La miré y la observé mientras dormía plácidamente en el sofá. Parecía angelical... toda inocencia, y yo era el diablo. Era el horrible demonio que se abalanzaba sobre ella para atacar. De repente, sentí un ligero malestar en el estómago. —Tengo que hacer esto—, le dije a nadie, mientras cambiaba de canal y endurecía mi corazón. Finalmente, me sentí cansado y al poco tiempo yo también dormía. No sé cuánto dormí, pero me desperté con alguien diciendo —¡ay!— una y otra vez. Levanté la vista y vi a Leyla cojeando hacia la cocina. Salté para ayudarla. —¿Qué carajo estás haciendo?— pregunté. —Tengo sed—, dijo respirando con dificultad. ¿Por qué no me despertaste? Te lo traigo. Siéntate antes de que te revientes los puntos. La ayudé a volver al sofá y luego me puse a rebuscar en la cocina, d

