A veces, cuando caminaba por la sala de mi departamento, me encontraba con las ventanas abiertas, mirando hacia la ciudad que nunca parecía detenerse. Pero mi mente sí lo hacía, atrapada en esos pensamientos sobre lo que había hecho, sobre lo que había perdido y lo que jamás podría recuperar. Daniela mi querida hermanita, seguía siendo mi luz, mi razón de seguir adelante, pero en el fondo, sabía que el peso de lo que había hecho estaba demasiado presente. Hace días me dijo que le dolían los huesos y la lleve al hospital para hacerle pruebas y saber que tiene. Las visitas al programa de maternidad subrogada se hicieron menos frecuentes, los chequeos médicos se redujeron, y las llamadas que recibía de ellos parecían más formales que personales. Ya no había nadie preguntando cómo estaba, so

