Al parecer Clerk, el corcel que había visto a Fátima con el bebé dirigirse a la otra tierra, no era cualquier animal, su corazón era n***o tal y como el de su amo, no era inocente y sabía perfectamente lo que había visto, sobre él, montó Fátima y el bebé, así fue como se devolvieron al castillo, pero tomando la opción de caminar por el bosque por miedo a la plaga, aunque aquél olor desagradable aún se encontraba por el camino.
—¿Qué es ese olor tan espantoso? —preguntó ella tapando su nariz
El de cuatro patas comenzó a relinchar, estaba tan asustado que inició dando unos grandes saltos que por poco la hacen caer. Con miedo de parar al suelo y lastimarse con el pequeño Jack, Fátima, le decía que se tranquilizara que no había nada de que temer; que solo era un olor podrido, este escuchando sus palabras se tranquilizó y se quedó quieto, ella intrigada bajó de su espalda, le pidió que permaneciera tal y como estaba, mientras se acercaba a la hierba para ver qué era aquel espantoso olor, que hasta Ildico tragó cuando por allí pasaba.
—¿Qué será ese olor? —decía en su mente
Observando que entre el monte a los bordes del camino, yacía un animal muerto que era devorado por gusanos y chupado por insectos que algunos volaban a su alrededor, Fátima corrió asustada, se subió al caballo y pidió que corriera. No fue el miedo al ver el cadáver, el miedo fue ver a un animal que nunca había visto, tenía cabeza de mono, sobre ella dos cuernos de toro, su cuerpo parecía de Jabalí, sus pies de caballo y tenía una cola de cerdo. Borrar aquello que quedó grabado en su mente parecía imposible, pues ella nunca olvidaba nada.
Cuando llegaron al castillo, Clerk se fue a su cuarto hambriento para probar bocado, aunque miedoso igual que Fátima, quien corrió rápidamente hasta el cuarto, puso al bebé en su alcoba, quien dormía profundamente y fue hacía la cocina, ambos anhelando que no apareciera Ildico, pues imaginaban que debía estar muy molesto porque los dos habían desaparecido en su presencia, aunque el castigo que les esperaba era lo único que no imaginaban como sería, el Rey siempre los torturaba de diferentes formas.
—¡Fátima! ¡Fátima! ¡¿Dónde estás?! —gritaba Ildico buscándola por varios cuartos muy enojado
—¿Qué hago? ¿Qué hago? —decía asustada—, eh, si mi Rey, aquí estoy, en la cocina —respondió nerviosa
Fhatercul caminó rápidamente hasta la cocina quitándose la corona, su reacción daba a entender que estaba furioso y que sus caricias hacía ella no serían buenas y tampoco su intención al entrar.
—Fátima, Fátima, Fátima, ¡Ay mujer! ¿Sabes? A veces me pregunto por qué haces cosas que me molestan, pienso que lo haces a propósito para que te tome entre mis brazos y te haga el amor, quieres sentir la adrenalina y ese placer que ya no hacemos desde hace tiempo cuando te tomaba como a ti te gustaba y te poseían mis besos
—No, no, yo, yo…
—¡No lo disimules más! —le gritó tomándola por la cintura—, ¿Es esto? ¿Es esto lo que quieres que te haga eh?
Comenzó a besar sus labios y su cuello, mientras tocaba sus piernas derritiéndola y atrayéndola a él, ella no resistía lo que sentía en ese momento, con sus manos comenzó a manosear su espalda rasguñándola, a besarlo por voluntad propia, Fátima seguía amando al hombre que por años la maltrataba incluso cuando fueron amantes, nunca le dio joyas y tampoco se las pidió; nunca le dio otro trabajo y tampoco se lo aconsejó para verse más seguido. Mientras seguían en aquél acto de romance sin amor, en donde solo ella lo deseaba y solo él lo quería para pasar un momento de placer, a Fátima le vino en mente la muerte de Tahara, el recuerdo la hizo reaccionar empujando a Ildico, este la golpeó y como solía hacer siempre la estrelló contra la pared.
—¡Maldita! —le dijo. Y enfadado salió de ahí poniéndose nuevamente la corona para ir hacía Zaya, quien tenía al bebé
Llorando golpeaba la pared, en ella dejaba la sangre del golpe en su cabeza que se había hecho cuando Fhatercul la lastimó tirándola contra esta, en su mente le pedía perdón a Tahara, miraba su sangre y recordaba cuando una mancha en el suelo del Rey Montecristo limpiaba, hace años atrás cuando era feliz y que ese mismo día su suerte cambió. Mientras limpiaba la mancha escuchó como se abrían las puertas del castillo, al asomarse vio entrar a Ildico, se enamoró desde ese entonces, pero al ver que después entró Tahara se llenó de tristeza, entendió que se habían casado y ella como la mayoría, pensaba que Tahara estaba enamorada de Morse, todos se equivocaban al pensar así, pues ella solo lo veía como un hermano, aunque él no.
—Buenos días —le dijo tomando su mano dándole un beso
El gesto hacía que se enamorara más de él, por años disimuló lo que sentía por Ildico, pero ante él no podía.
—Gracias, mi nombre es…
—Querido, ella es Fátima, es como mi hermana —dijo Tahara sonriendo al abrazar a su esposo
—Hola princesa
—Fátima, tengo el honor de presentarte a mi esposo, nos casamos el día de ayer
Se quedó callada y no sabía que decir, sentía el sentido del gusto agrio y sin sabor, miraba a Tahara y en su mente buscaba palabras para reaccionar a lo dicho.
—¿Qué sucede? ¿Te sientes bien? —le preguntó al ver que no decía nada
—Estoy bien, solo que el Rey… —dijo mintiendo
—¿Le pasó algo a mi padre? —preguntó preocupada
—No, solo se cortó al dedo al dejar caer una botella de vino
—Y trató de levantar los vidrios rotos
—Sí, exacto
—¡Ay papá! Voy con él
Tahara caminó hasta el cuarto su padre, mientras que su esposo continuaba mirando a Fátima, llamándola estúpida en su mente cuando con su mirada la enamoraba, había encontrado el títere que le ayudaría en sus planes. Días tras días, las cosas seguían cambiando en el castillo y sobre todo cuando murió el Rey. Después de enviar a Tahara al bosque de los pantanos, Ildico entró al cuarto de Montecristo, Fátima lo vio hacerlo y sintiendo curiosidad fue hasta la puerta y pudo escuchar todo lo que hablaron.
—Montecristo, Rey de Kailto, ¿Cómo sigue de salud?
—No te debe importar, ¿Sabes por qué acepté que un insignificante hombre como tú se casara con mi hija, la que muy pronto gobernará esta tierra aunque no se tiene permitido que una princesa se case con un hombre de tan baja clase?
—No, no lo sé ¿Por qué? —respondió mirándolo con odio
—Porqué si no lo hacía los espíritus del bosque traerían el mal a todo lo perteneciente a Kailto, ahora eres de la realeza, pero jamás dejarás de ser un maldito, un hechicero —le dijo tosiendo fuertemente
—No hagas fuerzas para hablar, te puede dar un ataque en el corazón, ya no estás joven Montecristo, ahora eres un viejo
—Cállate
—Eres un viejo, un viejo
—¡Cállate!
Fátima no sabía que hacer, al escuchar que Montecristo le había gritado a Ildico que se callara porque al parecer no era lo que ella creía, tenía ganas de entrar y ver qué ocurría, pues pensó que era hijo de un Rey o Reina y que provenía de una tierra igual de poderosa que Kailto. Al escuchar que Ildico también le gritó, no dudó ni un segundo en entrar, al abrir la puerta vio que Montecristo estaba muerto con los ojos abiertos e Ildico a su izquierda, que al ver que Fátima había entrado y estaba sorprendida por lo que veía, se le acercó asustado para intentar borrar eso de su mente.
—No es lo que estás pensando —le dijo
—¿Qué le pasó al Rey? —preguntó ella nerviosa
—Le ha dado un ataque en el corazón, ¿Has escuchado lo que estábamos hablando? ¡Dime! No te quedes callada
—Sí señor —respondió asustada bajando la cabeza
—Mírame, ¡Anda mírame!
Alzó la mirada y lo miró a los ojos
—Yo no le he hecho nada al Rey Montecristo
En ese momento la besó, Fátima no sabía cómo reaccionar, se quedó tiesa sin mover sus labios que estaban siendo besados por los de él.
—¿Qué está haciendo? Usted es el esposo de la princesa Tahara
—Y muy pronto será la Reina, desde el día que te vi me gustaste Fátima
Ese día se dejaron llevar por lo que ella sentía, ya que Ildico solo lo hacía para que olvidara todo lo que había escuchado y descubierto detrás de la puerta, aunque desde entonces la buscaba todas las noches para tener relaciones. Después del momento, que para ella fue mágico como todos los que pasarían al anochecer, sintieron que había llegado alguien, ambos se vistieron, Fátima fue a la cocina y él a la puerta para ver quién era, fue allí cuando le comunicó a Tahara que su padre había muerto. Aquella mentira se mantuvo en secreto, porque la verdad era que Ildico había asesinado al padre de su esposa, con una almohada en su cabeza la tomó poniéndosela en su cara, hasta que expiró diciendo su última palabra, la cual fue que él era un ladrón, en ese instante le gritó que era un anciano y allí fue cuando entró Fátima.
Después de recordar aquél pasado pecador, se levantó, limpió la mancha de sangre con un trapo viejo, se lavó sus manos, curó su herida y caminó hasta el cuarto donde se encontraba la Reina Zaya y el Rey Ildico. Tocó la puerta, escuchó que Zaya le dijo que pasara, Ildico la quedó mirando de la manera más odiosa.
—¡Hola! —exclamó Zaya
—¿Qué haces aquí? —le preguntó Fhatercul
—Vengo para preguntarle a la Reina si se quedará para cenar
—Sí claro, está muy precioso el bebé Fátima —dijo ella feliz
—Sí, Miguel es muy hermoso
—¡Que no se llama Miguel maldita sea!
—¡Cálmate Ildico! Tal vez tú lo hallas llamado Jack, pero para nosotras es y seguirá siendo Miguel, así lo quiso Tahara en su hecho de muerte
—No me importa, en mi presencia no quiero escuchar ese nombre
En el lugar ya había llegado la oscuridad, la luna destellaba de luz rodeada de miles estrella que la acompañaban en el espacio, donde todo era plena noche hasta en los planetas sin signos de vida. Los tres en el cuarto, sintieron que debían salir, ya que era en donde había muerto Tahara.
Ildico cargó al bebé, miró sus ojos y sentía veía a los de Tahara, lo llevó hasta su alcoba y allí lo dejó durmiendo, Zaya se encontraba en la cocina viendo como Fátima picaba las verduras, mientras lo hacía, el cabello que tapaba aquél golpe de la pared se soltó del moño que se había hecho, Zaya logró verlo y sin pensar en preguntarle le dijo qué le había pasado.
—Es simplemente un golpe, no se preocupe, me golpeó con la pared sin querer
—No, es un golpe muy fuerte, dime la verdad ¿Ildico te hizo esto, cierto?
—No como se le ocurre, resbalé y caí al suelo
—¿Resbalaste? Me acabas de decir que fue un golpe con la pared, ves que sí me estás mintiendo
—No, es que…
—¡No! ¡Ya basta Fátima! No me mientas más, ¿Crees que no conozco a Ildico? Lo conozco como la palma de mi mano, ¡Anda! Dime que él fue quien te golpeó
Fátima se llenó de valor, la miró a los ojos y estaba dispuesta a confesarle tantas cosas que le atormentaban, creía que eran traumas de un corazón adolorido, de una mente que estaba apunto explotar por saber tantos secretos y un cuerpo desgastado, sin energías para huir lejos de Kailto, donde el hombre al que le servía no la encontrara nunca. Pero justo en ese momento de confesión en donde escupiría todo lo que para ella era martirio, vio que Ildico estaba escuchando todo, lo supo por su sombra reflejada en el piso, se llenó de tanto temor que bajó la cabeza y pidió a la Reina Zaya salir de la cocina.
—Qué pasa Fátima? ¿Por qué me estás corriendo?
—¿Qué pasa aquí? Preguntó Ildico al entrar
—No es nada —respondió Zaya confusa
—Bueno, ya está lista la ensalada y la cena, vayan a la mesa para servirles
Mientras estaban Zaya y Fhatercul en la mesa, escucharon como relinchaba Clerk, el pobre se encontraba sobre el suelo escuchando el sonido de su estómago, pidiéndole alimento, al parecer había sido castigado por su amo cuando alegre comía alfalfa después de llegar cuando había desaparecido, por abandonar a Ildico en el bosque, con la peste en sus narices, se llevó mucho dolor en su cuerpo, Fhatercul le había dado con un grueso cable hasta dejarles marchas y sacarle sangre.
—¿Qué le sucede a tu caballo?
—Está llorando
—Pero, ¿Por qué?
—Lo he dejado sin comer
—¿Por qué has hecho eso?
—Porqué me abandonó en el bosque y salió corriendo, ya deja de hacer tantas preguntas ¿Quieres?
—Ildico, ¿Dónde están todos?
—¿Dónde están quiénes? Ya deja de hacerme preguntas
—Todos, los guardias, los cocineros, la gente que cuidaba el cultivo
—Corrí a los guardias, a los cocineros y los que cuidan el cultivo están en sus casas, me quedé con ellos y con Fátima
—Tienes a esa pobre mujer como a una esclava, ella no puede con todo el castillo Ildico, con tus hijos, la limpieza
—Yo le ayudo, ¿que a caso se te olvida quién soy?
—No, para nada ¿No vas a llamar a tus hijos para cenar?
—Luego le digo a Fátima que les lleve algo a sus cuarto, juegan mucho
—Deberías ponerles más atención
—¿A quienes?
—A tus hijos, a Jacok y Jacobo, esos niño han crecido sin educación, no hay decencia en ellos, no respetan, no obedecen
—¡Ay Zaya! Por los espíritus del bosque, ¿Has venido a enseñarme cómo debo criar a mis hijos o darle el último adiós a Tahara y conocer a Jack? Porqué si es así la próxima vez no vengas
—No tranquilo, no habrá próxima vez porque no habrá ningún problema con el pequeño Miguel, sé que dijiste que te molesta ese nombre, pero yo no te doy tratos especiales, ni tampoco estoy bajo tus órdenes para obedecer esa tontería de llamar al bebé por el nombre que tú difunta esposa le dio
Fhatercul no sabía que contestar a sus palabras, habían sido tan fuertes que lo dejaron pensando en que contestar.
—Tranquila querida, si tú lo dices no me molesta, si es Fátima entonces sí. Y tranquila eh, Jack estará muy bien, no les pasará nada, por ahora es mi preferido y mi salvación
—¿Qué? ¿A qué te refieres? ¿Por qué te molesta si Fátima llama al niño por el nombre Miguel? ¿Qué tienes en contra de ella? ¿Fuiste tú quién la golpeó cierto?
—¡¿Qué?! ¿De qué estás hablando? Zaya, te voy a pedir el favor que no me vuelvas a jugar y a señalarme sin tener pruebas, no me acuses si no sabes nada. Mañana al amanecer quiero que te largues de mi castillo
—Lo que el Rey diga, no olvides que estás frente a una Reina
—Y tú no olvides que estás frente a un Rey, y que ahora estás en su castillo en el que debes respeto
En ese momento de discusión por la variedad de temas relacionados con Fátima, la que llegó para servir la cena y el pequeño Jack, Zaya se levantó pidiéndole perdón por no probar lo que había preparado, le preguntó en qué cuarto se hospedaría, Fátima le sirvió la cena a Ildico y llevó a Zaya hasta uno de los tantos cuartos en el castillo.
—Es un idiota ese Ildico
—¿Se peleó con él?
—Así es, tal parece que Ildico nunca cambiará, está igual que cuando lo conocí
—Siempre será así Reina Zaya, bueno, este será su cuarto
—Muchas gracias Fátima y buenas noches, lástima que aún no me he podido ganar tu confianza
—¿Por qué dice eso?
—No quieres aceptar que digo la verdad en que Ildico te galopea
—Señora, si está segura y lo sabe ¿Entonces por qué me lo pregunta? Buenas noches y que pueda descansar
Zaya se impresionó mucho al escucharla, ya que había aceptado que Ildico Fhatercul si la golpeaba, sin más decide cerrar la puerta, tirarse en la cama y pensar de que manera podría ayudar a la pobre de Fátima, para liberarla de quien decía ser “Rey”.
Fhatercul todavía se encontraba cenando, Fátima en su habitación, Jacok y Jacobo aún despiertos jugando y el recién nacido durmiendo tiernamente en la alcoba de su padre.
—¡Fátima! ¡Fátima! —gritaba
—Sí señor, ¿Se le ofrece algo?
—SÍ, quiero que vayas al cuarto de los niños y les lleves de cenar
—Está bien
—Espera, ¿Y Zaya?
—La dejé en su cuarto
—No quiero que le des buenos tratos, es una invitada no un pariente ¿De acuerdo?
—Pero es la Reina de Nafar
—¡No me importa! Olvídate de que es una Reina, además se irá mañana, no soporto verla. Ahora anda, ve a llevarle cena a mis pequeños
—Okey, con su permiso
Fátima fue hacía la cocina, tomó dos platos de porcelana, los llenó de comida y se dirigió al cuarto de Jacok, viendo que no estaba fue hasta al el de Jacob, pues ambos niños dormían en cuartos separados.
—Niños, por favor, vengan a cenar, ya es de noche, después vamos a la cama a dormir
—No quiero comer eso
—Yo tampoco
Ninguno quería probar bocado