en el bosque, un olor a podrido estaba sobre la hierba, era criatura casi idéntica a esta, solo que aquella tenía aspecto de cerdo —Sí, también sentí ese olor —Ja, ja, ja, ja, yo lo maté —habló la criatura con una voz macabra y espeluznante —¿Cómo es que puedes hablar? —le preguntó Ildico —Tu esposa la Reina nos ha dado ese privilegio, hasta de apoderados de este bebé que llevaré conmigo al bosque de los pantanos —Maldita Tahara, ¡Devuélveme a mi hijo! ¡Dámelo! —Tú no lo quieres, nosotros sí, él traerá abundancia a nuestras aguas, tú no sabes lo que somos —Unas horribles cosas que parecen animales —Te aconsejo que no nos trates así —¿O qué? ¿Qué me van a hacer? —Destruiremos más de lo que hemos destruido tus tierras —¿Ustedes son los culpables de la cosecha marchita y la plaga de gusanos? —Así es, nosotros hicimos esto —Dame a mi hijo y perdonaré la vida —Nosotros te estamos perdonando la vida Ildico, si no es por el pequeño Miguel ya estarías muerto —¿De qué estás hablando? —¿No te has dado cuenta verdad Ildico? —¿Qué cosa? ¡Habla! —Nuestra intención nunca fue llevarnos al bebé y asesinarlo Ildico, a quien debíamos matar era a ti, así lo quiso tu esposa la Reina. La única forma de que logres salvar tus tierras es reteniéndolo a tu lado, así nuestros hechizos no harían ni en lo más mínimo el estrés hacia a ti, lo cual es tú debilidad, nosotros también necesitamos al pequeño, él es muy poderoso —¡Mentira! ¡Tahara no haría eso! Dame a mi hijo, ¡Dame a Jack! —gritó. En ese instante quitó su grande vestimenta de él y hasta su corona, tiró la espada al piso y de sus manos comenzó a crear bolas de esferas oscuras y se las lanzaba. El ser con cara de sapo daba grandes saltos y colgaba en las paredes, esquivaba el poder de Fhatercul y al ver que estás hacían grandes agujeros sobre las paredes, fue astuto y se quedó quieto esperando otra esfera para quitarse y destruyera la barrera, para así salir corriendo rápidamente y huir de quien era más poderoso que él. —¡Espere Re! ¡No! —gritó Fátima al ver el plan que tenía la criatura en mente Sin embargo fue tarde impedir aquello, la cosa salto hasta caer abajo, comenzó a dar grandes brincos como el animal que parecía ser, así poco a poco se fue alejando del castillo llevando al pequeño Jack consigo, quien no paraba de llorar. Ya estando en el bosque, llegó hasta el cadáver que era su acompañante, ya que ambos habían sido enviados para cumplir el trabajo de secuestrar el hijo de la Reina hechicera de magia blanca, viendo como su carne era devorada por la misma plaga que habían enviado a Kailto y enormes hormigas culonas, que comían la carne ya podrida dejando solo los huesos, comenzó a recordar como lo había matado. —El Rey sapo ha dicho que cuando nazca el hijo de la Reina Tahara enviará a los más fuertes por él, le dará riquezas al que lo haga —dijo su acompañante —Unamonos para ganar los dos —dijo él —Buena idea Al cabo de un día, en el nacimiento de Jack, fueron enviados entonces las dos criaturas que se postularon en la búsqueda por el niño, para traerlo a sus terrenos y les diera lo que necesitaban para una paz que buscaban y que Tahara les prometió. Ambos oscurecieron los cielos, hicieron temblar el suelo, caer los árboles y un remolino que se llevaba todo en su paso. Estando los dos sobre la rama de los árboles, escuchaban como la Tahara gritaba dando a luz, uno de ellos estaba tan obsesionado por la recompensa prometida que se les dijo dar sí hacían el trabajo. Después del nacer el bebé corrieron hacia el castillo, pero sintiendo que el Rey Ildico lo abrazó todo lo provocado por ellos desapareció, no tuvieron alternativa que ocultarse en el bosque para esperar el momento indicado de entrar al castillo y tomar al recién nacido. —¡Maldición! ¿Y si hacemos crecer la plaga? —No, no funcionaría, el maldito está siendo ingenioso al mostrar afecto al pequeño —Como sea hay que ir por el bebé, quiero ese tesoro que entregará el Rey sapo —No olvides que también lo quiero —Te daré una parte —¿Qué? Es imposible, tú no tienes porqué decir eso, ambos tenemos que compartir por igual la recompensa, además no olvides que hay que llevarlo con vida, es la esperanza de todos nosotros —¡No me importa! No me importa si con él volveremos a ser lo que fuimos, el fin la reina está muerta y no nos dejó claro lo que teníamos que hacer En ese instante tomó una roca del suelo, con su poder la llenó de espinas afiladas y la lanzó fuertemente a su espalda, el afectado cayó al suelo, se le salieron los ojos y murió sobre el sepelio que se marchitó con su presencial en él. —Ahora ¿Qué recompensa recibirás a cambio? Ja, ja, ja, ja, ja… Fue allí cuando pensó lo que había dicho el ya muerto, hacer crecer la plaga, caminó arrastrándose por todo el cultivo hasta volverlo n***o y matar el aire que provocó los suicidios de los trabajadores en el lugar, así fue como el Rey Fhatercul salió del castillo y aprovechó entrar para tomar al pequeño Jack. Recordó también cuando Ildico pasaba en caballo por donde había ocurrido la muerte de su acompañante, tomó el cuerpo llevándolo hasta la hierba, allí se pudrió su carne en la boca de los gusanos, este era aquél olor que espantó a Clerk dejando a su amo en el bosque. —Ahora me voy humano, y llevo al bebé conmigo, la recompensa será solo mía —le dijo al cadáver y continuó dando saltos Entre saltos de rana y risas macabras, la criatura continuaba para llegar hasta su paradero, frente el camino solo y verde, algo detuvo que sus patas peludas siguiera con los saltos, la Reina Zaya se le había aparecido volando cerca el suelo para detenerlo. Tenía el cabello desordenado, su grande vestido abierto como alas y mientras flotaba su cuerpo alumbraba luz salmón. —Dame al pequeño y no te haré daño —le dijo —Reyna Zaya —dijo sorprendido —Sí, soy la Reina de la tierra Nafar, te pido que me des el pequeño —Pero… nosotros lo necesitamos —le dijo con miedo —No temas criatura del pantano, sé que Tahara antes de morir hizo una clase de pacto con ustedes, pero ese niño será cuidado siempre por mí y ahora te pido que me lo des Sin pensarlo le pidió a Zaya bajar, alzó sus brazos con el bebé y se lo entregó. —Gracias, ahora huye y no vayas al bosque de los pantanos, tal vez te hagan daño por no cumplir con lo que se te pidió —Tengo miedo —No temas, espérame aquí mientras llevo al bebé de vuelta —¿Para qué? —Irás conmigo a mi Reino, para que vivas allí —¿Haría eso por mí? —Claro que sí, tengo corazón, además sé lo que son ustedes y quien les hizo lo que son —Sineto mucho lo de su hija Zaya bajó su cabeza y se puso a llorar, ya que el pasado y el secreto que guardaba y el que pocos conocían, era que fue madre y que había perdido una hija en una pelea que tuvo con Carlaykil, la Reina de magia negra que gobernó el Reino donde vive Candela, la hermana mayor de Fátima. En aquella pelea ambos perdieron a sus hijas, desde ese entonces aquél Reino era gobernado por el pueblo, aunque para muchos fue lo mejor, ya que vivían castigados diariamente por la temible hechicera. —Gracias, ahora espérame aquí mientras llevo al pequeño Miguel a Kailto —¿Miguel? —Sí, así le puso Tahara antes de morir —Miguel, “salvacion de los que sufren en los Reinos” —¿Qué? —La Reina Tahara lo bautizó así cuando estuvo con nosotros en los pantanos —Cuando vuelva quiero que me platiques de eso Zaya tranquilizó Al bebé que aún lloraba, se fue en el aire hasta Kailto mientras le contaba una canción, al llegar al castillo vio la desesperación de Ildico y Fátima, creía en Fátima pero no en Ildico. Pues sabía que solo lo quería para salvar su tierra y todo lo que en ella valía oro. —Aquí está el bebé —dijo —Reina Zaya ¿Cómo pudo recuperar el bebé? —preguntó Fátima —Una larga historia, por favor, cuidenlo bien, más criaturas vendrán por él, recuerda Ildico, quieren a Miguel, lo quieren ¿Estás escuchando?
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