Los días se alargaban, y Carlos empezaba a notar algo extraño en el aire. El ambiente en la mansión estaba tenso, especialmente con Mónica. Aunque trataba de acercarse a ella, ella siempre encontraba una manera de apartarse, de mantener una distancia que le dolía más de lo que podía expresar. Un día, cuando Angela seguía fuera, visitando a sus padres, Carlos se encontró con la situación que no esperaba. Mónica había decidido comer en su habitación, algo que rara vez ocurría, y él no pudo evitar sentirse inquieto cuando la sirvienta le comunicó que sólo comerá con Daniela. Al terminar él entró a su habitación, la vio sentada junto a la ventana, mirando hacia fuera, con el plato de comida intacto sobre la mesa. Su mirada estaba ausente, como si todo lo que la rodeara no le importara. —

